Fundamentos neurocientíficos de los principios del DUA.

La década de 1990 se caracterizó, entre otras cosas, por avances tecnológicos (PET scan, qEEG, fMRI) que han hecho posible encontrar muchas evidencias que permiten conocer la estructura del cerebro y comprender su funcionamiento de forma global y localizada durante el aprendizaje (Rose y Meyer, 2000).

Las ciencias dedicadas al estudio de la estructura y funcionamiento del cerebro, conocidas como neurociencias, han arrojado mucha luz acerca de cómo se comporta el cerebro durante el proceso de aprendizaje. Así, se ha concluido que existe una diversidad cerebral y una diversidad en el aprendizaje.

Cómo es y cómo funciona el cerebro humano
Los estudios evidencian que el cerebro posee una estructura modular, esto es, se compone de diversas regiones o módulos, cada uno de los cuales está especializado en tratar distintos aspectos de la realidad. Por ejemplo, el color de un objeto se procesa en un módulo, mientras que la forma se procesa en otra región diferente. Del mismo modo, en función de la tarea que se pretenda realizar, se activarán unos determinados módulos u otros, lo que implica que el aprendizaje se distribuye en torno a diferentes regiones. Los módulos, además, trabajan en paralelo, activándose de forma simultánea para tratar todos los elementos de un mismo estímulo.
Las investigaciones no solo explican la forma en la que funciona el cerebro, sino que también ponen de manifiesto la diversidad neurológica existente entre las personas. Hay diferencias en la cantidad de espacio del cerebro que ocupa cada módulo, en función de las personas. Asimismo, se encuentran divergencias interpersonales en cuanto a los módulos implicados para la resolución de una misma tarea. Todas estas diferencias suponen una evidencia neurocientífica de la diversidad del alumnado en relación con el aprendizaje. “No hay dos cerebros totalmente iguales; por tanto, no hay dos alumnos que aprendan de la misma manera” (Alba, Sánchez y Zubillaga, 2015: p. 12).
Apoyándose en estos estudios, los investigadores del CAST pudieron establecer que, dentro de la compleja red formada por una infinidad de conexiones neuronales que comunican las distintas áreas cerebrales, existen tres tipos de subredes cerebrales que intervienen de modo preponderante en el proceso de aprendizaje y que están especializadas en tareas específicas del procesamiento de la información o ejecución (Rose, 2006; Rose y Meyer, 2002).
El funcionamiento de cada una de estas subredes es distinto en cada persona. Así, hay quienes reconocen y procesan mejor la información por la vía auditiva que por la visual y viceversa; otros serán buenos al diseñar estrategias, pero no al ejecutarlas o evaluarlas; habrá algunos que aprenderán mejor mediante ensayo-error, practicando, mientras que otros asimilarán mejor los contenidos de forma vicaria (a través de modelos). Del mismo modo, no todo el alumnado se motivará de igual forma y presentará diferencias en el modo de implicarse en su propio aprendizaje.
CAST (2011) explica el DUA como un marco profundamente enraizado en las ciencias del aprendizaje y en las neurociencias. Se funda en el mapeo de tres redes cerebrales —reconocimiento, estrategia y afecto— que aclaran las creencias sostenidas por mucho tiempo, sin perjuicio de ser incorrectas, respecto de los tipos de aprendices.
La identificación de estas tres redes cerebrales, junto a la evidencia de la variabilidad interpersonal en el funcionamiento de las mismas, sentó las bases sobre las que se construyó el marco del DUA. Se definió un principio que había que tener en cuenta para cada una de las redes al diseñar el currículum (CAST, 2011):

a) Las redes de reconocimiento se especializan en percibir la información y asignarle significados. Las redes de reconocimiento constituyen el “qué” del aprendizaje o cómo los individuos hacen sentido de la información. En la práctica, estas redes permiten reconocer letras, números, símbolos, palabras, objetos…, además de otros patrones más complejos, como el estilo literario de un escritor y conceptos abstractos, como la libertad.

b) Las redes estratégicas se especializan en planificar, ejecutar y monitorizar las tareas motrices y mentales. Constituyen el “cómo” del aprendizaje o cómo los individuos son capaces de monitorear sus procesos. Es a través de ls redes estratégicas que examinamos cada tarea mental en la que nos comprometemos. En la práctica, estas redes permiten a las personas, desde sacar un libro de una mochila hasta diseñar la estructura y la escritura de un comentario de texto.

c) Las redes afectivas se especializan en asignar significados emocionales a las tareas. Constituyen el “por qué” del aprendizaje o cómo los individuos conectan su emoción con la tarea que tienen al frente. Este tipo de redes son más complejas que las otras dos, lo que indica la importancia de las emociones y el compromiso durante el aprendizaje. Aunque se distinguen estos tres tipos de redes por separado, ellas trabajan al unísono entodas las acciones que llevamos a cabo como seres humanos. En la práctica, estas redes están influidas por los intereses de las personas, el estado de ánimo o las experiencias previas.

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