Perspectiva del Desarrollo del Niño (apunte)

Existen diversas teorías sobre el desarrollo del niño.

Las teorías organicistas, asumen que todo cambio es estimulado desde dentro del organismo, más específicamente, desde las estructuras psicológicas que están en la base interna y que controlan el desarrollo de los niños que son vistos como seres activos, resueltos, que dan sentido a su mundo y determinan su propio aprendizaje. Para una teoría organicista, el entorno apoya el desarrollo del niño (como hace una madre que le da juguetes estimulantes a su hijo); pero como los niños inventan su propia manera de entender y responder a los acontecimientos de su alrededor, el ambiente no es el que produce su crecimiento. En vez de eso, el organismo selecciona, modifica, o rechaza las influencias del ambiente presionando sobre ellas.
En contraste, las teorías mecanicistas se centran en las relaciones entre las entradas ambientales y las conductas. Reciben el nombre de mecanicistas, porque los niños son comparados con el funcionamiento de una máquina. El cambio es estimulado por el ambiente, el cual da forma a la conducta del niño, que reacciona positivamente. El desarrollo es tratado aquí, como una consecuencia sencilla y predecible de acontecimientos en el mundo circundante. Se plantea que los humanos aprendemos a través de premios y castigos. (conductismo)

¿Es el desarrollo continuo o discontinuo? Algunos teóricos creen que es un proceso uniforme y continuo. Gradualmente los niños añaden más del mismo tipo de habilidades. Es decir, se piensa que los bebés y los preescolares pueden responder al mundo de forma muy parecida a la de los adultos, pues la diferencia entre el ser inmaduro y el maduro, radica simplemente en la cantidad y complejidad de la conducta. Todo bebé podría realizar operaciones lógicas y organizadas como nosotros, si tuviera tantas piezas de información como las nuestras.
Otros teóricos piensan que el desarrollo se lleva a cabo en etapas bruscas y discontinuas. Los niños cambian rápidamente a medida que alcanzan un nuevo nivel de desarrollo, y entonces se generan pocos cambios por algún tiempo. Con cada paso nuevo, el niño interpreta y responde al mundo de manera cualitativamente diferente. Se llaman etapas a los cambios cualitativos en la manera de pensar, sentir y comportarse que caracterizan períodos particulares del desarrollo. En estas teorías, el desarrollo es como subir una escalera, con cada peldaño correspondiendo a una manera de funcionar más madura y reorganizada que la anterior. En otras palabras, el cambio es repentino en vez de gradual y continuo. Se asume que las etapas son universales en todos los niños y en todas las culturas.
Es interesante conocer la posición de estas teorías respecto de un aspecto central de la estimulación temprana: ¿Qué son más importantes, los factores genéticos o los ambientales?

Controversia naturaleza-crianza
Por naturaleza queremos referirnos a los rasgos biológicos innatos, la información hereditaria que recibimos de nuestros padres en el momento de la concepción, y afecta a todas nuestras características y habilidades. Por crianza, queremos decir las fuerzas complejas del mundo físico y social que los niños encuentran en sus hogares, vecindad, salas cuna, escuelas y comunidades.
Aunque todas las teorías otorgan algún papel a ambas, varía en el énfasis que le dan a cada una. Por ejemplo consideremos las siguientes preguntas: ¿La habilidad que el niño tiene para pensar de manera compleja es, en su mayor parte, el resultado de un horario innato de crecimiento? o ¿Está influida por la manera en que los padres y los profesores estimulan y refuerzan al niño?; ¿Los niños adquieren el lenguaje porque están genéticamente predispuestos o porque los padres los enseñan intensivamente desde una corta edad?; ¿Qué es lo que cuenta en las diferencias tan enormes entre los niños como la altura, peso, motricidad, inteligencia, personalidad y habilidades sociales?.
Un teórico organicista siempre señalaría la importancia de la crianza, por consiguiente intervendrá con estimulación temprana tan pronto como sea posible y hasta varios años posteriores, ofreciendo al niño apoyo de alta calidad para que desarrolle su potencial.
Actualmente, los investigadores, en su gran mayoría, ya no preguntan qué es más importante, herencia o ambiente. En vez de ello, desean saber de qué manera funcionan juntas la naturaleza y la crianza para influir en los rasgos y capacidades del niño.
De lo que no cabe duda, es cómo el impacto relativo a la estimulación temprana varía positiva y sustancialmente los cambios en las habilidades de los individuos.

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