La Enseñanza Adaptativa (apunte)

Los seres humanos tenemos una serie de características comunes, pero diferimos unos de otros en muchos aspectos. A continuación analizaremos la enseñanza adaptativa, una modalidad que permite hacer frente a la diversidad

mediante el uso de distintos métodos de enseñanza en función de las características individuales.
Los procesos educativos son procesos interactivos que, en general, tienen lugar entre personas. Y las personas no actuamos, pensamos y sentimos de manera idéntica. Somos diferentes, tanto en lo que respecta a nuestras características físicas como en lo que se refiere a nuestras características psicológicas, y estas diferencias son consustanciales a nuestra naturaleza humana. Partiendo de esta evidencia, el problema que se plantea en la educación, y particularmente en la escuela, es el de cómo actuar frente a estas diferencias.
Desde hace algún tiempo, la extensión paulatina de la enseñanza obligatoria ha hecho habitual la situación de un profesor que debe asumir la enseñanza simultánea de un grupo más o menos numeroso de estudiantes, lo cual sitúa el tema de la diversidad como una cuestión inevitable y central de la educación. Las respuestas a cómo tratar las diferencias individuales en educación han sido a lo largo del tiempo múltiples y variadas, aunque frecuentemente enmascaradas tras un lenguaje técnico (pedagógico, psicológico u otros), o tras cuestiones de índole organizativa; cada una de estas respuestas implica una determinada concepción del ser humano y, más concretamente, de la naturaleza y orígenes de las características individuales, concepciones que determinan en último término la opción educativa adoptada.
Adaptar los métodos de enseñanza a las características de los estudiantes requiere resolver ciertas interrogantes fundamentales (Rivas, 1991):

A.- En primer lugar, precisar qué características se han de considerar. Las posibles fuentes de diversidad entre los estudiantes son muy numerosas, aunque es de suponer que no todas ellas son igualmente pertinentes y relevantes de cara al aprendizaje escolar o, en cualquier caso y coherentemente con la opción adoptada, no siempre y en cualquier circunstancia. Ante esta primera interrogante, la concepción constructivista del aprendizaje permite precisar algunos factores generales que es necesario tener en cuenta en la adaptación de la enseñanza, en especial el grado de desarrollo o capacidad general del alumno, sus conocimientos previos específicos, la motivación para aprender (significativamente), así como sus intereses personales.

B.- La segunda gran interrogante, cómo adaptarse, es aún más general e imprecisa. La enseñanza adaptativa sostiene que no existen en abstracto métodos o intervenciones mejores, ya que la bondad relativa de un método educativo cualquiera sólo puede valorarse en relación a las características concretas de los alumnos a los que va destinado. La articulación de la propuesta de la enseñanza adaptativa a una concepción general del aprendizaje escolar y la enseñanza, como en este caso es la concepción constructivista, comporta de nuevo algún tipo de restricción a este principio general, ya que lógicamente no todos los planteamientos metodológicos son igualmente compatibles o coherentes con los principios generales de dicha concepción. Sin embargo, y aun teniendo en cuenta esta condición, las posibilidades metodológicas son numerosas. Avanzar más allá de esta respuesta genérica supondría analizar desde la perspectiva constructivista dichas posibilidades, pero sobre todo implica necesariamente estudiar la interacción que se produce entre determinadas características de los estudiantes y determinados métodos de enseñanza.
Así, por ejemplo, Tobías (1989) pone de relieve la relación inversa que existe entre el nivel de conocimiento previo del alumno y la cantidad y calidad de la ayuda educativa necesaria para alcanzar los objetivos educativos; de acuerdo con esta hipótesis los alumnos con un bajo nivel de conocimientos previos requerirían métodos de enseñanza que impliquen un alto grado de ayuda (en términos de organización del contenido, incentivos motivacionales, retroalimentación, correctores, seguimiento detallado, etc.), mientras que los alumnos con un elevado nivel de conocimientos previos se beneficiarían de planteamientos metodológicos que impliquen una mayor autonomía y una menor ayuda por parte del profesor.
Indudablemente queda aún un largo camino por recorrer en cuanto a la precisión y operacionalización de la enseñanza adaptativa, aunque conviene considerar que es difícil (y probablemente poco deseable) que esta precisión dé lugar a respuestas absolutamente cerradas, a «recetas» estándar para responder estas interrogantes. Esta dificultad, inherente en cierto modo a la concepción interaccionista adoptada, tiene que ver también con la existencia de distintos niveles de adaptación posibles. En términos generales pueden distinguirse como mínimo dos grandes niveles, que algunos autores (Corno y Snow, 1986) definen como macro-adaptación y micro-adaptación, es decir, la adaptación previa a la intervención educativa en el aula y la adaptación que requiere la interacción en el interior mismo del aula.
Para poder llevar a cabo una enseñanza adaptativa es preciso, por una parte, que los currículums y programaciones educativas estén diseñados de manera adaptativa, es decir, que permitan tener en cuenta la diversidad de los alumnos y den alternativas a cómo adaptar la enseñanza a ella. Pero esto sólo, con ser sumamente importante, no basta. El maestro dentro del aula, en su interacción cotidiana con los alumnos, tiene que tomar decisiones continuamente, la mayoría de las veces sobre la marcha, para ir adaptando la enseñanza a las características y necesidades de los distintos alumnos a lo largo de sus procesos de aprendizaje. En este sentido, el desarrollo de una enseñanza adaptativa está indisociablemente ligado a una evaluación individualizada y continua de los progresos y las dificultades de los alumnos durante su aprendizaje.
Entender que la enseñanza debe adaptarse al alumno y no a la inversa es, en definitiva, la propuesta de la enseñanza adaptativa que asume la concepción constructivista. No se trata obviamente de una novedad. La mayoría de los profesores, de manera más o menos consciente o sistemática, actúan de este modo, aunque también es frecuente observar cómo, ante la dificultad de la tarea o en ocasiones como reflejo de la formación recibida, emergen de nuevo concepciones estáticas o defensas más o menos cerradas y excluyentes de determinadas alternativas metodológicas.
Adaptar la enseñanza a los estudiantes, a los distintos estudiantes los que simultáneamente debe atender el profesor, no es una tarea fácil que pueda llevarse a cabo sin la existencia de recursos (materiales, formativos, etc.) y sin la ayuda necesaria. Un primer paso importante puede ser ya el aprovechar al máximo las posibilidades de macro-adaptación que posibilita la reforma educativa en los diferentes niveles de concreción curricular. Pero como ya hemos señalado esto no basta. El trabajo cotidiano en el aula requiere un ajuste continuo de la planificación efectuada a la dinámica concreta que acaba por establecerse. La falta y, en cierto modo, la imposibilidad de usar «recetas», parece sugerir que el profesor, en busca de respuestas concretas, puede beneficiarse en mayor medida de una organización flexible del aula (trabajo en grupos, talleres, etc.), que le permita una observación del proceso de aprendizaje que siguen los distintos alumnos y una intervención a su vez más individualizada.

Una mayor diversificación de los materiales didácticos, la exploración de las posibilidades de las diferentes alternativas metodológicas y, en la medida de lo posible, un esfuerzo de sistematización de los resultados obtenidos, son otros recursos que puede ser conveniente desarrollar y compartir.
Utilizar estos u otros posibles recursos para avanzar hacia el objetivo de una enseñanza cada vez más adaptativa es, a nuestro juicio, la alternativa que se debe seguir. Los planteamientos de la enseñanza adaptativa nos han recordado algo que probablemente puede parecer de sentido común, que los distintos alumnos aprenden mejor de maneras diferentes, que la individualización de la enseñanza no pasa posiblemente por enseñar uno a uno de la misma manera, sino a cada uno según sus características.

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