La Orientación en Chile (apunte)

La orientación desde que inicio como disciplina independiente a comienzos del siglo XX se ha ido desarrollando y potenciando en diferentes ámbitos. En la

actualidad de la educación chilena se solicita al orientador para temas personales, escolares, o familiares que van más allá de las funciones tradicionales de apoyo vocacional. Esto no es extraño, si se piensa que la labor del orientador debe ser lo suficientemente dinámica como para entender la rapidez de los procesos de cambio de la sociedad y ser capaz de hacer comprensibles estos cambios a la comunidad educativa formada por estudiantes, docentes y apoderados.
El Orientador es un puente que comunica ámbitos, agentes y actores de la educación; genera enlaces entre el establecimiento y la familia; entre los alumnos y los profesores; entre los alumnos y su propia identidad.
Hoy conviven diferentes maneras de ver a la orientación y a sus profesionales. Hay quienes la inscriben en una única persona y otros modelos asumen que este trabajo debe ser desarrollado por toda la institución, especialmente por los profesores jefe de cada curso, ya que son quienes más conocen a los alumnos.
A nivel político e institucional lo que respalda la importancia del concepto se refleja en la Circular N° 600 de 1991 del Mineduc – Chile, firmada por el Presidente de la República, Sr. Ricardo Lagos Escobar, se la define como el «Proceso consubstancial a la Educación, mediante el cual el educando toma conciencia de su vocación humana y la asume; hace uso de sus recursos y potencialidades en la elaboración de sus planes y proyectos de vida; se integra responsable y creativamente en la vida de relación con los demás contribuyendo al desarrollo de la sociedad. El educando constituye el sujeto y el objeto de su propia orientación. Por ello, necesita de la más amplia cooperación de los agentes orientadores tales como: el hogar, la escuela y la comunidad circundante».
De esta definición se desprende la importancia del conocimiento del alumno, sujeto y objeto de la educación. Los orientadores con esta facultad de conocer tienen la misión de personalizar la educación, hacer que la educación le llegue al alumno, que asuma sus motivaciones y desde aquí generar nuevas preguntas y buscar las respuestas adecuadas.
Dentro de la educación impartida en Chile en cada establecimiento debería existir un orientador o un encargado de orientación. Los profesionales de esta área deben estar preparados para enfrentar conflictos no sólo académicos, que cada vez son más frecuentes, sino también saber enfrentar una crisis de angustia de un joven con síndrome de abstinencia, el embarazo de una alumna adolescente, casos de delincuencia adolescente, casos de extrema violencia y agresividad como también estar preparados para diseñar un Plan de Orientación Preventiva al interior de la Unidad Educativa. Para esto es preciso que el Orientador sea un polo homogeneizador que consiga que los Profesores y Directivos miren juntos hacia una misma dirección.
Todos estos aspectos reflejan las actuales exigencias de la profesionalización del Orientador y de su capacitación permanente.
Para entender los desafíos que enfrenta la orientación y las exigencias técnicas y operativas que son necesarias para su implementación en el ámbito escolar, es preciso hacer referencia del modo más amplio y objetivo posible, al trabajo que realiza, por lo general, un Orientador en los Liceos Municipalizados. Aparece adecuado generar previamente un modelo de lo que vendría a ser la actuación profesional del Orientador en una U E; este modelo parte desde la percepción de las situaciones problemáticas, poniendo en práctica esa facultad. La percepción se ve respaldada por un cuerpo de conocimientos científicos y técnicos en el área que entrega herramientas para adoptar criterios y reflexionar acerca de los hechos, y, a su vez, buscar definir pautas y estrategias a seguir conforme a lo específico de la realidad observada y la valoración otorgada a lo acontecido, todo lo cual confluye en la construcción de un diseño teórico que es operativizado en un plan de acción concreto, plan que incluye en su etapa terminal la correspondiente evaluación y retroalimentación tendiente a perfeccionar el modelo.

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