Inclusión en la Educación Superior en Chile (apunte)

Para hablar sobre el tema de inclusión en la educación superior, debemos mencionar una serie de ideas planteadas por diferentes autores sobre la educación inclusiva.

Booth y Ainscow en 1998 definen educación inclusiva como “Un proceso que favorece la participación y pertenencia de todo el alumnado (Booth y Ainscow, 1998). La inclusión social y educativa puede considerarse por tanto, como una forma de vivir, como un estilo particular de actuar y participar en la sociedad, de comprender y considerar a cada persona”.

Según Booth y Ainscow (2000), el desarrollo de la Educación Inclusiva debe direccionarse hacia el cumplimento de varias finalidades, planteadas desde varias perspectivas interrelacionadas como la cultura, las políticas y las prácticas de los centros. Booth, plantea el desarrollo de valores inclusivos, compartidos por toda la comunidad escolar, cuyos principios derivados guían las decisiones que se concretan en las políticas escolares de cada centro educativo y en el quehacer diario, y de esta forma el aprendizaje de todas las personas encuentra apoyo en el proceso continuo de innovación educativa.
María Pilar Sarto (2009), refiere que la inclusión es” Una manera distinta de entender la educación, implica pensar en una nueva filosofía, con nuevas formas de analizar la cotidianidad escolar, de trabajar y de convivir, es decir, requiere un conjunto de acciones escolares, sociales y de la comunidad que eliminen las barreras que impiden la participación de los estudiantes en el aprendizaje, aceptando y valorando las diferencias individuales.”.
Por otro lado, Moriña (2010) plantea que la Universidad debe generar contextos inclusivos en los que se elimine cualquier barrera que conduzca a prácticas de exclusión y por consiguiente, no se puede quedar al margen y convertirse en cómplice de prácticas que generan exclusión educativa.
La autora chilena, María Rosa Lissi, refiere que ”La educación inclusiva busca asegurar el derecho a la educación a todos los estudiantes, considerando todas sus características y dificultades individuales permitiéndoles no solo el acceso a estos espacios, sino que también la participación plena en igualdad de oportunidades con sus pares. (Lissi, 2013). En n Chile la legislación vigente en materia de discapacidad, Ley 20.422 establece Normas sobre Igualdad de Oportunidades e Inclusión Social de Personas con Discapacidad. El párrafo 2°, Artículo 39 define que “El Ministerio de Educación cautelará la participación de las personas con discapacidad en los programas relacionados con el aprendizaje, desarrollo cultural y el perfeccionamiento. Las instituciones de educación superior deberán contar con mecanismos que faciliten el acceso de las personas con discapacidad, así como adaptar los materiales de estudio y medios de enseñanza para que dichas personas puedan cursar las diferentes carreras”. (Gobierno de Chile, 2010).
A pesar de la claridad de los antecedentes en materia de legislación, el ingreso de estudiantes con discapacidad al sistema educacional universitario chileno es bajísimo. En el año 2004 el Estudio Nacional de Discapacidad- ENDISC Chile, indica que las personas con discapacidad que han accedido a alguna instancia de Educación Superior, independiente de si la completaron, equivale al 6.6% de las personas con discapacidad. (FONADIS, 2005). El SENADIS, Servicio Nacional de Discapacidad establece que “Solo 1 de cada 15 estudiantes con discapacidad logra acceder a la educación superior en Chile” (ENDISC 2004).
De acuerdo al estudio “Personas con discapacidad y acceso a servicios educativos en Latinoamérica: Breve análisis de situación” (Samaniego de García, 2008), Chile no presenta registros de la cantidad de estudiantes con discapacidad que se encuentran en educación superior, solo sabemos que 1 de cada 20 personas con discapacidad ha tenido acceso alguna vez.
El ENDISC señala, además, que de las personas con discapacidad que han accedido a la educación superior, el 60% no ha logrado completar sus estudios (FONADIS, 2005) lo que nos indica que muchos estudiantes con discapacidad que ingresan al sistema educativo universitario se encuentran con múltiples problemáticas y barreras para finalizar sus estudios. Otro problema importante para los EcD luego del ingreso al sistema universitario; es la permanencia y el logro de la finalización de sus estudios.
La UNESCO declara que “a pesar que el Sistema de Educación Superior chileno ha avanzado en políticas y normativas sobre la inclusión de estudiantes con discapacidad, sigue siendo necesario que las universidades chilenas se enfoquen en el aseguramiento de la permanencia y egreso de sus alumnos con discapacidad” (UNESCO, 2005).
Los antecedentes anteriores nos indican que el acceso, permanencia y egreso al sistema de educación superior de los EcD, es una temática que se encuentra escasamente abordada en las instituciones de educación superior en Chile y a la que definitivamente debemos poner atención.
Cabe señalar que en países como Alemania, Francia, Austria y Reino Unido, la temática de participación de EcD en el contexto universitario está bastante desarrollada. Por poner un ejemplo, “en el Reino Unido todas las Universidades tienen la obligación de contar las herramientas necesarias y barreras arquitectónicas que faciliten a la personas en situación de discapacidad.
En Chile, las cifras señalan que un 6,6% de las personas con discapacidad ha accedido a alguna instancia de Educación Superior, en contraste con el 14,2% de la población chilena que lo ha hecho. Este porcentaje de personas con discapacidad incluye también a aquellos estudiantes que no han terminado sus estudios (Fonadis, 2005).
Sin embargo, estamos caminando hacia la inclusión, donde las casas de Estudios han ido abriendo las puertas a las diferentes personas, aunque falta aún más por seguir trabajando para eliminar barreras.

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