Palabras a un Niño Down

Era una noche tan fría
cuando salimos despacio
para alumbrarte a la vida
camino de un dispensario.

Buscábamos la alegría
de compartir otro abrazo
y nació un niño distinto,
pequeño y de ojos rasgados.

Me acuerdo de aquella sala,
gentes vestidas de blanco,
y la cara de aquel médico
en su papel de togado,
con la mirada perdida:
algo había fallado.

La angustia de aquel momento,
solos tu y yo, y nuestro enano,
el mundo se nos caía
pero duró sólo un rato,
comprendimos que en la vida
no todo es bueno o es malo.

Eras un niño perdido,
te arrope entre mis brazos,
todavía estaba aturdido,
sin saber que había ganado.

Y doy gracias a la vida
porque a mi me haya tocado
esta bendición del cielo
en forma de Ángel humano.

Habla con Dios cada noche
su querubín más preciado,
don generoso y derroche
es la ternura en sus manos,
una sonrisa en su boca,
no falta amor en sus labios.

Algunos buscan la herida
donde poder siempre hurgarnos,
ciegos que no ven la viga
como sepulcros blanqueados,
pero tu y yo sabemos, amigo,
que Dios está a nuestro lado.

Se llama Andrés y es mi hijo,
ahora ya es todo un muchacho
y todavía me pregunto:
“¿por qué buscó Dios mi casa?”
para dejar un regalo.

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