Funciones de la Evaluación (apunte)

Las características mismas de los procesos evaluativos traen como consecuencia una notable movilización por parte

de todos los sujetos que de una u otra manera se ven involucrados en ellos. Por esto, es necesario considerar en términos generales quiénes son los sujetos intervinientes de una y otra forma en las acciones evaluativas y generar entre ellos, cierta base de consenso y aceptación. Esto contribuye a evitar la resistencia propia que generan este tipo de acciones, en parte debido a la endeble cultura evaluativa que en general se observa. La comunicación profunda sobre las finalidades de las acciones al evaluar, los procedimientos predominantes, la utilización de los resultados, la difusión de los mismos, son estrategias que promueven una mayor aceptación entre los involucrados.
La relevancia y oportunidad son, definitivamente, dos requisitos básicos para que las acciones de evaluación tengan significación. La relevancia se refiere a la centralidad del o los objetos de evaluación, es decir, la complejidad de un proceso de evaluación se justifica en la medida en que se lleve a cabo alrededor de problemas, aspectos o fenómenos relevantes. En el mismo sentido, la oportunidad es la cualidad que presenta la ubicación temporal (cuándo), adecuada al proceso de evaluación y en especial a sus resultados. Un proceso de evaluación exitoso lo es en buena medida, en tanto sus resultados se encuentren disponibles en el momento adecuado, para incidir en la toma de decisiones y en los procesos de gestión en forma oportuna.
La evaluación se rige por una serie de principios que señalaremos a continuación:

Integral: La evaluación forma parte de todo el proceso educativo.

Continua: Se da en todo el proceso enseñanza-aprendizaje (E-A). Durante el diagnóstico, durante el proceso y al finalizar éste.

Cooperativa: Comprende a todos los que participan en el proceso educativo.

Cuantitativa y Descriptiva: La cuantificación o asignación de números durante el proceso educativo, en muchos casos requiere que algún docente realice una rigurosa descripción de los comportamientos de los alumnos, para obtener información sobre otros aspectos relevantes del proceso.

Acumulativa: La evaluación debe considerar los resultados de las evaluaciones previas a fin de determinar su efecto sobre lo sucesivo.

Funciones de la evaluación: La finalidad u objetivo de la evaluación (¿para qué evaluamos?) es uno de los ejes centrales, junto con definir el objeto que será evaluado. El proceso de evaluación, identifica algunas finalidades principales, las que no necesariamente se plantean como excluyentes, pero sí determinan opciones metodológicas diferenciables.
Partiendo de la consideración de la evaluación como un proceso eminentemente continuo y holístico por un lado, y teniendo en cuenta que mide también (fundamentalmente al final de ciclo o de etapa) los aprendizajes realizados por los alumnos con la finalidad de relacionarlos con contenidos posteriores, se pueden plantear como funciones de la evaluación, las siguientes:

Diagnóstico

Orientación

Motivación

Control-Calificación

Promoción

Acreditación

Certificación

Selección

Función de Diagnóstico: Se trata de disponer de información significativa y suficiente que facilite una visión de conjunto, a partir de la cual se pueda realizar la valoración de la calidad del proceso educativo que está siendo desarrollado por un colectivo concreto y un contexto determinado, de manera que se pueda obtener un conocimiento lo más riguroso posible sobre la congruencia de los objetivos educativos propuestos, la utilidad de los métodos manejados y de la organización escolar y sobre el rendimiento de los alumnos.
La información, consecuencia del diagnóstico, se ienet que reflejar en decisiones que permitan corregir, apoyar, modificar y perfeccionar el funcionamiento del proceso y, en consecuencia, la calidad de los resultados. La evaluación así entendida, permitirá por un lado al alumno, mejorar su proceso de aprendizaje y, por otro, permitirá al profesor, introducir, cuando ello sea preciso, los cambios necesarios en su propia práctica.

Función de Orientación: La evaluación ha de servir tanto a los alumnos como al profesor para valorar el trabajo realizado y reconducirlo hacia las metas previstas, por lo que actúa con un criterio de mejora. Al evaluar se trata no sólo de reconocer las deficiencias, sino también de orientar para su superación. Así, la evaluación entra a formar parte del propio proceso educativo, precisando y orientando respecto a las dificultades encontradas, de manera que se hace palpable la finalidad de la misma en lo que supone toma de decisiones que orientan permanentemente el proceso para, en caso de ser necesario, corregir los objetivos propuestos. Lo más característico de la evaluación, en este sentido, es que puede suponer el procedimiento más eficaz para el aprendizaje. La fu nción orientadora de la evaluación permite que el alumno sea consciente de su aprendizaje y, por lo tanto, se implique más en él, a la vez que también ayuda al profesor en su enseñanza y en sus estrategias didácticas concretas. De esta manera, la evaluación actuará como un elemento facilitador de la mejora de los procesos de enseñanza-aprendizaje, al proporcionar información útil para decidir qué actividades de apoyo y refuerzo son más adecuadas para reconducir las prácticas y rentabilizar los esfuerzos. Cuando la evaluación desempeña una función orientadora, la recuperación deja de ser un ejercicio mecánico y de sanción, para convertirse en una acción de apoyo que, en definitiva, reorienta al alumno para que alcance el mayor rendimiento en su trabajo y encuentre la máxima satisfacción en la realización de sus tareas.

Función de Motivación: Solamente si el alumno es capaz de conocer sus avances y dificultades, participará motivado en el aprendiz aje. Es, por lo tanto, necesario que, bien desde los resultados, pero no sólo desde ellos, el profesor estime el trabajo de sus alumnos aumentando su confianza en sus propias capacidades.

Función de Control y Calificación: El proceso de evaluación implica una calificación final expresada en las notas escolares, diplomas y títulos que certifican que el alumno está o no capacitado en determinados aprendizajes. Tradicionalmente, la valoración del aprovechamiento, era la única finalidad de la valuación. Sin embargo, esto no es suficiente, la evaluación continua lleva implícito un nuevo concepto de rendimiento, enfocado hacia la orientación adecuada del alumno, con lo que queda excluida la necesidad del examen final. Admitir la función de control que realiza la evaluación no significa que se esté confundiendo evaluación con calificación. El proceso evaluador presupone que el profesor integra todos los datos que tiene sobre el alumno, sean cualitativos o cuantitativos, los compara con los objetivos propuestos determinando hasta qué punto éstos se han logrado y expresa esa valoración. El símbolo que se utilice para ello, dependerá del código establecido. El que de alguna manera el profesorado se vea obligado, por medio de boletines de notas, expedientes, actas, etc., a traducir en un código el resultado de la evaluación, no debe llevar a posturas en las que la calificación se hace como promedio de puntuaciones, pues promediar no califica. Para que haya calificación es necesario que haya evaluación, es decir, que se integren todos los datos y se analice la totalidad en función de los objetivos.

Función de Promoción: La evaluación de los alumnos, entendida como valoración final de una parte del proceso de aprendizaje y como apreciación del grado en que se ha logrado el desarrollo de las capacidades previstas, está vinculada a la promoción de los alumnos de un ciclo o curso al siguiente, o al cambio de etapa. Pero es la evaluación, no la calificación promediada, el referente de la promoción, esto es, de la decisión de pasar de un curso a otro, de un ciclo a otro o de una etapa a otra. En el momento de determinar qué alumnos son promovidos y cuáles no, entran en juego muchos factores de tipo cualitativo, se tiene en cuenta el esfuerzo del alumno, su capacidad, pero también es conveniente que el colegio, desde su PEI plantee los objetivos que se entiende como referentes mínimos a ser alcanzados por todos los alumnos. Evidentemente, ello obliga más que nunca a una evaluación integral. Sistematizar esta función de al evaluación, significa para el colegio:

Marcar los referentes básicos para la evaluación del proceso de aprendizaje: objetivos generales de etapa, ciclo o áreas. Conjunto de capacidades relacionadas con los objetivos. Criterios de evaluación que permitan valorar el grado de adquisición de esas capacidades y de los contenidos relacionados con ellas.

Establecer los procedimientos para la evaluación: Sesiones de evaluación para valorar los aprendizajes. Anotación de la información respecto a la decisión de promoción o no. Medidas educativas complementarias encaminadas a contribuir a que el alumno alcance los objetivos programados. Información a los alumnos y a las familias.

Función de Acreditación: El proceso evaluador dentro de la enseñanza, tiene también una función acreditativa en lo que supone constatar los años cursados, las calificaciones obtenidas. En estos casos, el énfasis está puesto en las consecuencias que los resultados de la evaluación tienen para el individuo o la institución objeto de evaluación, ya que de su resultado depende la continuidad de los estudios para un sujeto (al egresar de 4to. Medio se acredita o certifica que ha aprobado satisfactoriamente los ramos hasta allí cursados) o la interrupción parcial de su carrera escolar; y en el caso de las instituciones, la posibilidad de seguir brindando un servicio o cerrar temporal o permanentemente dicha institución.

Función de Certificación: El resultado del proceso evaluador también tiene repercusiones en lo que supone una certificación de los estudios realizados.

Función de Selección: pone el énfasis en la utilidad que tiene la información producida por la evaluación con propósitos de selección; un ejemplo claro de esto son los exámenes de ingreso a diferentes instituciones educativas cuyos aspirantes superan el número de vacantes disponibles. En estas circunstancias, se opta por alguna estrategia de evaluación que con frecuencia se justifica adjudicándole un valor pronóstico a estos resultados (Elola y Torazanos, 2000).

En definitiva, la evaluación es de suma utilidad tanto para los profesores como para los alumnos.
Al profesor, la evaluación le ayuda a:

Conocer el logro de los objetivos; y los problemas presentados en el proceso.

Tomar decisiones para modificar o mantener las diversas etapas del proceso.

Recopilar información valiosa sobre el proceso enseñanza-aprendizaje.

Generar una actitud de autoevaluación.

A los alumnos la evaluación les ayuda a:

Conocer sus puntos más débiles.

Darse cuenta de su propio progreso.

Estimularse.

Generar actitudes de autoevaluación.

Dicho de otra manera, podemos decir que la evaluación se orienta entre otros aspectos a:

Conocer los logros y avances que presenta cada alumno en relación a los objetivos planteados.

Conocer los procedimientos que utilizan los niños para aprender, cómo los aprovechan para una mejor comprensión de los tópicos de aprendizaje y el tipo de errores que cometen.

Conocer el grado de adecuación de las estrategias pedagógicas empleadas.

Identificar las necesidades educativas de los alumnos, para tomar oportunamente medidas pedagógicas que favorezcan el aprendizaje de los niños(as).

Permitir que los alumnos conozcan sus propios rendimientos, comprendan la complejidad de las tareas emprendidas e identifiquen en sus propias capacidades, medios para reforzar, mejorar o consolidar aprendizajes.

Es importante, además, tener claridad sobre todos los aspectos que intervienen en la evaluación y como éstos se integran en un proceso complejo, para lo cual podemos utilizar un esquema de evaluación, el que nos ayudará a orientar de forma coherente el desarrollo de este proceso hacia el objetivo. Esta pauta especifica las actividades que se desarrollarán durante la evaluación y responde a interrogantes básicas tales como: ¿Qué?, ¿Cuándo?, ¿Cómo?, ¿Con qué? ¿Qu?

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