¿Qué se entiende por Educación de calidad?

En el presente artículo trataré de abordar el concepto de Calidad y como este interviene en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Se entiende por calidad de la Educación cuando se logra una equidad, es decir, una enseñanza domnde se les entreguen los aprendizajes a todas y todos los estudiantes de una Institución.

La calidad es un concepto que ha estado permanentemente en el debate educativo. Lo instalaron con fuerza las políticas educativas desde los años noventa, reaparece con nuevos bríos durante el movimiento estudiantil de 2006 y hoy nuevamente adquiere presencia a partir de los cambios relevantes que propone el actual gobierno.

¿Por qué el debate aparece y reaparece permanentemente? ¿Pareciera que no estamos satisfechos con lo logrado? ¿O quizá lo avanzado es claramente insuficiente?
¿Comprendemos realmente qué estamos entendiendo por calidad de la educación?

Hablar de calidad de la educación supone definir a qué educación aspiramos, para qué y para quiénes la deseamos. ¿Es lo mismo hablar de la calidad de la educación que pretende una institución privada confesional con un proyecto educativo determinado que hablar de la calidad de la educación pública? Cuando hablamos de ‘calidad de la educación pública’ nos estamos refiriendo a una política de formación del ciudadano, encaminada al bien común, en el marco de un proyecto de sociedad a la cual aspiramos. La noción de calidad de la educación presupone una concepción de realidad, una postura frente a las interrelaciones que se establecen entre la educación y el sistema social, es decir, la noción que se adopte de calidad representa una opción política.

La calidad de la educación es un concepto que está en permanente construcción y que es necesario explicitar cuando nos referimos a él. Para elevar la calidad de la educación, es necesario avanzar en materia de equidad, disminuyendo las distintas formas de discriminación, y las innegables disparidades que impiden mayores niveles de inclusión. Desde esta perspectiva, el desafío de velar por la calidad y asegurar a todos/as los niños/as y jóvenes el acceso al conocimiento y a la cultura, implica que la educación debe tratar de forma diferenciada lo que es desigual en el origen, para llegar a resultados de aprendizaje equiparables y no reproducir las desigualdades presentes en la sociedad (UNESCO/OREALCC 2007).

Entendemos que el ser humano integral es cuerpo, emoción y mente, el cual se sitúa en un contexto social y cultural. En consecuencia, hablar de calidad implica, al menos, considerar estas dimensiones como parte de su ser y hacer en la escuela.

Asumir el desafío de la calidad involucra a los centros educativos, su organización y estructura interna, su gestión, las relaciones que se establecen entre los actores participantes y el liderazgo que ejercen directivos y docentes en los procesos pedagógicos.

La calidad de la educación pública compromete al Estado, en tanto, ente regulador que fija políticas y diseña mecanismos para favorecer el acceso a la educación de todos los ciudadanos, por tanto, éste ha de preocuparse, conjuntamente con los establecimientos educacionales, tanto de los resultados obtenidos a partir de los contenidos curriculares, como también de los aprendizajes que los alumnos obtienen a partir de otros ámbitos relacionados con la vida escolar, como la formación en valores, la convivencia en la escuela, los vínculos interpersonales que establecen entre ellos y con los docentes, los espacios de participación en los que intervienen y las diversas manifestaciones artísticas y recreativas a las que pueden acceder y que los involucra. Todo ello forma parte del desarrollo personal de los niños, niñas y jóvenes dentro de la cultura escolar y por qué no decirlo, también del aprendizaje de los docentes, quienes aprenden del conocimiento de sus alumnos y de la incorporación de su identidad cultural a los saberes de la escuela.
En definitiva, hablar de calidad de la educación no es referirse sólo a un aspecto de la formación, es un concepto complejo, pero posible de abordar, siempre que nos abramos al desafío que ello implica.

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