Tipos de personalidad (apunte)

Como hemos visto, una de las labores más difíciles de la psicología ha sido establecer una definición relativamente universal sobre la

personalidad, tarea que hasta este momento no deja de presentar dificultades, pues bien, al tratar de definir tipos característicos de personalidad o definir el modo preferencial utilizado en la toma de decisiones por las personas, nos encontramos con la misma dificultad.
A continuación, desarrollaremos una clasificación de tipos psicológicos, la cual, a nuestra manera de ver, debiera ser la más completa y a la vez simple, para que usted, reconozca e identifique los diversos «tipos de personalidad» en sus alumnos.

· Existen personas que le dan mayor importancia y peso al presente, es decir, a lo que están viviendo hoy, pues lo consideran más definitorio y concreto. Cuando nos encontramos con este tipo de personas, estamos hablando de personalidades viscerales o impulsivas.

· Al contrario, si nos encontramos con personas que le otorgan gran importancia al pasado y le otorgan mayor consideración a los sentimientos a la hora de tomar decisiones, hablamos o estamos en presencia de personalidades emocionales.

· En el caso en que el futuro y las consecuencias de la conducta predominan a la hora de tomar decisiones, estaríamos ante un tipo de personalidad intelectual o racional.

Como resultado de la aplicación de los criterios antes expuestos, cabe considerar seis tipos de personalidad:

  1. Visceral extrovertido o asertivo
  2. Visceral centrovertido o pacificador

  3. Visceral introvertido o perfeccionista

  4. Emocional extrovertido o ayudador

  5. Intelectual introvertido u observador

  6. Intelectual controvertido o cuestionador

Características de la “Personalidad Madura”:

La meta del desarrollo de la personalidad, es lograr la madurez de la misma. No es fácil determinar qué es madurez en cuanto a la personalidad. Sin embargo, quienes se dedican a estudiar este punto, señalan una serie de rasgos que son propios de una personalidad madura.

  1. Estabilidad emocional:
    Implica una integración de la personalidad, es decir, haber integrado instintos, impulsos, tendencias, necesidades, emociones, sentimientos, vivencias y acciones con pensamiento y voluntad, que permite a la persona reaccionar ante los distintos estímulos de una forma estable y autónoma determinada no por impulsos primitivos, sino por los elementos rectores de su personalidad bien integrada.

  2. Conocimiento de sí mismo:
    Conocimiento de las capacidades, cualidades y valores que posee uno mismo, así como de las deficiencias, debilidades y tendencias de acción que le son características.
    De esta manera, la persona podrá tomar decisiones adecuadas; se comprometerá hasta donde sus recursos lo permitan; sabrá aceptarse tal cual es, sin crearse expectativas irrealizables; podrá buscar la complementariedad para sus deficiencias; se fijará metas y objetivos realistas y podrá vivir sin ilusiones falsas que la alejen de la realidad.

  3. Capacidad de autoevaluación:
    El individuo maduro es capaz de juzgarse a sí mismo y reconocer cuándo actúa bien o mal, qué aspectos positivos y negativos posee.
    La autoevaluación permite mejorar, superar fallas, estar en una actitud de cambio y superación; así mismo, permite reconocerse tal cual es, con éxitos y fallos, con cualidades y defectos, con planes, metas y realizaciones. Es un factor más, que proporciona elementos para ser realista.

  4. Capacidad de decisión:
    El individuo que la posee, toma decisiones sabiendo y aceptando las consecuencias de las mismas; sacrificando unos motivos por seguir otros.
    Esta capacidad proporciona a la persona una mayor autonomía para decidir por sí mismo, lo que no implica que no consulte con otros, para buscar otras opiniones; la capacidad de decisión es un factor de seguridad en la vida.

  5. Capacidad de aceptar riesgos y responsabilidades:
    Implica emprender las acciones no a ciegas, sino habiendo medido los riesgos que se van a correr y haciéndose completamente responsable no sólo de la acción en sí, sino también, de sus consecuencias.
    La persona madura acepta responsabilidades y se arriesga de acuerdo a sus capacidades y características, con el fin de emprender tareas y acciones que para él supongan una superación y crecimiento. No elude el esfuerzo y el compromiso; lo busca, lo mide, lo acepta, y es constante en el esfuerzo por lograrlo.

  6. Autonomía del yo:
    Implica, además de cumplir las normas sociales, ser libre, es decir, no estar esclavizado al ambiente social, ni al grupo social en que se vive.
    Exige actuar tal como es y de acuerdo con sus criterios, valores y conciencia, a pesar de que esa manera de comportarse sea mal vista y criticada por la sociedad.

  7. Fuerza de voluntad:
    Es la capacidad de organizar las energías corporales en dirección a una meta. La fuerza de voluntad proporciona constancia en las acciones, esfuerzo prolongado en dirección de una meta; y se opone a un cambio continuo de planes y trabajos, o al idealismo fantasioso que nunca se concreta en realizaciones.

  8. Capacidad de esfuerzo:
    Es la «voluntad de querer», es decir, la acción continuada y esforzada para lograr un objetivo o cumplir una acción.
    Es el factor que permitirá alcanzar metas difíciles o que se logran a largo plazo. Permite superar las satisfacciones inmediatas para luchar por objetivos cuya recompensa será muy retardada. Así mismo, proporciona permanencia en la acción y compromiso de esfuerzo para cumplirla.

  9. Capacidad de convivencia:
    Supone tener en cuenta no solamente las necesidades del propio yo, sino también, las necesidades, derechos y motivos de los demás.
    Exige que se haya desarrollado la idea de convivir, que se aprecie en los otros valores, cualidades y aportes que son necesarios para la construcción de la sociedad; que se haya superado el egoísmo. Esta es una condición indispensable para poder llegar a amar; poder sentir la necesidad del esfuerzo personal en la construcción del bienestar de los demás.

  10. Autenticidad:
    El hombre maduro ha adoptado aquellos valores, normas de vida e ideales, que cree mejores, en relación con sus motivaciones y actúa en forma consecuente con ellos. Tiene una filosofía de vida según la cual interpreta las cosas y orienta sus acciones; y a pesar de todas las deficiencias o fallas que tenga en su actuación, tratará de identificarse con su forma de concebir la vida humana.
    Este factor será un elemento que refuerce su autonomía y le permita ser libre aun viviendo intensamente las realidades sociales propias de su ambiente de trabajo y convivencia.
    Como conclusión de todas estas características, se puede afirmar que: una persona madura es aquélla que está integrada interiormente, que se adapta correctamente al medio ambiente, que obtiene gratificaciones de él mismo y se comporta trascendentemente de acuerdo con sus aptitudes y posibilidades

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