Perspectiva del Ciclo vital en Personas con Deficiencia Visual & Ceguera Total (apunte)

A continuación, se detallará el proceso vital que pasan las personas ciegas en las distintas etapas de la vida.

La infancia
Las características y grado de las limitaciones y restricciones en la infancia, van a depender de muy diversos factores, especialmente, del momento de inicio de la deficiencia visual, el grado de visión actual, y de los recursos personales, familiares y sociales.

Educación Infantil. En estas edades se advierten grandes diferencias en el desarrollo evolutivo entre los niños, según el grado de visión y el momento de inicio de la pérdida. Considerando ese amplio abanico, en sentido general, podemos citar algunas limitaciones más evidentes en los casos de menor visión, en los que con frecuencia observamos (Equipo EICS, 1983; Ochaíta, 1993; Amante y García, 2000).

  • En motricidad gruesa, son niños que habitualmente no gatean, presentan cierta hipotonía y se retrasa el inicio de los primeros pasos, todo ello consecuencia de la falta de información del espacio que le rodea y, por consiguiente, la falta de curiosidad por el mismo y la autoprotección. También es frecuente una postura incorrecta sobre todo de la cabeza, inclinada ligeramente hacia adelante. Y por último, la aparición de estereotipias, que pueden estar originadas tanto por la falta de estimulación, como por situaciones generadoras de ansiedad.
  • En motricidad fina, a veces se presenta rechazo a tocar ciertas texturas como por ejemplo peluches, texturas viscosas, etc. Y un retraso en la coordinación, ya que desde las primeras adquisiciones se basan en la coordinación audio-motriz, no óculo-motriz.
  • En los aspectos cognitivos, se retrasa la adquisición de la permanencia del objeto; hay cierta dificultad para generalizar y para las conductas representativas (por ejemplo gestos corporales), y otras como el juego simbólico y el dibujo.
  • En lenguaje puede haber cierto retraso en contenidos (léxico y semántico), siendo lo más característico la presencia de verbalismos (hablar de cosas de las que no se ha tenido experiencia directa). Suele haber una deficiente expresividad, tanto en los gestos, como en el tono de voz.
  • En sociabilidad y autonomía, suelen ser niños con poca iniciativa, que se justifica por las dificultades en la imitación, de manera que hay que motivarles y enseñarles.

Educación Primer Ciclo.
– En su motricidad, cierta inestabilidad postural, inhibición del movimiento espontáneo, lentitud y frecuentes dificultades en la lateralidad. La movilidad general suele estar más restringida e implicar una disminución de la actividad física, en comparación con los niños de su misma edad.
– Académicamente, con frecuencia hay un significativo retraso escolar, mayor lentitud en la realización de tareas, pobreza de vocabulario y dificultades en lectura y escritura. La cantidad y complejidad de los aprendizajes cuando no se dispone de un sentido como la vista, justifica una frecuente falta de motivación hacia los aprendizajes.
– En su conducta social y afectiva, son frecuentes los déficit en habilidades sociales y el retraimiento en las relacionales con los compañeros, dependencia mayor de la esperada por su edad cronológica y pasividad. Es frecuente una baja autoestima, justificada por las escasas ocasiones de éxito académico con relación al resto de sus compañeros que ven.
– En las familias y ocasionalmente en los centros, comportamientos de hiperprotección, fruto de la desinformación o de creencias erróneas sobre la deficiencia visual o las personas con deficiencia visual.
En relación al aprendizaje, si particularizamos en el caso de alumnos con ceguera, las características diferenciales más significativas, suelen ser:
– Dificultades de aprendizaje por imitación: imposibilidad de aprendizaje por imitación visual.
– Canales de información auditivos y táctiles, por lo que la percepción de la realidad es analítica: dificultad para recibir información completa del medio.
– La lentitud en el proceso de adquisición de los aprendizajes se debe, tanto al tipo de materiales que tiene que utilizar, como a la forma de análisis para llegar al conocimiento de las cosas. No se trata de un proceso deficiente sino diferente de asimilación de la información.

Cuando el estudiante presenta baja visión, sus aprendizajes se verán influidos por:
– Dificultades en la «percepción visual» (habilidad para comprender y procesar toda la información recibida a través de la vista) tales como falta de organización espacial, memoria visual inestable o falta de relaciones espaciales, que se manifiestan en dificultades para percibir correctamente objetos de tamaños muy grandes o muy pequeños, representaciones de figuras tridimensionales, objetos que están en movimiento, objetos de poco contraste con el fondo, objetos pocos iluminados o pequeños detalles de los objetos.
– Adopción de posturas corporales características ya que pueden pegar la cara ante el papel, adelantar la cabeza, adelantar el cuerpo, adelantar el objeto hacia la cara.

En resumen, podemos decir que la deficiencia visual va a imponer limitaciones en distinto grado según las características de cada caso particular (Welsh y Blasch, 1980; Loumiet y Levack, 1991; Sacks, 1992; Martínez, Ferrandis y Garreta, 1995; Miñana y Vallés, 1998; Calvo Novell, 1998).

Las personas adultas
El proceso de incorporación al mundo social y laboral actual está lleno de posibilidades: formas nuevas de ocupación y entretenimiento, que se caracterizan, a grandes rasgos, por una cada vez más creciente exigencia de uso de aparatos y materiales que se mejoran y cambian con relativa frecuencia. Las empresas se van desplazando hacia el exterior de los núcleos urbanos y, en ocasiones, fuera de los circuitos habituales de los transportes públicos. Otra tendencia que se va implantando en las políticas de empleo actuales viene recogida en el término empleabilidad. La capacidad de una persona de poder desempeñar diversos puestos de trabajo diferentes o diversas funciones dentro de su puesto concreto. Al igual que el trabajo, el mundo social puede requerir la participación en actividades que requieran de funcionalidad visual (deportes, juegos, viajes, espectáculos…) Todo ello queda limitado en cierta medida y para evitar el no poder participar en ello se requerirán entrenamientos específicos y la ayuda técnica y profesional de los servicios especializados en déficit visual.

Las personas mayores
Las personas mayores sufren más pérdida de visión respecto a otros grupo de edad y algunos datos muestran que es una causa relevante de discapacidad tras la osteoartrosis y la enfermedad cardiaca (Castellote, 2001). Este patrón de resultados se ha constatado también en residencias de personas mayores norteamericanas (Horowitz, 1994). Según datos recientes, respecto a población española, la deficiencia visual es la segunda causa de discapacidad entre las personas mayores españolas (8,8% de los mayores) después de las enfermedades osteoarticulares (11.8%) (IMSERSO, 2003).
Un reciente trabajo desarrollado en el marco de la Clasificación Internacional de Funcionamiento, Discapacidad y Salud ayuda a precisar algunas de las características diferenciales de las personas mayores deficientes visuales, respecto a mayores que no presentan esta deficiencia. Así, en primer lugar, las personas mayores deficientes visuales informan tener limitaciones para caminar, acostarse y levantarse de la cama o para levantarse o sentarse. En este mismo sentido, los encuestados deficientes visuales informaron de la presencia de estas dificultades dos veces más respecto a personas mayores de los mismos tramos de edad, pero sin deficiencia visual. Las limitaciones relativas a salir fuera o acudir a lugares públicos, preparar comidas, hacer compras, manejar dinero y medicación fueron informadas tres veces más por mayores deficientes visuales que por mayores sin deficiencia visual (Crews y Campbell, 2001).
Por otro lado, las consecuencias que estas limitaciones tienen en la salud de las personas mayores han sido objeto de algunos trabajos. Algunos datos disponibles de población americana muestran que en cohorte de personas mayores (entre 70 y 74 años) es más probable que se vean afectadas de artritis, reumatismo, hipertensión o trastornos cardiovasculares las que tienen deficiencia visual que aquellas que no la tienen (National Center for Health Statistics, 1998). Además, aunque las tasas de accidentes cerebrovasculares se incrementan con la edad, son significativamente más elevadas entre los mayores con dificultades visuales. Igualmente, las caídas y fracturas óseas secundarias a las mismas son más frecuentes entre los mayores afectados de deficiencia visual. Aunque el tratamiento transaccional de estos datos no permite establecer una relación causal entre dificultades visuales y problemas de salud, pone de manifiesto que los porcentajes de mayores deficientes visuales que presentaban los problemas de salud analizados son mayores respecto al sector de población mayor sin esta deficiencia. En este mismo sentido, algunos trabajos señalan que las personas mayores con deficiencia visual valoran peor su salud que los mayores sin dificultades de visión, participan con menos probabilidad en programas de ejercicio físico y son cada vez menos activos cuando informan acerca de su nivel de actividad respecto al desarrollado el año anterior (Crews y Campbell, 2001).
Aunque, considerando lo expuesto, las personas mayores presentan un grado mayor de comorbidad y de condiciones secundarias a la deficiencia visual, así como ciertas limitaciones, su participación social muestra un patrón muy similar al de mayores sin deficiencia visual. Así, distintos trabajos señalan que las relaciones con amigos y familiares no presentan grandes diferencias en ambos grupos. Sin embargo, la participación en actividades comunitarias, tales como ir a misa, acudir a espectáculos culturales o recreativos (Crews y Campbell, 2001) es menor entre los mayores deficientes visuales que entre los que no lo son. Aunque estas diferencias en participación precisan de análisis posteriores, pueden sugerir que las personas mayores son capaces de emplear estrategias que les permitan participar en actividades que ellos estiman valiosas (Crews, 2000).

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