Relación entre cerebro y Mente (apunte)

De acuerdo con el principio de continuidad, la vida y sus circunstancias existen en todos los niveles de complejidad y correspondencia.

El nivel de la vida, varía continuamente con el grado de correspondencia; ninguna demarcación radical separa un nivel del siguiente.
Así, la vida mental y física son simplemente especies de vida en general, y lo que llamamos mente se desarrolla continuamente desde la vida física, los reflejos a partir de las irritaciones, instintos a partir de reflejos combinados y vida consciente, y procesos mentales superiores a partir de los instintos, coexistiendo en diversos niveles de complejidad.
Las implicaciones de estas concepciones evolucionistas para la hipótesis de la localización cortical de las funciones, son bastante claras. El cerebro es el sistema físico más altamente desarrollado que conocemos y el córtex es el nivel más desarrollado del cerebro; de modo que debe ser heterogéneo, diferenciado y complejo. Aún más, si el córtex es un continuo desarrollo de estructuras subcorticales, los principios sensoriomotores que gobiernan las localizaciones subcorticales deben apoyarse también en el córtex.
Por último, si los procesos mentales superiores son el producto final de un proceso continuo de desarrollo desde la simple irritación a través de los reflejos y los instintos, no hay justificación alguna para establecer una sutil distinción entre la mente y el cuerpo.
Aunque estas ideas estaban siendo elaboradas más completamente por Hughlings Jackson, está muy claro que ya en 1855, Spencer estaba bien informado de las implicaciones de sus conceptos de continuidad y desarrollo para la localización cerebral.
«La localización de funciones es la ley de cualquier organización…
Cada haz de fibras nerviosas (axones) y cada ganglio, tiene una función especial…
¿Puede ser, entonces, que en los grandes ganglios hemisféricos aislados, esta “ especialización de funciones no se cumpla?»
Con los fundamentos aportados por el asociacionismo sensoriomotor de Bain y la psicofisiología de Spencer, lo único que era necesario para superar el último obstáculo para extender la perspectiva sensoriomotora al córtex, era el impulso proporcionado por los espectaculares descubrimientos de la investigación y las nuevas técnicas experimentales.

Descubrimientos con nuevas técnicas de investigación
El microscopio y el telescopio dieron paso a extensos campos de inesperado descubrimiento científico. Ahora, con las nuevas técnicas de neuroimágen, se pueden visualizar los sistemas cerebrales…Puede ser una oportunidad similar para la cognición humana” (Jessell, Et. Al, 1997: p.3)
En el periodo entre 1861 y 1876, Broca, Fritsch y Hitzig, aportaron los primeros descubrimientos y técnicas cruciales.
Paul Broca (1824-1880); el 4 de Abril de 1861, en una reunión de la Société d’Anthropologie, Broca estaba sentado entre el público cuando Ernest Aubertin, presentó un informe citando varios estudios de casos extraordinarios para argumentar sobre la localización cerebral del lenguaje articulado.
Ya en 1825, Bouillaud había publicado un artículo en el que empleaba evidencias clínicas para apoyar el punto de vista de Gall de que la facultad del lenguaje articulado reside en los lóbulos anteriores del cerebro. Casi 40 años después, frente a una considerable oposición, Bouillaud había triunfado manteniendo viva la hipótesis de la localización cerebral.
Así, Aubertin era simplemente continuador de la tradición de su suegro cuando afirmó su convicción en la localización cerebral incluso en el caso singular de que la pérdida del habla se hubiera producido sin lesión frontal.
Intrigado, Broca decidió responder al desafío de Aubertin. Lo que había encontrado, por supuesto, era una lesión superficial en el lóbulo frontal izquierdo, descubrimiento confirmado pocas semanas después por otro caso en el que el examen post mortem revelaba una lesión similar. Aunque ni la concepción de una facultad del lenguaje articulado ni la noción de su localización en la parte anterior del cerebro eran especialmente novedosas, en 1861, Broca aportó un descubrimiento que animó a la opinión científica a considerar la hipótesis de la localización.
Su atención a la topografía convolucional de los hemisferios cerebrales, y tal vez lo más importante, el hecho de que los tiempos estaban maduros para tal demostración, contribuyó a la sensación instantánea creada por los descubrimientos de Broca; ahora todo lo que se necesitaba era una técnica para la exploración experimental de la superficie de los hemisferios, y esta técnica fue la contribución conjunta de Gustav Theodor Fritsch (1838-1927) y Eduard Hitzig (1838-1907).
En 1870, en los Archiv für Anatomie, Psysiologie, una Wissenschaftliche Medicin, Fritsch y Hitzig publicaron un artículo clásico que no sólo aportó la primera evidencia experimental de la localización cortical de las funciones sino que, con un golpe singular, superaron la antigua objeción a la localización, basada en la idea de que los hemisferios fracasaban en mostrar la irritabilidad.
Empleando la estimulación galvánica en el cerebro de un perro, Fritsch y Hitzig aportaron la evidencia concluyente de que definidas áreas del córtex están implicadas en los movimientos de las extremidades contralaterales y que la escisión de estas mismas áreas, llevaba al desfallecimiento de estas extremidades.
Sus descubrimientos establecieron la electrofisiología como el método preferente para la exploración experimental de la localización cortical de las funciones y demostró la participación de los hemisferios en la función motora.
Aproximadamente en la misma época, en Inglaterra, John Hughlings Jackson (1835-1911) llegó a la misma perspectiva sensoriomotora de la función hemisférica por un camino diferente.
Hughlings Jackson, nació en Providence Green, Inglaterra. Sus contribuciones a la neurología y a la psicología están dispersas en varias publicaciones entre 1861 y 1909. Varios de los más importantes artículos han sido recogidos en los dos volúmenes de Selected Writings of John Hughlings Jackson, editado por James Taylor (1931/1932). Aunque las contribuciones específicas de Jackson a nuestra comprensión de la etiología, desarrollo y tratamiento de los desórdenes neurológicos desde la afasia y la corea hasta la epilepsia y el vértigo, fueron de una importancia excepcional, fue su concepción evolucionista de la localización de la función sensoriomotora en el cerebro, lo que tuvo más influencia para la psicología. Esta concepción estaba, por supuesto, desarrollada bajo la inspiración de Spencer.
Así lo describe Young (1970):
“Los principios de Spencer de continuidad y evolución suministraron a Jackson un singular y consistente conjunto de variables para especificar los elementos fisiológicos y psicológicos de los que se componen la experiencia, el pensamiento y la conducta: sensaciones (o impresiones) y movimientos.
Todos los fenómenos mentales complejos están hechos con estos simples elementos, desde el más simple reflejo a los más sublimes pensamientos y emociones. Todas las funciones y facultades pueden ser explicadas en estos
El artículo de Jackson, “On the anatomical and physiological localization of Movementes in the Brain”, publicado en el Lancet en 1873, es representativo de una serie de artículos dedicados a la concepción sensoriomotora durante este periodo.
En un prefacio interesante y revelador, un folleto de 1875, Clinical and pshysiological Researches on the Nervous System, que reeditaba el artículo de 1873, Jackson describe el trasfondo para la hipótesis tal como se desarrolla en su propia obra, casi como si estuviera intentando establecer su prioridad. Este autor afirma que el cerebro es el órgano de la mente, y que no es un órgano motor.
Algunos piensan que el cerebro puede ser comparado a un instrumentista, y los centros motores al instrumento; una parte para las ideas y la otra para los movimientos. A partir de estas afirmaciones se comienzan a plantear en esta época las siguientes preguntas:

• ¿Cómo puede la descarga de parte de un órgano mental producir sólo síntomas motores?

• ¿De qué “sustancia” puede estar compuesto el órgano de la mente, a no ser de procesos que representan movimientos e impresiones?

• ¿Creemos que el hemisferio está construido sobre un proyecto fundamentalmente diferente al de la región motora?

Probablemente, las respuestas a estas preguntas concluyen que los “síntomas mentales… son debidos a la falta o al desarrollo desordenado de los procesos sensoriomotores». Así, a comienzos de 1870, Jackson había desarrollado una completa concepción general de la organización funcional del sistema nervioso.
En la obra de Jackson, el análisis teórico de la localización cerebral alcanzaba su máximo grado de desarrollo en el siglo XIX, y en las investigaciones sistemáticas y experimentales de su amigo y colega, David Ferrier (1843-1928), estos análisis fueron confirmados.
Ferrier nació y se educó en Aberdeen, Escocia, donde fue alumno de Alexander Bain. A su regreso, completó su formación médica en la Universidad de Edimburgo y trabajó, por corto tiempo, como ayudante de Thomas Laycock, quien había sido el primero en elaborar el concepto de «cerebración inconsciente».
Influenciado como Jackson por Bain y Spencer, Ferrier se interesó en probar la idea de Jackson de que las funciones sensoriomotoras pueden ser representadas de un modo organizado en el córtex y prolongó la localización experimental del córtex motor en el perro efectuada por Fritsch y Hitzig.
Empleando muy cuidadosas y controladas ablaciones, realizó un importante progreso de las técnicas galvánicas utilizadas por Fritsch y Hitzig, Consiguió cartografiar las áreas sensoriales y motoras a través de una amplia variedad de especies.
El impacto de sus múltiples investigaciones sobre el cruce de especies, presentadas en 1876 en The Functions of the Brain sirvió para confirmar el establecimiento del análisis sensoriomotor como el paradigma dominante tanto para la explicación fisiológica como psicológica.
Dentro de los fundamentos que aporta la neurofisiología a la neuropsicología del desarrollo, que se comienza a originar a partir de los inicios del siglo XX, se pueden encontrar los aportes del neurofisiólogo Kleist, quien elaboró un mapa de localización o mapa cerebral, el cual constituye uno de los primeros pasos, para definir las bases cerebrales de la actividad mental.
Estos estudios fueron realizados generalmente en poblaciones o pacientes con daño cerebral, con déficit cognitivos asociados a trastornos del desarrollo y a trastorno por envejecimiento normal o patológico.
Como se ha podido observar, a través de esta reseña histórica en la evolución de la neurofisiología y neuroatanomía, se puede apreciar que la principal preocupación de aquellos tiempos y hasta la actualidad, ha sido determinar las funciones específicas del cerebro.
Asimismo, los estudios actuales se han centrado en establecer la interacción de los diversos componentes del sistema nervioso con la conducta y la vida de relación del ser humano, sabiendo que los estudios específicos de la actividad cerebral, en la actualidad no han concluido, por el contrario, es tema de investigación constante en el presente.
Esto ha llevado a desarrollar técnicas muy específicas de análisis y estudios, tales como las resonancias magnéticas, los scanner, los estudios con medios de contrastes de la irrigación cerebral, entre otros; todos los cuales son un aporte para la explicación de diversos fenómenos del comportamiento, como asimismo, para la explicación de muchas patologías y alteraciones del funcionamiento neurofisiológico.
Todos estos avances de la tecnología, han aportado una visión de las bases neuroanátomofisiológicas del comportamiento, y el desarrollo del aprendizaje del ser humano, que convergen en lo que hoy día se reconoce como Neuropsicología.

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