Qué es la Ética (apunte)

Navegando en la web llegué con el siguiente artículo que comparto con todas y todos ustedes y que es clave tenerlo en consideración.

Cuando se habla de copiarse en un examen, de cometer plagio, de faltar a la ética o se escuchan quejas sobre los “valores que se han perdido”, se suele hacer referencia a una concepción de la ética, de los valores y las normas como algo externo, como un código que estaría fuera de

nosotros mismos y que podemos violentar, quebrar o desobedecer. La consecuencia de esa trasgresión de las normas sería un castigo, que se ejercería desde una instancia o autoridad que igualmente estaría ubicada fuera de nosotros mismos.
Desde esa perspectiva, esas son normas que hay que obedecer porque a “alguien se le ocurrió” que hay que hacerlo y mientras no las violente “no me pasa nada”. Si las cosas en ética son así, pudiera pensarse que son meras ocurrencias arbitrarias de una “autoridad”, de las cuales, eventualmente, pudiera prescindir cuando pueda garantizar que dicha “autoridad” no está presente para sancionarme. El problema de violentarlas o no, dependería de si alguien “se da cuenta” . Se cree también así que si las violento sin que nadie “me vea”, no se haría presente “consecuencia” alguna, en la medida que las consecuencias de mi trasgresión dependen también de una instancia externa y ajena a mí. Pero resulta que eso es una pobre visión de lo que es la ética. En realidad, y aunque parezca extraño, la ética no es esencialmente algo que tenga que ver con las normas, las leyes, los códigos y los valores externos. Todo eso es muy importante, sin duda, pero es algo subsidiario de lo que realmente es la ética.
¿Qué es la ética, entonces? Responder a esta pregunta traería consigo una discusión filosófica profundísima, pero podríamos empezar diciendo que ética es una palabra que viene del griego ethos, que quiere decir simplemente costumbres, la cual a su vez los latinos tradujeron por mores, de donde se deriva nuestro vocablo moral. Así que en esencia ambas palabras, ética y moral, significan lo mismo, si atendemos a su origen etimológico. Ethos hace referencia a la manera de ser de las personas, a la forma en que se comprenden a sí mismas y se comportan con respecto a esa comprensión de sí.
La ética, en realidad, nace de la propia interioridad del hombre y de su necesidad de ser libre, de su tener que decidir continuamente qué es lo que él va a hacer con su vida en cada momento. En las decisiones humanas no solamente se decide realizar una acción exterior a sí mismo, sino que en esa misma decisión cada quién está sobre todo dándose una manera de ser particular: está definiéndose a sí mismo como persona. Y eso en todas las decisiones que se tomen en la vida. Les pongo un ejemplo sencillo: cuando uno decide algo tan aparentemente “pragmático” como la carrera que se va a estudiar, no tomo simplemente una decisión acerca de “hacer” algo externo a mí, sino que estoy decidiendo igualmente una manera de ser particular que va a marcar no sólo lo que voy a “hacer” en la vida, sino muy radicalmente lo que voy a “ser”, la forma concreta que esa vida a cobrar a partir de esa opción. Si uno decide ser ingeniero, filósofo, arquitecto o biólogo, no está simplemente ejecutando una actividad externa, sino que paralelamente a eso uno se va a definir a sí mismo y esa profesión va a marcar profundamente lo que uno es como persona. Así, en cada decisión uno no va sólo haciendo cosas externas, sino definiendo lo que uno es.
Pues bien: la ética no es sino la dimensión del hombre por la cual éste crea posibilidades de ser y se las apropia, dándole con ellas una forma concreta a su propio ser. Es decir, esas decisiones tienen consecuencias directas sobre lo que el hombre mismo elige ser. Hay decisiones que van a traer consigo que el hombre sea mucho más pleno, mucho más persona, que lo van a enriquecer en su humanidad. Esas son las decisiones que consideramos han sido buenas decisiones en nuestra vida, porque tienen consecuencias productivas, formativas, enriquecedoras, nutritivas de nuestra propia manera de ser. Hay otras decisiones que, por el contrario, cuando uno las toma tienen consecuencias negativas sobre uno mismo: son las decisiones que consideramos fueron malas decisiones. Por ejemplo, haber escogido una carrera distinta a la que realmente tenía que ver con la vocación de uno.
La ética, entonces, tiene que ver con lo que es bueno y lo que es malo, pero sobre todo tiene que ver con lo que uno hace de sí mismo. El “bien” y el “mal” es el fruto de nuestras decisiones, es si eso que elegimos nos hizo realmente mejores o peores personas, independientemente de que haya alguien viéndonos externamente y sancionándonos o castigándonos. Eso es, en todo caso, lo de menos, porque en definitiva lo importante de una decisión es qué es lo que yo hago de mí mismo con ella.
Ética, en definitiva, es lo que hago de mí mismo con mis propias acciones.
El ejemplo que aparece en el film que disfrutamos durante el evento de premiación a los mejores estudiantes de la cohorte 2001, en el que apreciamos a un ingeniero o arquitecto a quien se le viene abajo una construcción es muy ilustrativo. El personaje rememora que cuando era estudiante siempre “se copió” en los exámenes y, por lo tanto, aunque obtuvo su título, se convirtió en un profesional “chimbo”, en el sentido de que no era un buen profesional porque nunca llegó a formarse a sí mismo como tal y lo que hacía estaba condenado a caerse. Lo fundamental del ejemplo no está en el hecho de que el sujeto fuese “malo” porque “violó” las reglas de la honestidad intelectual, sino en que en esas decisiones de dejar de estudiar para “cumplir” con el requisito formal del examen aprobado a través del dudoso expediente de la “copia”, llegó a convertir el “copiarse” en un hábito, en una manera de habérselas consigo mismo y con su vida. Con ello, hizo de sí mismo una persona “chimba”, una “mala persona” cuyas actuaciones tendrán consecuencias negativas sobre los demás. Una persona que no construyó una realidad humana a la altura de lo que había recibido como posibilidad, al tener el privilegio de ser un estudiante.
La educación es precisamente el privilegio de tener la posibilidad de formarse a sí mismo. Sobre todo la educación universitaria en Venezuela. Es el privilegio de poder educarse y de llegar a ser un hombre o una mujer mejor. Si uno está en la universidad y uno se comporta de tal modo que no se hace una mejor persona, sino que se vuelve una persona tramposa a través del plagio y la copia, lo peor es que está dejando de formarse, está cometiendo una inmensa estupidez al negar justamente aquello en lo que consiste la esencia del ser humano: darse forma a sí mismo a través de las decisiones correctas y bien hechas. Así que si alguien es tramposo y se plagia cosas, lo de menos es que “alguien” se de cuenta o no: lo importante es la decisión que con ello se ha tomado sobre lo que va a hacer de sí mismo y que con ello está construyendo una realidad humana completamente falsa y mezquina que no se corresponde con las oportunidades y las posibilidades que se han recibido para poder ser alguien íntegro y humanamente rico.
Lo fundamental de no llevar una existencia ética no está en que a uno se le pueda “castigar” si viola una norma externa. Lo fundamental está en que uno mismo está perdiendo su tiempo y dejando de ser una persona más plena y humana, está negando lo que es la esencia del hombre: formarse responsablemente a sí mismo a través de la libertad.
La ética es, sobre todo, la capacidad que tenemos todos nosotros de asumir consciente y libremente nuestra posibilidad de decidir qué vamos a llegar a ser nosotros mismos a través de lo que hacemos con nuestras acciones. Si yo decido ser una persona ética, decido al mismo tiempo construirme con mi propio esfuerzo. La educación supone querer y aceptar precisamente ese esfuerzo de hacerse a sí mismo. Si prescindimos de eso, no me estoy educando.
En conclusión: la ética hay que entenderla como una dimensión esencial de nuestra realidad humana, donde quien me juzga no son las leyes externas, ni los profesores, ni quien me “cuida” en clase. Quien me juzga soy siempre, en última instancia, yo mismo.
(*)Profesor del Departamento de Filosofía USB
FLX-583
Inconsciente, sueño y símbolo.
________________________________________
Universalia nº 18 Oct 2002- Mar 2003

Universidad Simón Bolívar. Decanato de Estudios Generales

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: