Reseña Histórica de la Evolución de la Neurofisiología (apunte)

Es importante para abordar este ámbito, realizar un recorrido en relación a la evolución histórica del estudio de la neurofisiología,

teniendo en cuenta, la mente, el cerebro y la adaptación, lo cual conlleva a la localización de las funciones cerebrales.
Según avanzaba el siglo XIX, el problema de la relación entre la mente y el cerebro se convirtió en una cuestión especialmente crucial para los fisiólogos como para los psicólogos, que empezaban a prestar atención al estudio de la naturaleza y localización de las funciones cerebrales.
Lavados (2012: p. 13) plantea que: “El Mennon, de Platón, escrito hace 2.400 años, aborda directamente esta cuestión. Desde entonces, innumerables filósofos y pensadores han abordado el problema del conocimiento (Aristóteles, Ockman, Locke, Hume, Descartes, Comte, Kant, Husserl, entre otros), a tal punto que la Epistemología ha llegado a ser un área esencial de cualquier sistema filosófico”.
Los fisiólogos de la Edad Media pensaban que las capacidades mentales estaban localizadas en el fluido de los ventrículos (Los ventrículos son cavidades dentro del cerebro). Sin embargo, cuando expiró la creencia en los espíritus animales, también lo hizo la hipótesis ventricular, y en 1784, cuando Jiri Prochaska publicó su “De Functionibus Systematis Nervosis”, el interés se había trasladado hacia el tronco cerebral y el cerebro.
A pesar de este temprano interés, la doctrina de la localización cerebral propiamente dicha -la noción de que los procesos específicamente mentales están correlacionados con regiones discretas del cerebro- y el intento de establecer la localización por medio de la observación empírica, fueron esencialmente logros del siglo XIX.
Los primeros pasos decisivos hacia estos fines, pueden encontrarse en la obra de Franz Josef Gall (1758-1828), nacido en Baden. Gall estudió medicina en Estrasburgo y Viena, graduándose en 1785. Impresionado desde niño por la aparente correlación entre el talento fuera de lo común de sus amigos y las espectaculares variaciones de la apariencia facial y craneal, Gall buscó desarrollar un nuevo método craneoscópico de localización de las facultades mentales.
Después de dos años de viaje, llegó a París acompañado de su colega Johann Gaspar Spurzheim (1776-1832). En 1810, ambos publicaron el primer volumen de Anatomie et Physiologie du Système Nerveux, que representa la más importante contribución de Gall a la neuroanatomía y la primera manifestación importante de su craneoscopia. La esencia del método de localización de Gall, pone en correlación las variaciones del carácter con las variaciones de los signos externos craneológicos.
La validez de su metodología, dependía de tres conjeturas decisivas: la primera se relaciona con el hecho de que el tamaño y la forma del cráneo refleja el tamaño y la forma de las partes subyacentes del cerebro. En la segunda, se plantea que las capacidades mentales son innatas y fijas; y por último, un tercer elemento de análisis se relaciona con el hecho de que el relativo nivel de desarrollo de una capacidad innata, es un reflejo del tamaño del órgano cerebral heredado.
Sobre estos supuestos, la correlación observada entre una capacidad particular bien desarrollada y un área particularmente prominente del cráneo, puede ser interpretada como evidencia de la localización cerebral de esa capacidad en la parte correlativa del cerebro.
Aunque el enfoque correlacional de Gall fue eventualmente abandonado en favor de la experimentación, y su concepción de unas facultades fijas e innatas, fue reemplazado por una perspectiva dinámica y evolucionista del desarrollo mental, y fue rechazada su suposición fundamental sobre las relaciones entre el cerebro y la conformación craneal, sería un error subestimar su importancia en la historia de la localización funcional.
Las suposiciones de Gall pueden haber sido defectuosas y sus seguidores haber llevado sus ideas a extremos dogmáticos, pero no había ninguna equivocación en su lógica científica o en el riguroso empirismo de su intento de correlacionar las aptitudes observables con lo que él creía que eran índices observables del cerebro.
En realidad, fue Gall quien puso los cimientos para las bases biológicas de la psicología funcional adelantándose a su tiempo. Al postular un conjunto de rasgos mentales innatos a través de la forma del órgano cerebral abandonó la perspectiva extrema de la tabula rasa (en blanco) de los censistas como Condillac, sustituyendo las normativas exclusivamente intelectuales de los censistas por facultades definidas en términos de actividades cotidianas de la vida diaria que se adaptaban al entorno circundante y variaban entre los individuos y entre las especies.
Incluso el más tenaz oponente de Gall, Marie Jean Pierre Flourens (1794-1867), tuvo que admitir que fue Gall el primero que, en virtud de su detallada evidencia de la correlación entre la variación en la función y la variación presente en el cerebro, estableció completamente la opinión de que el cerebro sirve como órgano de la mente. En casi todos los otros aspectos, sin embargo, Flourens era muy crítico con Gall.
Gracias a la obra publicada por Flourens en 1824, Recherches Expérimentales sur les Propiétés et les Fonctions du Système Nerveux, fue elegido miembro de la Academia de Ciencias.
En esta publicación, Flourens aportó la primera demostración experimental de la localización de funciones en el cerebro.
Mientras los investigadores anteriores habían lesionado el cerebro mediante una intervención que hacía imposible localizar deterioros o rastros hemorrágicos con seguridad, Flourens descubrió y aisló por completo, qué porción del cerebro debía ser extraída.
Poniendo cuidado en minimizar el trauma causado por la operación y sus complicaciones posteriores, empleó la ablación o extirpación para localizar un motor central en la médula oblonga3 y, la estabilidad y coordinación motora en el cerebelo.
A pesar de que su terapia de la sensación era más bien confusa, en 1824, en la misma época en que apareció la segunda edición (1842), Flourens desarrolló una clara distinción entre sensación y percepción (tratando la percepción como la apreciación del significado de una sensación) y localizó la función sensorial en varias estructuras subcorticales asociadas.
Respecto al cerebro, sin embargo, los resultados fueron bastante diferentes. El corte completo de los hemisferios producía un daño difuso en todas las funciones mentales superiores, la percepción, el intelecto y la voluntad, variando el daño en función de la extensión y no de la localización de la lesión.
Si permanecían los tejidos adecuados, la función podía ser restaurada, pero la ablación o extirpación total conducía a una pérdida permanente de la función.

A partir de estos resultados, Flourens concluyó que mientras las funciones sensoriomotoras están diferenciadas y localizadas subcorticalmente, las funciones mentales superiores tales como la percepción, la voluntad y el intelecto, están extendidas por todas las partes del cerebro, operando en conjunto como un único factor y con la totalidad del cerebro funcionando de modo unitario como su «lugar exclusivo».
Desafortunadamente, como Gall mismo observó (1822/1825), el procedimiento de Flourens «mutila todos los órganos a la vez, debilitándolo todo, extirpándolo todo a la vez», ya que la ablación por sucesivos cortes, no era un método satisfactorio para el descubrimiento de la localización cerebral.
La sólida creencia filosófica en un alma unitaria y en una mente indivisible, unida a la disposición acrítica de generalizar los resultados alcanzados a partir de organismos inferiores a los seres humanos, condujeron a Flourens a atacar los esfuerzos de Gall para localizar y formular una teoría de la homogeneidad cerebral que, de hecho, anticipaba el concepto posterior de Lashley (1929) sobre la equipotencialidad de la masa-acción y cortical.
Desde su punto de vista, el cerebro era el órgano de una mente unitaria, y por implicación, no podía ser funcionalmente diferenciado.
Antes de que el córtex (corteza) pudiera ser interpretado en términos sensoriomotores, los fundamentos intelectuales habían sido preparados y los instrumentos técnicos desarrollados.
Las exigencias intelectuales para este logro, exigían el abandono del enfoque de una facultad fija para la mente, a favor del equilibrado asociacionismo sensoriomotor evolucionista y una apreciación de las implicaciones funcionales de la enfermedad cerebral.
Los requisitos técnicos eran el desarrollo de una técnica de exploración eléctrica de la superficie del córtex.
Los progresos intelectuales llegaron a través de Alexander Bain y Herbert Spencer y los descubrimientos neuropatológicos de Pierre Paul Broca. El avance técnico, para el desarrollo y uso de la estimulación eléctrica, fue empleado por primera vez, por Gustav Fritsch y Eduard Hitzig.
Alexander Bain (1818-1903); escribió una interesante aunque poco leída crítica de la frenología, On the Study of Character, Including an Estimate of Phrenology (1861), y un valioso examen de las opiniones en torno al problema mente-cuerpo, Mind and Body. The Theories of their Relation (1873).
Sin embargo, lo anterior nos lleva a comprender desde la psicología general como primera contribución a como el Sistema Nervioso fue evolucionando favoreciendo conceptualizaciones tales como, la asociacionista que a continuación se expondrán para un mejor entendimiento del tema.

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