Orígenes y Evolución del Concepto Dislexia

Este trastorno fue descubierto en 1895, por el oculista escocés James Hinshelwood. En ese año, publicó un artículo llamado “ceguera verbal congénita”, problema que se vinculaba con la incapacidad para interpretar símbolos gráficos;

y en donde describió diversos casos clínicos en los que las dificultades para el reconocimiento de palabras aparecían tras un lesión cerebral y en ausencia de ésta, concluyendo que existía un síndrome de origen neurológico caracterizado por la incapacidad para ver las palabras escritas, especialmente, por lo que acuñó la expresión de ceguera verbal para referirse a él.
A partir de esta publicación, otros médicos escoceses se interesaron en esta problemática; uno de ellos fue Pringle Morgan, quien dio a conocer el caso de un joven que, aún cuando presentaba un nivel de inteligencia extraordinario, no era capaz de leer. De lo cual Morgan dijo lo siguiente: “si este joven hubiese recibido su educación de manera oral, hubiera obtenido el mejor rendimiento de su clase. Su problema podría tratarse de ceguera verbal congénita”.
En la misma época, el doctor Kerr –también de Escocia–, elaboró un informe oficial en donde expuso una serie de casos, que se caracterizaban por presentar el mismo problema de ceguera verbal congénita.
Posterior a ello, las investigaciones de carácter médico en torno al tema se multiplicaron, es así como a principios de los años 1900, médicos como Lechner, Wernicke, Forester, etc., de manera independiente expusieron casos de niños que carecían de la capacidad de leer, aunque no presentaban problemas en áreas intelectuales, sensoriales y sociales. Pese a ello, fue en el año 1897, en otra de las investigaciones realizadas por James Hinshelwood, en donde se dio origen al término “dislexia”, que fue vinculado a las dificultades específicas en la lectura.
Su aceptación por parte del cuerpo médico fue inmediata, debido a que era el mismo cuerpo quien estaba comprometido en las investigaciones, cuyo principal aporte fue la identificación de las características neurológicas específicas del síndrome. A medida que se profundizó en su conocimiento, se adicionaron nuevas características a la dificultad; en donde se asoció a un origen hereditario y la de afectar preferentemente a hombres.

Posterior a ello, la dislexia también fue analizada por la afasiología, ciencia que demostraba tener mayor solidez. De acuerdo a la afasiología, los problemas de lectura se generaban por la incapacidad de establecer la relación entre el aspecto visual de las palabras y fonológico del habla, quedando perturbada su integración modal.
A partir del año 1950, los estudios sobre la dislexia se masificaron alrededor del mundo, y se adquirió una nueva perspectiva, complementaria a la médica; la psicológica.
En la actualidad, la parte de la población que presenta problemas de lecto-escritura fluctúa entre el 10 y 20% 3; sin embargo, no todos ellos son disléxicos, pues la dislexia evolutiva4 parece ser un fenómeno escaso.
Pese a lo señalado por Frith, no existe un consenso sobre la porción de la población que padece de este trastorno, pues mientras que algunos autores señalan que un alto porcentaje de la población es disléxico, otros señalan que esta dificultad es un fenómeno poco habitual. Respecto a ello, Frith (1989) señala lo siguiente: “algunos niños(as) aprenden a leer de manera natural, rápida y espontánea; en cambio en otros, este proceso puede tardar mucho tiempo, incluso en ciertos períodos no aparecer. Y luego, están los niños(as) que tienen dificultades que van más haya de la lentitud en el aprendizaje de la lectura, y que afortunadamente son muy pocos, y que corresponden a aquellos niños(as) que adquieren esta capacidad por otra vía, distinta a la normal”. En otras palabras, existirían niños rápidos, lentos y disléxicos.
Según lo anterior, las dificultades de la lectura se dividirían en dos grupos; aquellos de origen orgánico o neuronal, que sería equivalente a l trastorno que inicialmente se conoció como ceguera verbal congénita, para luego denominarse dislexia; y aquellos de origen psicopedagógico y social, a los que se han llamado niños disléxicos, pero que hoy en día se les denomina como niños con dificultades de aprendizaje.
Por lo tanto, una parte de los niños lentos a los que hace referencia Uta Frith, serían a quienes situaciones externas de índole social, les provocarían las dificultades en el aprendizaje de la lectura, pero cuya causa al ser tratada, permitiría solucionar el problema.
Considerando el origen y evolución del concepto dislexia, se puede identificar que durante el transcurso de los años, han existido tres corrientes principales:

a) Primera corriente: período 1895 – 1930. Su principal característica fue constituirse en un modelo descriptivo, que se apoyo en una serie de observaciones clínicas. Esta corriente asociaba la dislexia a causas neuro-genéticas que afectaban sólo a unos pocos, pero cuyas consecuencias eran brutales.

b) Segunda corriente: período 1930 – 1980. Esta corriente atribuyó las causas de la dislexia a problemas psico-génicas de carácter familiar, social y pedagógico, desplazándose el pensamiento anterior. En este período, se masifica el acceso al aprendizaje de la lectura, actividad que antiguamente era exclusiva para algunos, de ahí que surgieran porcentajes altísimos de escolares con dislexia.

c) Tercera corriente: período 1980 hasta nuestros días. Este movimiento considera a la dislexia como un fenómeno de carácter neurolingüístico, cuya causa se asocia con disfunciones cerebrales; atribuidas a inmadurez, trastornos de neurotransmisión o alteraciones estructurales del cerebro.

Aún cuando estas corrientes teóricas fueron las principales que intentaron determinar las causas de la dislexia, existen otros enfoques que tratan de brindar una explicación sobre la presencia de este trastorno en los niños(as). En el siguiente cuadro, se pueden distinguir las principales causas a las que se ha atribuido dicho trastorno.
Cabe destacar que también existen otras teorías en donde se establece que las dislexias surgen por causas hereditarias, ambientales (por ejemplo, en donde influye la televisión, las revistas de comics), estrés familiar, prisas, perturbaciones visuales, entre otras.

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