Enfoque de la Educación Inclusiva (Artículo)

“Extracto de: MINEDUC (2004) Nueva Perspectiva y Visión de la Educación Especial. Informe de la Comisión de Expertos. Santiago de Chile.”

En la actualidad, el reconocimiento y respeto de la diversidad ha sido resaltado como un valor en las sociedades democráticas modernas. La educación yano sólo está llamada a fomentar la tolerancia y aceptación de las diferencias como un valor para una buena convivencia; además, debe potenciar las singularescaracterísticas y talentos de los niños/as, fortaleciendo el desarrollo de la propia identidad como un imperativo para aprender a vivir juntos.
La diversidad de culturas y de individuos es una realidad incuestionable, sin embargo, la educación tiende a funcionar con esquemas homogeneizadores, a pesar de la constante evidencia de la heterogeneidad de los estudiantes, sus familias, los docentes y los contextos en los que tiene lugar el hecho educativo, con lo cual difícilmente se logrará el objetivo de educar para insertarse en una sociedad diversa y en un mundo cada vez más globalizado.
La diversidad de los estudiantes es la consecuencia de su origen social y cultural y de sus características individuales en cuanto a su historia personal y educativa, capacidades, intereses, motivaciones y estilos de aprendizaje. Esta multiplicidad de factores hace que no haya dos estudiantes idénticos.
La ampliación de la educación obligatoria y el gran aumento logrado en la cobertura, ha hecho que una mayor diversidad de estudiantes accedan a una educación que, durante mucho tiempo, ha estado diseñada para un “supuesto alumno medio” en cuanto a origen social y cultural y en cuanto a capacidades. La incapacidad de los sistemas educativos, en muchos casos, para dar respuesta a la diversidad, explica, en parte, los altos índices de repetición y deserción y los bajos niveles de aprendizaje en muchos países. La homogeneidad de la oferta educativa y de los procesos de enseñanza es una de las barreras que es preciso superar, para que todos los estudiantes, sin excepción, aprendan y participen plenamente.
En la educación común, los estudiantes suelen agruparse en función de distintos criterios de semejanza, como la edad cronológica o similares niveles de competencia, estableciendo unos mismos contenidos de aprendizaje y estrategias de enseñanza para todos. Bajo esta “supuesta homogeneidad” se presuponía que los estudiantes podrían aprender mejor, sin embargo, diversos estudios han mostrado que la heterogeneidad en los agrupamientos de los estudiantes es un factor que influye en el éxito del aprendizaje5
Precisamente, este fuerte carácter homogeneizador de la educación ha sido uno de los factores que han dado lugar a la Educación Especial y otros programas educativos diferenciados. No obstante, en la medida que la educación común sea más sensible a la diversidad del alumnado y establezca medidas para que todos participen y aprendan, los límites entre la educación común y especial serán menos nítidos.
Recientemente, se ha empezado a hablar con fuerza de la importancia de la diversidad en la educación en términos tales como “atención a la diversidad”, “educación para la diversidad”, “educación en la diversidad”, entre otros. Las concepciones que están detrás de estos términos son, a su vez, “diversas” y están aún más en el ámbito del discurso, que en la práctica de los establecimientos educativos y de las aulas.
La educación puede ser un factor de cohesión y de igualdad si respeta la diversidad de las personas y de los grupos humanos, valorando a cada persona por lo que es y proporcionando a cada uno lo que necesita para desarrollar al máximo sus capacidades y construir su propia identidad. La desigualdad se produce cuando las diferencias se invisibilizan o valoran negativamente y cuando se establecen jerarquías entre las personas en función de distintos criterios como, por ejemplo, el origen social o cultural, o el nivel de competencias.
La educación tiene el imperativo ético de asegurar la igualdad sin que ello signifique uniformidad, para no reproducir las desigualdades presentes en la sociedad. En este sentido, la inclusión de cualquier grupo minoritario pasa por una igualdad de derechos y por el respeto de sus libertades.
La diversidad también implica participar en los valores democráticos y cultivar la solidaridad. La educación en la diversidad es un medio esencial para desarrollar la comprensión mutua, el respeto y la tolerancia, que son los fundamentos del pluralismo, la convivencia y la democracia.
Como se señala en el informe Delors “La educación tiene una doble misión: enseñar la diversidad de la especie humana y contribuir a una toma de conciencia de las semejanzas y la interdependencia entre todos los seres humanos. La enseñanza del pluralismo no sólo es una protección contra las violencias, sino también un principio activo de enriquecimiento cultural y cívico de las sociedades contemporáneas. La finalidad de la educación debe consistir en lograr que las distintas minorías puedan asumir su propio destino”.
Por ello, uno de los pilares de la educación del siglo XXI es el de aprender a vivir juntos, desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las formas de interdependencia, respetando los valores del pluralismo, la comprensión mutua y la paz. La forma de lograr esto es que las personas tengan la oportunidad de aprenderlo y vivenciarlo en una instancia de socialización tan importante como es la escuela. Por ello, es preciso avanzar hacia escuelas más inclusivas que eduquen en la diversidad y el respeto y valoración de las diferencias.
“Es urgente proporcionar diferentes opciones, caminos y modalidades, equivalentes en calidad, para atender la diversidad de necesidades de las personas y de los contextos en los que tienen lugar los procesos de enseñanza y aprendizaje. La diversificación de la oferta educativa debe acompañarse de mecanismos y estrategias que contribuyan a fortalecer la demanda por una educación de calidad de aquellas personas que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad”.

En esta misma línea, una de las recomendaciones de Educación para Todos señala:
“Ampliar la oferta de educación diversificando: i) sus contenidos, con objeto de escapar al modelo único, fuente de competencia y a menudo de frustración; ii) los tipos y trayectorias de educación, a nivel de sistemas y estructuras, preservando al mismo tiempo la coherencia del conjunto (uso de los medios de comunicación de masas; participación de la educación no formal; tareas educativas en colaboración; trayectorias escolares más o menos escalonadas en la vida de cada persona); y iii) los métodos y lugares de aprendizaje, sobre todo para las competencias técnicas (escolaridad más o menos prolongada; aprendizajes en el trabajo; alternancia con el lugar de trabajo)”.

prioritariamente en la incorporación de estudiantes con necesidades educativas especiales a las escuelas comunes, sin haber logrado cambios sustantivos en la organización de las escuelas para responder a sus diferencias y necesidades. “Si bien el movimiento por la integración surgepara hacer efectivos los derechos de las personas con discapacidad y asegurar su participación en los contextos comunes de la sociedad, el hecho de haber centrado el proceso en los niños/as con necesidades educativas especiales y en el problema del acceso en la escuela común, ha reforzado la imagen de la integración como un tema que involucra sólo a algunos niños/as (los que presentan NEE), algunos profesionales (los docentes especialistas) y algunas modalidades educativas (la educación especial).

Cuando hablamos de educación inclusiva no nos referimos a un nuevo término para designar la integración de los “estudiantes con necesidades educativas especiales”. El concepto de inclusión pone énfasis en la escuela común y en su tarea de dar respuesta a todos los estudiantes y por tanto, incluye la integración del alumnado con necesidades educativas especiales.
La educación inclusiva implica eliminar las barreras que existen para el acceso, el aprendizaje y la participación de todos los estudiantes. En definitiva, centra su preocupación en el contexto educativo y en cómo mejorar las condiciones de enseñanza y aprendizaje para que todos los estudiantes participen y se beneficien de una educación de calidad.
Mel Ainscow y Tony Booth (2000), definen la inclusión educativa como:
“El proceso de mejora sistemático del sistema y las instituciones educativas para tratar de eliminar las barreras de distintos tipo que limitan la presencia, el aprendizaje y la participación del alumnado en la vida de los centros donde son escolarizados, con particular atención a aquellos más vulnerables”.
Vale decir, “aquellos procesos que llevan a incrementar la participación y el aprendizaje de los niños/as, y reducir su exclusión del currículum común, la cultura y la comunidad”
El proceso de avanzar hacia comunidades más inclusivas supone abordar tres dimensiones que se encuentran íntimamente relacionadas y que constituyen el núcleo del quehacer educativo, estas son: la cultura, las políticas y las prácticas educativas.

Culturas inclusivas
La creación de una cultura inclusiva, se relaciona con la creación de una comunidad escolar segura, acogedora, colaboradora y estimulante, en la que cada uno es valorado, lo cual es la base fundamental para que todo el alumnado tenga mayores niveles de logro. Se refiere, asimismo, al desarrollo de valores inclusivos, compartidos por todo el personal de la escuela, los estudiantes, los miembros del Consejo Escolar y las familias, y que a su vez se transmitan a todos los nuevos miembros de la comunidad escolar. Los principios que se derivan de esta cultura escolar son los que guían las decisiones que se concretan en las políticas escolares de cada escuela y en su quehacer diario, para apoyar el aprendizaje de todos a través de un proceso continuo de innovación y desarrollo de la escuela.

Políticas inclusivas
Para favorecer una cultura inclusiva, es necesario elaborar políticas inclusivas, que aseguren que la inclusión sea el centro del desarrollo de la escuela, permeando todas las decisiones y organizando los apoyos para atender la diversidad, tanto en el ámbito de gestión de los recursos como en la gestión pedagógica al interior del aula, para que mejore el aprendizaje y la participación de todo el alumnado.

Prácticas educativas inclusivas
Las prácticas educativas deben asegurar que las actividades en el aula y las actividades extraescolares promuevan la participación de todo el alumnado y tengan en cuenta el conocimiento y la experiencia adquiridos por los estudiantes fuera de la escuela. La enseñanza y los apoyos se integran y articulan en el aula para facilitar el aprendizaje y superar las barreras al aprendizaje y la participación. El personal moviliza recursos de la escuela y de las instituciones de la comunidad para mantener el aprendizaje activo de todos.

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