Intervención Psicopedagógica para Niños Ciegos y/o Deficiencias Visuales (estrategia)

La Organización Mundial de la Salud (OMS) manifiesta que los efectos de la deficiencia visual pueden describirse según tres apartados distintos, aunque interrelacionados:

 La deficiencia como anomalía de la estructura de la función visual.

 La discapacidad como merma en las habilidades para realizar una actividad en la forma o grado que se considera normal para un ser humano.

 Las minusvalías como la desventaja ante el desempeño de aquel rol que se considera normal para ese individuo en función de su edad, sexo y factores sociales y culturales.

Así pues, desde esta perspectiva, es imprescindible que cualquier intento de intervención en las necesidades educativas especiales de la deficiencia visual tenga en cuenta esos tres apartados. También es importante indicar que al momento de planificar la intervención habrá que diferenciar dos niveles o aspectos: el puramente médico y el psicopedagógico.

El primero se desarrolla siguiendo tres fases, en la primera se determina la capacidad visual y la patología de la deficiencia, luego, en la segunda etapa se otorgan los medios ópticos adecuados para superar la deficiencia, en la tercera etapa se buscará rehabilitar los componentes que en cada caso sean necesarios, con lo que se podrán corregir algunas alteraciones visuales, como hábitos viciosos visuales, defectos de la visión binocular y movilidad del ojo. Dicha rehabilitación se realizará por medio de lentes u otros aparatos (telescopios, telemicroscopios, lupas, lupa televisión, lupa ordenador, etc.), o a base de ejercicios recuperadores, con la precaución de facilitar los medios favorecedores más idóneos, entre los que se encuentran los útiles de escritura (papel sin brillo, lápices de trazado grueso y mayor tamaño de las letras), iluminación adecuada, materiales antirreflectantes, mobiliario adaptable, etc.

Por su parte, el aspecto psicopedagógico logra mediante la inclusión adecuada del niño a la escuela, la atención y estimulación temprana, la atención a otras posibles deficiencias asociadas, adaptaciones curriculares específicas enfatizando las áreas específicas de formación que más inciden en el proceso educativo y las estrategias facilitadoras de la intervención docente, programas especiales (resto visual, etc.) y los recursos personales, materiales y funcionales más convenientes en cada caso.

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