Sugerencias de Pruebas para Evaluar Atención y concentración

La atención voluntaria, la concentración y la memoria, son elementos fundamentales para obtener óptimos resultados en cualquier tarea que emprenda el ser humano. Por atención entenderemos “la capacidad de focalizar la percepción”.

Cuando el niño presenta una atención difusa, desatenta o multivariada para abordar un procedimiento matemático y operatorio, disminuyen ostensiblemente las posibilidades de éxito en la tarea.
Estos niños por ejemplo, copian de la pizarra la mitad de las tareas, luego se paran a pedir un lápiz o una goma un compañero, se vuelven a sentar, resuelven dos ejercicios y se paran de nuevo, miran para un lado y para otro, etc. Es decir, este niño difícilmente resolverá las tareas porque su nivel de atención le impide concentrar o focalizar voluntariamente su atención.
Un factor vinculado a esto, lo representa la concentración, la cual se conceptualiza como “la mantención de la atención frente a un estímulo”, así es como encontramos que muchos niños prestan atención al realizar una tarea, pero tienen problemas de concentración lo que les dificulta el terminarlas. La evaluación de la atención se realiza informalmente, es decir, de manera cualitativa a través de todo el proceso diagnóstico del niño, o sea el profesor deberá prestar especial atención observando detenidamente las acciones ejecutadas por el niño.
Cabe recordar que una actividad motivadora y atractiva para el niño facilitará el que éste preste mayor atención y entusiasmo al realizarla. Se deduce de lo anterior, que aquellas tareas donde el niño presente bajo nivel atencional, deberán ser estudiadas para ver cómo representarlas al niño de modo que éstas le resulten más motivadoras, de tal modo que debe ser atendida al momento de planificar la reeducación.
La memoria, entendida como “la capacidad para retener y recuperar información”, juega un rol también importante dentro del proceso enseñanza-aprendizaje de las matemáticas. La información viaja desde la recepción visual de la información (memoria sensorial), pasando a la memoria de corto plazo, la cual es muy limitada pues sólo almacena hasta 5 unidades de información. En un nivel intermedio está la memoria de trabajo, la cual se encarga de reorganizar y conectar la información coherente hasta la memoria de largo plazo, la cual tiene como finalidad almacenar y establecer conexiones externas, o sea, relaciona la nueva información con la almacenada anteriormente.
Tal vez, usted se este preguntando, qué tiene que ver la memoria con los trastornos en matemática; pues tiene mucho que ver. Cuando vemos niños que presentan alteraciones en la retención inmediata, por ejemplo: olvidan poner las reservas en operaciones con reagrupaciones; o presentan fallas en la evocación de numerales en series; dificultades para contar en diferido en escalas ascendentes y descendentes (de 2 en 2; de 5 en 5, etc.), olvido de pasos al resolver una operación o de un problema aritmético.
Para diagnosticar la capacidad de retener información, se puede aplicar una prueba informal, de evaluación cualitativa. Se le presenta al niño un ejercicio de cierta complejidad y se le solicita que lo explique paso por paso, de esta manera se evalúa la capacidad para recuperar información organizada como una secuencia de acciones matemáticas, como lo señalan ciertos autores.

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