Evaluación y Detección Precoz de los Trastornos del Lenguaje en el Niño

A continuación, revisaremos una serie de factores que permiten detectar dificultades en el lenguaje.
• Factores Relacionados con el Niño
Para que el niño

desarrolle el lenguaje, debe tener desde su nacimiento estructuras neuromotrices, sensoriales y mentales normales, y conservarlas a lo largo de su desarrollo.

a) Factores Auditivos:
Es indispensable una buena audición para una buena recepción del mensaje hablado. La ausencia de aparición del balbuceo y del lenguaje a una edad determinada, deberá sistemáticamente hacer presumir una (hipoacusia) importante (hipoacusia de percepción de 70 db. o más) e investigarla.
Pero toda patología del oído, tales como otitis, cero-mucosa u otra, que conlleve una pérdida auditiva bilateral duradera de 30 db o más, puede tener repercusiones en la iniciación y el desarrollo de balbuceo y del lenguaje, es decir, mala percepción de los fonemas, imprecisiones articulatorias, lentitud de asimilación, entre otras.
Estas repercusiones son más importantes desde el momento en que existen factores de riesgo asociados. Por orden de frecuencia de aparición, las deficiencias auditivas por patología infecciosa e inflamatoria corriente están en primer lugar, antes que las sorderas de percepción y las sorderas de transmisión ligadas a malformaciones congénitas del oído.

b) Factores Morfológicos:
Al igual que la integridad morfológica y funcional de la esfera oro-facial, es indispensable para un buen desarrollo de la palabra y del lenguaje: una insuficiencia velar con o sin división palatina, un velo corto, una campanilla bífida, una faringe profunda, una hipotonía buco-linguo-facial pueden retrasar y/o perturbar la elaboración de los movimientos de articulación y alterar la calidad de la voz.

c) Factores Visuales:
Ver bien es fundamental para la organización de la comunicación. Las miradas recíprocas desencadenan y mantienen la comunicación. Las expresiones del rostro y los gestos acompañan naturalmente al lenguaje.

d) Factores Neurológicos y Cognitivos
Una integridad neurológica y las suficientes capacidades intelectuales, son indispensables para el desarrollo del lenguaje.
Las habilidades cognitivas y las competencias lingüísticas están estrechamente ligadas. Por ejemplo, identificaremos las dificultades prácticas de los niños con insuficiencia motora cerebral, las dificultades de estructuración del lenguaje de los niños con encefalopatías, los trastornos cognitivos de los niños disfásicos.

e) Factores Ligados a la Calidad de las Interacciones Padres-Hijos:
El niño se comunica antes de saber hablar, a través de la mímica, sonrisas, voz, llanto. Esta aptitud es particularmente importante en la medida en que prefigura la función social del lenguaje. Desde las primeras semanas de vida, la madre considera a su bebé como un verdadero interlocutor al que atribuye intenciones de comunicación.
Los gritos, la vocalización, la mímica y los movimientos no verbales, son interpretados por la madre como que tienen sentido. La madre es muy receptiva a todos estos comportamientos y responde de manera verbal y/o mimo-gestual.
Esto tiene por efecto reforzar algunas actitudes del bebé, actitudes que, retomadas por la madre, son insertadas en una “conversación” donde el bebé experimenta alternativamente los tiempos de palabra y de escucha.
Desde los primeros meses, el niño multiplica experiencias perceptivas a través de lo que ve, de lo que entiende, de lo que toca, de lo que huele y de lo que prueba. Sus padres, al comentar sus experiencias, le ayudan a organizar su entorno, su relación con las personas, los objetos y las acciones.
A medida que el niño se vuelve más hábil en el pla no motor, van surgiendo los nuevos comportamientos interactivos y mentales.
Entre los comportamientos no verbales manifestados por los bebés, el apuntar con el dedo aparece a la edad de los nueve meses. Hacia los doce meses, este comportamiento ha adquirido una función social de comunicación. A esta edad, el niño apunta con el dedo, con la intención de atraer la atención de la madre sobre ciertos elementos del entorno.
La madre responde nombrando al objeto o el acontecimiento apuntado con el dedo por el bebé “sí, es el perro, ¿qué hace el perro?, Oh, el perro está comiendo, tiene hambre” etc.
Este procedimiento que permite a la madre y al niño estar “en la misma sintonía”, es la base de todo diálogo futuro, ya que para que ést e se desarrolle eficazmente, ambos interlocutores deben atraer su atención en un objeto o un acontecimiento común para poder “hablar” sobre ello juntos, es lo que denominamos atención conjunta.
Siguiendo el desarrollo, el niño está en disposición de experimentar comportamientos sociales cada vez más amplios o sof isticados sobre los planos motores, de relación y cognoscitivos.
Los procesos de adaptación de la madre a los comportamientos del bebé, que son totalmente inconscientes, permiten de esta forma, en todas las etapas del desarrollo, un ajuste progresivo.
El papel de la madre, en esta fase, es esencial. Es precisamente en su capacidad de dejarse guiar por el bebé donde reside la comunicación prelingüística.
Ésta constituye un marco propicio para el desarrollo del lenguaje, ya que es en este contexto privilegiado de diálogo y de placer compar tido que las primeras vocalizaciones serán interpretadas por la madre y a dquirirán sentido.
Las interacciones precoces son un pre-requisito para el desarrollo del lenguaje, pero no son suficientes para guiar al niño hacia la asimilación de un sistema lingüístico.
El desarrollo del lenguaje supone la integridad de las capacidades sensoriales y cognitivas del lactante. Las primeras palabras aparecen entre los doce y los dieciocho meses y hacia los veinticuatro meses, la mayoría de los niños empiezan a combinar dos palabras para formar sus primeras frases.

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