Historia del Lenguaje (apunte)

El lenguaje ha sido motivo de estudio desde la antigüedad. Desde el siglo XIX se ha relacionado el lenguaje con sus bases biológicas, siendo considerado como un producto de la evolución de las especies, con sus condicionamientos históricos, y siendo visto como un producto de cambio sometido a reglas.
Descartes citado por Gómez, P., (1997) decía que “el Lenguaje distingue al hombre del animal y constituye una capacidad innata específica”.

Loke citado también por Gómez, P., (1997) menciona que “El lenguaje se aprende convencionalmente aunque sirve para enunciar y expresar el pensamiento/enfrentamiento entre racionalistas y empiristas.
Los lingüistas han ido más allá del estudio de las lenguas en particular. Sus metas se enfocan a la comprensión de la naturaleza del lenguaje como fenómeno general. El gran parecido que existe entre los comienzos del lenguaje infantil en todas las lenguas parece sugerir que todos los niños tienen igual capacidad para aprender su lengua.
Han existido innumerables teorías sobre el desarrollo y adquisición del mismo, lo que ha llevado a los investigadores a tomar un posicionamiento de acuerdo a sus estudios, descubrimientos y creencias. Tradicionalmente, han existido dos posiciones divergentes frente al campo de la conducta lingüística del ser humano. Los investigadores se han divido en las posiciones racionalistas y las posiciones empiristas.
Según Dale, P., (1980) de un lado se encuentran lo teóricos de la posición empírica, que sostienen que ninguna estructura lingüística es innata, que el lenguaje se aprende únicamente por experiencia. Los niños aprenden el lenguaje mediante principios
generales de aprendizaje que generalmente se consideran iguales a los que existen en muchas especies. Del otro lado se encuentra la posición racionalista o mentalista, la
cual dice que la estructura del lenguaje está en gran medida determinada
biológicamente, en donde la función de la experiencia no es tanto la de enseñar directamente, sino la de activar la capacidad innata, la de convertirla en competencia lingüística (Chomsky 1968).
Existen dos diferencias importantes de considerar en estas dos posiciones. La primera dice que los empíricos sostienen que muy poco de la estructura sicológica es innata, mientras que los racionalistas sostienen que la mayor parte lo es. Los empíricos admiten que hay ciertas habilidades innatas que son relativamente sencillas, poniendo
de ejemplo la habilidad de hacer asociaciones, mientras que los racionalistas no niegan la función de la experiencia, ya que el niño tiene que oír el lenguaje para poder aprender a hablar, para finalizar hablando la lengua del grupo lingüístico al que
pertenece.
La segunda diferencia entre estas posiciones dice que para los empíricos el niño no posee ninguna habilidad especial para aprender el lenguaje, ya que solo posee habilidades generales para el aprendizaje. El lenguaje es inducido por medio de las experiencias, los racionalistas opinan que el ser humano posee la facultad especial para aprender el lenguaje.
Descartes en el siglo XVII (1955) estaba conciente de que el lenguaje es específico de la especie y uniforme a la especie, ya que es una posición común de todos los seres humanos. Dale (1980) cita las palabras de Descartes, las cuales dicen que:
“… es extraordinario el hecho que no exista nadie tan estúpido, ni
siquiera los idiotas, que no pueda juntar diferentes palabras para
formar con ellas un enunciado que exprese su pensamiento;
mientras que por otro lado, no existe ningún otro animal, por
perfecto que sea, o por propicio que sea el ambiente en que se
encuentre, que pueda hacer lo mismo”.
En cuanto al carácter específico como el uniforme del lenguaje se puede decir que son compatibles con la hipótesis del innatismo. La naturaleza del lenguaje infantil según McNeill (1970) citado por Dale (1980) propuso que la identidad esencial con que se enfrenta el niño para aprender el lenguaje supone que el niño es un lingüista práctico que hace uso de universales lingüísticos recreando el lenguaje, y al hacerlo lo impregnan de rasgos correspondientes a sus capacidades innatas. Al respecto Chomsky citado por Dale (1980) sostiene que las propiedades universales abstractas del lenguaje representan de por sí un argumento a favor de la teoría racionalista del lenguaje.

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