Etapas en el Desarrollo de la Lectura en Personas Ciegas (apunte)

Si bien es cierto existe una serie de etapas previas para llegar a la lectura, en

muchos casos las personas ciegas que están adquiriendo este proceso no pueden pasar por todas las etapas mencionadas.
 

Etapa Logográfica:

Esta etapa se da durante los 4 y 5 años aproximadamente, en donde el niño logra identificar de manera global algunas palabras que le son familiares, ya sea por su forma, su contorno o el contexto en el que se producen. Lo mismo ocurre con los letreros de algunas marcas de bebidas, dulces, con su propio nombre, con los nombre de los dibujos animados que más le gustan, revistas, afiches y otros elementos gráficos que le puedan interesar y que visualice de manera frecuente.

Así, Frith (1989) señala que en esta etapa los niños solo reconocen palabras que les son muy familiares, asociándolas con imágenes enteras. Asimismo señala que cuando se les presenta una palabra desconocida o pseudopalabra, son incapaces de leerla.

Este reconocimiento se produce con las palabras familiares mientras estas conserven su contexto y disposición normal o diaria. De esta forma, el niño logrará identificar siempre el letrero de una bebida, por ejemplo, mientras esté en el envase de siempre, pero no lo podrá hacer si cambia el contexto y cambia el tipo de letra o color asignado. Por lo tanto, el reconocimiento es igual al de objetos o afiches que usualmente visualiza.

En este momento el niño logra establecer una relación entre el lenguaje escrito y el oral. Para todo lo anterior, siempre será necesario que otro lector le facilite los espacios de aprendizaje y su proximidad con el entorno letrado. En esta etapa el niño aún no puede segmentar o descifrar las secuencias gráficas, si bien logra identificar algunas letras, aún no ha aprendido a leer, situación que a veces suele confundir a quienes están cerca de él.

Esta etapa puede fortalecerse para dar paso a la siguiente, por medio de actividades que permitan ir reconociendo más etiquetas y afiches distintos, ya sea ir identificando su propio nombre, el nombre de sus familiares, de animales, etc., siempre acompañados de un dibujo que los represente, lo cual permite reforzar el concepto con un apoyo gráfico significativo. Asimismo, las actividades de jugar a segmentar o cortar palabras, realizar rimas y cantar canciones en donde los niños enfaticen la pronunciación de algunos fonemas, permiten reforzar y afianzar dificultades anteriores (González, 2003).

En el caso de los niños ciegos esta etapa se anula ya que es imposible que puedan observar algún logo o que se le pueda adaptar, sin embargo, se puede asociar una marca que pueda escuchar con alguna figura representativa en relieve y una vez adquirida la asociación agregar una palabra en braille escrita en forma separada, ejemplo “auto” en braille sería “a  u  t   o”.

 

Etapa Alfabética:

 

De acuerdo a la clasificación que establece Frith (1989), la fase alfabética se caracteriza por que el niño va tomando conciencia de que las palabras están formadas por unidades fónicas y que a cada unidad le corresponde una representación gráfica o grafema. Con esta capacidad, el niño puede comenzar a segmentar las secuencias sonoras e ir asociando los distintos fonemas con su correspondiente grafía. En esta etapa es cuando el niño logra desarrollar la conciencia fonológica o capacidad que tiene de poder darse cuenta de que las palabras están compuestas por una secuencia de sonidos básicos, y que cada uno de estos sonidos está representado por una letra o grafema; es este reconocimiento y dominio eficiente el que le permitirá descifrar el código escrito.

Esta etapa se desarrolla, por lo general, entre los 4 y los 6 años, en donde habilidades como la percepción y discriminación visual del niño, se van agudizando para permitirle diferenciar las distintas configuraciones gráficas que darán paso a la lectura fluida.

Durante este proceso de adquisición de la conciencia fonológica, el niño logra la capacidad de interpretar y relacionar los significados de las distintas combinaciones de letras que representan a los fonemas, según sea su secuenciación.

Asimismo, es importante que el niño logre desarrollar la habilidad de leer palabras con la cadencia y el ritmo necesarios para adjudicarles significado, elementos que luego constituirán la adecuada fluidez y calidad lectora del niño.

Esta etapa necesita que el niño ponga su mayor esfuerzo, ya que debe poner en marcha múltiples habilidades cognitivas y motrices. Por lo mismo, la figura de los padres y profesores es muy relevante para motivar, estimular y potenciar el mejor desarrollo posible.

En el caso de los niños ciegos se da un poco más tarde ya que se deben ir afianzando otros factores para lograr la adquisición de la lectura, por ejemplo el desarrollo motriz de la yema de los dedos índices, los cuales luego permitirán poder leer. Es importnate que en esta etapa también se le enseñe la forma de escribir y leer la letra en  braille, utilizando la  secuencia que se recomienda para que sea más  fácil el proceso.

Algunas actividades que permiten favorecer la superación de esta etapa, son (Defior, 1996):

  • Reconocimiento de rimas, ritmo y versos sin sentido
  • Segmentación de las palabras en sus sílabas
  • Identificación de los fonemas iniciales de las palabras
  • Conversaciones metalingüísticos sobre los sonidos que componen el lenguaje
  • Efectos de añadir y omitir los fonemas iniciales de las palabras
  • Segmentar palabras en sus fonemas con palabras de dos fonemas – Segmentar palabras en sus fonemas con palabras de tres fonemas – Sintetizar o combinar fonemas para formar palabras.

Es importante, también, proporcionar material de apoyo que favorezca la motivación y estimulación del niño ciego, imagen en relieve más una letra en braille.

 

Etapa Ortográfica:

Los lectores competentes son capaces de identificar a simple vista una gran cantidad de palabras sin necesidad de ir decodificando una a una. Es de esta forma que, mientras más palabras los niños vayan leyendo, revisando y repitiendo, más rápido podrán identificarlas en otros contextos y percibirlas sin necesidad de tener que decodificarlas siempre. Según Frith (1989), esta habilidad aumenta espectacularmente a partir de los 7 u 8 años, siempre que los niños practiquen la lectura con regularidad.

En el caso de que un niño no logre superar adecuadamente esta etapa, tendrá como resultado una lectura lenta y con baja comprensión, puesto que su atención estará focalizada en decodificar y no en comprender el significado global del texto que lee; en este caso muchas veces los niños ciegos que están en esta etapa la lectura va a ser más lenta y escasamente se logre una comprensión. En cambio, si el niño logra superar la etapa alfabética, será capaz de desarrollar las estrategias necesarias para reconocer de manera rápida y automática las letras y las unidades sintácticas con sentido. El niño ya no estará accediendo a la lectura como en la etapa logográfica, sino que estará desarrollada su habilidad para percibir automáticamente la composición de las palabras en distintos contextos (y con distintos tipos de letras) y con capacidad de detectar posibles errores, como pueden ser supresiones o añadidos de letras, alteración del orden de secuenciación, etc.

Es importante siempre potenciar la lectura en braille ya que es la única manera que el niño logre una buena comprensión, en un inicio es clave que la lectura sea con línea  intercalada y una vez afianzado este punto se puede utilizar la línea continua, pero los tiempos pueden ser más de lo habitual principalmente por la agilidad de desarrollar la motricidad fina en los dedos que permiten la lectura y en la percepción que llega al cerebro por este medio.

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