Familia Chilena (información)

Para la gran mayoría de las personas, la familia es considerada el espacio privilegiado para desarrollarse, para dar y recibir afecto, para

transmitir la cultura, para adquirir habilidades sociales y emocionales básicas, para cometer y aprender a enmendar errores, para sentirse seguros o acompañados frente a las dificultades y para aprender sobre un conjunto de valores que tienen que ver con la identidad, la lealtad, la compasión, la tolerancia, la solidaridad, la honestidad, el compartir y el dar y recibir afecto, entre otros (Aylwin y Solar, 2002).
Por lo mismo, es importante dar una mirada a algunos de los cambios que la sociedad chilena ha experimentado en los últimos años y que dicen relación con la familia.
Junto con afectar sus funciones, el proceso de modernización ha generado dentro del núcleo familiar, cambios tanto funcionales como estructurales, es por esto que resulta importante hacer una detención a continuación en las principales tendencias de cambio que es posible ver en la familia chilena, según Aylwin y Solar, 2002:

Tendencia a la nuclearización

Disminución del número de hijos

Aumento de los hijos nacidos fuera del matrimonio

Aumento de los hijos nacidos fuera del matrimonio

Creciente participación laboral de las mujeres

Indicios de cambios en el rol tradicional del hombre en la familia

Aumento de la jefatura de hogar femenina

Envejecimiento de la población

Creciente impacto de los medios de comunicación de masas

Aumento de la diversidad de las familias

Creciente conciencia de la dignidad de los niños y de sus derechos en la sociedad

Para las autoras, los cambios sociales no afectan de la misma forma a todas las familias, sino que estas varían enormemente en su reacción a ellos.
Señalan, que las variaciones más importantes están relacionadas con la posición de la familia en la estratificación social. En general, existe evidencia de que la estabilidad, el nivel de vida y la calidad de vida familiar están inversamente relacionados con la clase social y estas diferencias son tan significativas en Chile, que se puede decir muy poco de la familia chilena en general, sin especificar el estrato social de la familia que se está́ describiendo.
Así entonces, no existe un único tipo de familia chilena. Las profundas desigualdades sociales existentes en la sociedad y los mundos tan diversos en que las familias se desenvuelven en su vida cotidiana, hace que no sea posible agruparlas construyendo un modelo común (Morales,1999).
Para el autor, las condiciones de vida en que se desenvuelven las familias ubicadas en el estrato bajo son tan precarias que asumen el máximo costo de los cambios sociales y deben realizar cotidianamente un esfuerzo desmesurado para cumplir funciones que debieran ser resueltas socialmente. Dicho esfuerzo se agota en la puesta en práctica de formas alternativas que corresponden a la búsqueda de estrategias de supervivencia que, si bien demandan formas nuevas de comportamiento social, llevan implícita una limitación que se deriva de que en el mejor de los casos permiten sobrevivir, más no vivir plena y satisfactoriamente.
Frente a la afirmación de que la familia estaría en crisis, Montenegro, 1995, afirma que quienes postulan lo anterior no hacen más que transformar a la familia en un chivo expiatorio de una disfunción societal mucho más grave en la relación entre el microsistema social y el microsistema familiar. Esta disfunción se genera debido al creciente mayor poder e influencia del microsistema social y al debilitamiento acelerado del microsistema familiar. Con ello se ha debilitado la capacidad de influencia reciproca que existió́ en otras épocas y con frecuencia creciente, este desequilibrio es fuente de frustración, desesperanza y resentimiento por parte de los individuos que componen la familia en la actualidad, dado que el microsistema no solo ha dejado de fortalecer a la familia, sino que genera influencias negativas que contribuyen a su desintegración.
Apoyando lo anterior, Salud y Mauras, 1998, señalan que se ha perdido la directa direccionalidad que existía en el pasado entre Estado y familia como consecuencia de la creación de múltiples instancias mediadoras entre ambos: escuela, organizaciones de bienestar social, recreativas, etc. Esto ha dejado a la familia en una situación de indefensión al mismo tiempo que se le exige cumplir la principal función en la sociedad: ser educadora del amor, pero no se le apoya ni se le otorgan las herramientas para cumplir esta misión.
Lo anterior no debe conducir al extremo de considerar a la familia como una víctima incapaz de reaccionar frente a las situaciones que la afectan. Por el contrario, está demostrado que la mayoría de las familias cuentan con recursos internos que les permiten mantener su unidad e identidad en medio de situaciones adversas y cambiantes, y esos recursos pueden ser reactivados y fortalecidos a través de una ayuda adecuada.
Los cambios que se han sucedido y aquellos que se están produciendo en las familias chilenas, según Aylwin y Solar, 2002, reflejan al mismo tiempo el impacto de las transformaciones producidas en ellas por el proceso de modernización y las respuestas que las propias familias han ido generando para adecuarse a las nuevas situaciones que se les presentan. Es esta la perspectiva desde la cual se podría considerar la realidad de la familia en nuestro país, que en gran medida refleja la situación de la familia latinoamericana.
Para estas autoras, un rasgo importante que se observa en las familias chilenas es la mayor duración del ciclo de vida familiar, lo que es generado por el aumento de la esperanza de vida en hombres y mujeres.
Según Reyes y Muñoz, 1993, considerando las medianas de edad, el ciclo típico de la familia en Chile es de 52 años. El matrimonio se inicia cuando el hombre tiene un promedio de 25.5 y la mujer 23,4 años de edad. El periodo de crianza de los hijos se prolonga casi por 28 años hasta que el ultimo hijo deja el hogar familiar. Los padres que quedan solos viven juntos por un promedio de 15 años más, que se alarga para la mujer que queda viuda, la que vive en promedio otros 9 años.

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