Tipos de Evaluación (parte 1 apunte)

Cualquier tipo de acción encaminada a provocar modificaciones en un objeto, situación o persona, necesita de una evaluación. Si

consideramos el carácter intencional de toda acción educativa, resulta muy difícil referirse a los procesos educativos sin aludir a la evaluación. El término evaluación dista mucho de ser entendido en una respuesta unívoca. Es posible identificar diversos elementos susceptibles de evaluación: los objetivos que lo presiden, los contenidos a que se refiere, las propuestas de intervención didáctica que implica, los materiales y recursos didácticos que se utilizan, los sistemas de evaluación que asume o el funcionamiento del proceso abordado globalmente.
Para lograr sus propósitos, la evaluación del aprendizaje puede adoptar múltiples formas. Aunque cada autor procede a realizar clasificaciones diferentes, existe un acuerdo generalizado en torno a algunas categorías relativas a los tipos de evaluación.
De acuerdo a Mónica Manhey (2003), la evaluación se puede clasificar según:

· El marco de referencia utilizado para emitir el juicio de valor, pudiendo ser la evaluación referida a:

  • Norma o Psicométrica
  • Criterio o Edumétrica

· El momento en se evalúa dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, pudiendo ser la evaluación:

  • Diagnóstica o Inicial
  • Formativa

  • Sumativa

  • Clasificación de la Evaluación, según el Marco de Referencia utilizado para emitir el Juicio de Valor

    a) Evaluación Normativa:
    También llamada psicométrica usa estrategias basadas en normas estadísticas o en pautas de normalidad, y pretende determinar el lugar que el alumno ocupa en relación con el rendimiento de los alumnos de un grupo que han sido sometidos a pruebas de este tipo, es decir, los resultados del aprendizaje se interpretan comparando el rendimiento de cada alumno con el logrado por los demás miembros del grupo (respecto a una norma). En consecuencia, este tipo de evaluación informa acerca de si un determinado individuo sabe o puede hacer más o menos que los demás.
    Las ceremonias en donde se premian a los primeros lugares en cada asignatura como: «primer lugar en matemática», «el mejor promedio del curso», etc. son ejemplos de evaluación por normas.
    Las pruebas de carácter normativo, pueden ser útil es para clasificar y seleccionar a los alumnos según sus aptitudes, pero no para apreciar el progreso de un alumno según sus propias capacidades.
    Los resultados de la evaluación por normas, no siempre se expresan en términos ordinales; es posible comparar la ejecución de un estudiante, en particular no con la ejecución de cada uno de sus compañeros, sino con la ejecución promedio o normal de los mismos, esto mediante procesos estadísticos.
    La evaluación por normas no nos dice lo que el estudiante puede o no puede hacer, sino si puede hacer más o menos que los demás.
    En la evaluación por normas, la fuente de significado es la ejecución del grupo. Esto implica que, además de que las conclusiones no se refieren al conocimiento del estudiante acerca de la asignatura, sólo pueden ser generalizables a otras situaciones de evaluación con ese mismo grupo. Así, si Pedrito Pérez es el mejor alumno en castellano, no significa que si se cambia de curso, continúe siendo el mejor alumno de la signatura.

    · Vínculo entre la Evaluación por Normas y la Orientación de la Educación Actual
    El surgimiento de la evaluación por normas no fue fortuito, ni constituye un hecho aislado ni de dimensión exclusivamente tecnológica, sino que es la expresión de una concepción peculiar del proceso educativo, de sus fundamentos y funciones.
    Estamos tan acostumbrados a la concepción de la educación que prevalece actualmente, que pensamos que esta manera de ver las cosas es la más natural o la única posible, o quizá hasta seamos incapaces de hacerla consiente o explícita; pero hagamos un intento: ¿sabe cuántos alumnos ingresan a la educación básica y cuántos egresan de la educación media? Ciertamente, si investiga el tema se dará cuenta que un porcentaje menor del que usted cree, cumple normalmente con los 12 años de escolaridad básica y media.
    Esta situación no se debe a la manera de concebir la educación, sino a una serie de circunstancias económicas y sociales en las que no interviene directamente el educador. Pero hay algo en lo que sí han tenido algo que ver los profesores: el hecho de que para justificar esta realidad (entran muchos y salen muy pocos), se han construido, casi inadvertidamente, una explicación teórica que consiste en suponer que el proceso educativo es una especie de pirámide en cuya base s e encuentra la educación básica, luego la media y finalmente en la cúspide la educación superior, universidades e institutos profesionales.
    De acuerdo con este supuesto, se ha asignado a la educación el papel de identificar dentro de la población de estudiantes, aquella porción que encaja dentro de la pirámide de dificultad del proceso educativo. En cada etapa del proceso, los esfuerzos se dirigen a localizar a los alumnos que pueden seguir adelante y descartar a los restantes.
    La verdad es que todo este razonamiento, que ha sido la directriz de la tarea educativa durante tantos años, parte de una premisa falsa. El proceso educativo no es por sí mismo una pirámide de facilidad-dificultad. Tan fácil puede ser aprender a leer para un niño de 7 años como aprender a interpretar un test de inteligencia para un estudiante de psicología; todo es cuestión de requisitos. Si cuenta con los conocimientos o habilidades previas, el joven aprenderá a «interpretar» un test con la misma facilidad que un niño debidamente preparado aprende a leer un libro.
    Teóricamente, cada etapa o curso escolar debe proveer los requisitos necesarios para pasar al siguiente; pero lo que ha venido ocurriendo es que, por lo general, se dedica el tiempo que los alumnos pasan dentro de la escuela a identificar a los que por ciertas circunstancias adquieren las habilidades académicas fuera de ella. O bien, en las ocasiones en que la escuela proporciona los requisitos, el docente se esfuerza en localizar a los alumnos que por su ambiente extraescolar los ha adquirido con mayor perfección. En pocas palabras, la escuela se dedica en gran parte a localizar los mejores y, por lo general, estos son los factores ajenos a la educación escolar.

    b) Evaluación por Criterios:
    También llamada edumétrica. A lo largo del proceso de aprendizaje, la evaluación criterial compara el progreso del alumno en relación con metas graduales establecidas previamente a partir de la situación inicial. Por tanto, fija la atención en el progreso personal del alumno, dejando de lado la comparación con la situación en que se encuentran sus compañeros. Este criterio se manifiesta, así como las categorías de evaluación, en términos de porcentaje de dominio.
    En la evaluación por criterios, los resultados de la medición se comparan con un criterio absoluto, constituido por lo que debe saber hacer el estudiante. A este «saber hacer» se le conoce como dominio, que implica tanto la clase de tarea que ha de ejecutarse, como el contenido implicado en la ejecución.
    Al realizar la evaluación, los resultados se comparan con el dominio correspondiente a fin de determinar qué es lo que puede hacer el estudiante y si su ejecución es superior o inferior al dominio, independientemente si es superior o no a la de los demás estudiantes.
    En la evaluación por criterios, la fuente del significado es el dominio: mientras mejor se conozca el dominio y más precisamente se defina mayor significado tendrá la evaluación.
    Para que sea posible realizar una evaluación por criterios, es necesario que el docente tenga clara la meta a conseguir. Debe hacer una minuciosa descripción del dominio que el objetivo representa, pero debe procurarse realizar objetivos generalizados que impliquen otras conductas básicas y paralelas.
    En resumen, el docente que desea aplicar la evaluación por criterios no debe conformarse con enunciar un objetivo de aprendizaje, sino que debe hacer una minuciosa descripción del dominio que ese objetivo representa.

    · Vínculo de la Evaluación por Criterios y la Orientación de la Educación
    La evaluación por criterios supone un concepto de la educación diametralmente opuesto al de la evaluación por normas. De acuerdo con este concepto, la educación que se imparte dentro de la escuela no tiene una función selectiva sino formativa. La obligación del maestro no consiste en identificar a los mejores y a los peores alumnos, sino en que los alumnos logren los objetivos y los dominios planteados para ellos. No es cierto que haya algunos alumnos que pueden aprender mucho y otros que pueden aprender poco, sino que todos pueden aprenderlo todo; sólo es cuestión de que se les proporcionen las experiencias y el tiempo necesarios.

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