Percepción cinestésica y táctil (apunte)

El sistema cinestésico (que informa al sujeto de la posición del cuerpo y de

los movimientos de los músculos y tendones), el tacto y el sistema auditivo son las vías prioritarias de información y desarrollo que compensan la deficiencia visual y contribuyen al aprendizaje cognitivo posterior.
El tacto se localiza por toda la superficie de la piel, pero fundamentalmente en las manos. Nos da información sobre la textura, presión y vibración. Pero lo hace de forma lenta y analítica, y su ámbito de actuación se limita a objetos que estén en contacto con el cuerpo.
En la percepción intervienen los sentidos y una serie de actividades cognoscitivas que nos ayudan a interpretar las sensaciones auditivas, táctiles, olfativas, gustativas o visuales que llegan al cerebro. Así se elaboran los conocimientos y se crean imágenes mentales.
Siguiendo a Mercè Leonhardt, la manera de percibir el mundo del niño ciego no se parece a la de un niño vidente con los ojos tapados. La diferencia estriba en la organización original de sus modalidades sensoriales. La percepción a través del tacto comprende:

Percepción táctil (estática): el tacto pasivo sólo nos informa de la temperatura, el peso, la consistencia.
Percepción cinestésica (dinámica): la información proporcionada por el movimiento voluntario de las manos nos permite percibir el objeto, su textura, aspereza, dureza y forma. La mano no dominante sujeta el objeto o se encarga de proporcionar los puntos de referencia mientras la mano dominante lo explora, realiza movimientos sobre el objeto e integra los datos que obtiene hasta configurar un concepto global del objeto explorado.
El resultado de la asociación de estos dos sistemas de percepción es la percepción háptica (tacto activo) Es un sistema de percepción, integración y asimilación de sensaciones, a través del tacto activo. El sistema háptico es un sistema exploratorio, no sólo receptivo. La interconexión de la percepción cinestésica y táctil supone la exploración a través del tacto en movimiento o exploración háptico-táctil.
En suma, la percepción háptica es la base del desarrollo y aprendizaje de las personas con discapacidad visual, especialmente de los que presentan ceguera total. Nos interesa, por tanto, desarrollar en el niño desde pequeño, la capacidad de explorar con las manos, de forma coordinada, explorar el rostro de su madre, reconocer objetos de su entorno cotidiano, discriminar formas, texturas, temperaturas, volúmenes, pesos y también a través del tacto indirecto (conocer la información que le aportan las distintas texturas y los desniveles en el suelo a través de sus zapatos, o percibir la consistencia y tamaño de los alimentos cuando utiliza el tenedor y la cuchara) Para ello, tenemos que utilizar texturas agradables al tacto, que motiven al niño a tocar y a explorar táctilmente.
También nos interesa que el niño vaya orientándose correctamente en el plano bidimensional. Por ejemplo, en una hoja de papel, puede empezar a reconocer figuras geométricas en relieve, bidimensionales y que intente dibujarlas. Además de aprender a reconocer objetos tridimensionales, aprenderá a percibir representaciones gráficas en relieve y la lectoescritura braille.
Es necesario desarrollar en el niño algunas experiencias motrices como moverse libremente, balancearse, utilizar un correpasillos, una cama elástica o una gran pelota de goma. Todo ello contribuirá a que el niño desarrolle la psicomotricidad y el dominio de su cuerpo y de las posibilidades de sus movimientos.

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