Enfoque desde la Educación para Todos

La educación es un bien específicamente humano que surge de la necesidad de desarrollarse como tal, por lo cual, todas las personas tienen derecho a acceder a ella.

La persona es un ser inconcluso que necesita ayuda y educación a lo largo de la vida. Como señala Savater, “los humanos nacemos siéndolo ya, pero no lo somos del todo hasta después”.
La educación es a la vez un proceso que se desarrolla tanto en sociedad como de manera individual, esta idea se puede englobar en el concepto de “construcción de sujeto”. Si se considera el desarrollo humano como un proceso mediante el cual el individuo adquiere la cultura, se podrá decir que es un proceso social porque trata de asegurar que los individuos asimilen la cultura socialmente organizada, y se podrá decir que es un proceso individual debido a que cada individuo se construye a sí mismo como sujeto en el contexto de dicha cultura. Incluso, es posible afirmar que el fin último de todo proceso de socialización es apoyar los diversos proyectos individuales y de construcción del sujeto. Se podría señalar, por tanto, que la educación es el nexo de unión entre la cultura socialmente organizada y el desarrollo individual.
Una de las funciones de las que se debe ocupar la educación consiste en que la humanidad pueda dirigir totalmente su propio desarrollo. Es más, por medio de la educación se deberá lograr que cada persona se responsabilice de su propio destino, con la finalidad de ayudar a que la sociedad en la que vive progrese, aunque dicho progreso no será satisfactorio si no está fundamentado sobre la base de la participación responsable tanto de las personas como de las sociedades.
El formar a un ser humano involucra una relación entre los procesos de aprendizaje (generación de conocimientos específicos) y los de desarrollo (formación del sujeto como persona y de sus procesos mentales). Por consiguiente, la educación no consiste sólo en la relación entre enseñanza y aprendizaje, sino también en la relación de ésta con el desarrollo. En este sentido, los aprendizajes no son el fin último de la educación, sino un medio al servicio del desarrollo de la persona, por lo que la educación especial se debe preocupar no tan solo de entregar conocimientos a los niños, sino también de permitirles integrarse a la sociedad.
La condición que sitúa a la educación como un derecho básico de todo ser humano, se estableció en la Declaración Universal promulgada en el año 1948, y ha sido reafirmado en la Convención sobre los Derechos del Niño, la cual ha sido ratificada casi universalmente y, en Chile, tiene fuerza de Ley con rango constitucional. Sin embargo, todavía existen en el mundo millones de personas para quienes no se ha hecho efectivo este derecho. Por este motivo en el año 1990 se llevó a cabo la Conferencia Mundial de Educación para Todos, en esta reunión se logró que por primera vez los dirigentes mundiales comenzaran a enfrentar el desafío de luchar contra la exclusión.
Diez años más tarde, en el Foro Mundial sobre Educación, realizado en Dakar, se concluyó que, a pesar de la potente agenda de equiparación de oportunidades desarrollada por el movimiento de Educación para Todos, por parte de los gobiernos y las agencias, aún se estaba muy lejos de alcanzar la educación básica para todas las personas del planeta. Se observó una tendencia a centrar los recursos y las políticas en aquellos alumnos “fáciles de alcanzar” y en el abandono escolar. Por esta razón, se declaró que la Educación para Todos debe tomar en cuenta las necesidades de los pobres y de otros en situación de vulnerabilidad, incluyendo a los niños y niñas trabajadores, que viven en áreas rurales remotas y nómadas, así como también a los niños, niñas, jóvenes y adultos afectados por conflictos o por enfermedades como el cáncer o el S IDA, el hambre, la mala salud y especialmente a aquellos con necesidades educativas especiales.

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