Salud Mental en la Escuela (apunte

El ingreso del niño a los 6 años, al sistema escolar obligatorio, es un evento altamente significativo

en el pronóstico de su salud mental.

La institucionalización, las exigencias de rendimiento y la evaluación social de su comportamiento, ponen a prueba sus capacidades y habilidades, pudiendo evidenciar dificultades madurativas.

A partir de ese momento, el contacto del niño con los servicios de salud se hace menos frecuente y la familia delega en la escuela parte de las responsabilidades de observación, seguimiento y detección de problemas en su desarrollo, pasando a ser los profesores, junto con los padres, las figuras adultas más significativas para los niños; modelos a imitar y admirar, evaluadores permanentes de sus conductas, aptitudes y rendimientos. La opinión del profesor, constituye una referencia muy importante para el niño.

 

Muchas veces, los profesores no se reconocen a sí mismos como poderosos agentes en la estructuración de la personalidad de los niños, desestimando el conocimiento e influencia que tienen sobre éstos.

El niño pasa gran parte de su tiempo a cargo de sus profesores (alrededor del 30% del tiempo que está despierto), en un ambiente estructurado y en convivencia con otros niños, lo que crea condiciones óptimas para la detección precoz  de factores de riesgo y trastornos, así como para realizar intervenciones protectoras, compensadoras e incluso recuperadoras.

 

Sugerencias de acción para colegios:

Los profesores y la escuela como sistema, tienen la posibilidad de influir efectivamente en la salud mental de los niños, ya que:

 

Pueden promover hábitos protectores de salud mental en los alumnos y en los propios profesores.

 

Pueden prevenir problemas y/o conductas riesgosas.

 

Pueden detectar, apoyar y derivar a atención especializada a niños con trastornos.

 

Permanencia v/s Deserción Escolar:

La permanencia del niño en el sistema escolar formal, ha demostrado ser un factor protector de algunas conductas de riesgo, como:

 

Abuso de alcohol

 

Consumo de drogas

 

Violencia

 

Conductas sexuales riesgosas

 

Estudios en el tema, han permitido diseñar programas tendientes a identificar jóvenes con riesgo de desertar, para entregarles consejería en la escuela. El apoyo adulto individual y cercano, que mantenga al joven ligado afectivamente con la escuela, puede tener un positivo impacto en los potenciales desertores.

Los estudios muestran causalidad múltiple en la deserción escolar, así cada factor tiene mayor o menor grado de incidencia, dependiendo de la historia individual de cada joven.

 

Factores que inciden en la deserción escolar:

 

Tasas de repitencia .

 

Conflictos con la disciplina.

 

Rendimiento escolar bajo.

 

Concepto de sí mismo disminuido.

 

Baja asistencia.

 

Dificultades económicas (aunque éste, al parecer, no presenta tanta importancia).

 

Factores de la Escuela y su Relación con la Conducta de los Niños:

Existe evidencia y experiencia acumulada, que ha logrado determinar ciertas condiciones o factores que estarían asociados a mejores resultados académicos y a una mejor conducta de los niños en la escuel

Algunos de estos son los siga.

uientes:

 

Afectividad del profesor: la cercanía afectiva influye más en el éxito de los alumnos, que los distintos métodos que se utilicen.

 

Refuerzo del profesor: está firmemente comprobado que un niño puede enfrentar con éxito y entusiasmo su proceso de aprendizaje, si ha tenido repetidas experiencias de éxito. Este éxito el niño lo siente a través del auténtico refuerzo a su tarea por parte de personas significativas, como lo es el profesor.

 

Expectativas del profesor: se ha demostrado que las expectativas del profesor influyen en su relación con el alumno, y por ello el niño cambia su conducta. Los profesores con bajas expectativas, en relación al rendimiento del menor, tienden a limitar la cantidad de material y refuerzo que le dan al alumno, sin tener conciencia de ello.

 

Claridad en las metas solicitadas a los alumnos: comunicar con claridad que hacer en determinados momentos y que se espera de ellos (guía de conducta anticipatoria).

 

Habilidad para fomentar la autoestima en los alumnos: ser capaz de centrarse en las áreas potenciales y estimular su desarrollo, más que enfocase en las áreas deficitarias.

 

Capacidad de “escuchar a los niños”: poder escuchar opiniones diferentes, y ayudar a los niños a comprender que no hay una sola forma de enfrentar una situación; sino que existen alternativas, además de las propias, que también son válidas.

 

Destrezas importantes en el manejo de grupos en la sala de clases: preparación de clases, mantención de la atención del grupo, disciplina no invasora, foco en la buena conducta.

 

Mantención y cuidado de la escuela: se ha comprobado que la mantención y cuidado de la escuela influye más en los alumnos, en relación a que el edificio sea viejo o nuevo; tampoco el tamaño del colegio tiene importancia.

 

Oportunidades de participación en el proceso de aprendizaje: se puede realizar clases participativas y entretenidas, con aportes de los niños y su mundo. Es importante delegar a los niños responsabilidades en el proceso de aprendizaje.

 

Los niños que presentan dificultades conductuales importantes, tienen mejores resultados si permanecen en escuelas corrientes, que si son atendidos en escuelas especiales.

 

Cuando un niño presenta problemas se le perjudica más suspendiéndolo. Lo óptimo es que este niño permanezca dentro del sistema.

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