El movimiento y la acción (apunte)

Es posible hacer la distinción entre «movimiento» y

«acción», conscientes de que aún podríamos establecer mayor número de categorías o matices, en función de las distintas interpretaciones posibles o de los dispares criterios que pudiéramos elegir al analizar la conducta.
En este caso, tan sólo se pretende diferenciar entre lo que es un mero recurso, proceso o dinámica del mecanismo corporal, y aquellas otras manifestaciones inexplicables, sin recurrir a otros componentes como los biomecánicos y fisiológicos.
En definitiva, ambos términos están referidos, en casi su totalidad, a la designación de los mismos fenómenos. Todos ellos nos interesan como conductas o respuestas adaptativas, pero quizá el matiz que apreciamos como segregador, sea la valorización de la intencionalidad del acto motor y, lo que es más importante, el estudio y evolución de nuevas dimensiones intervinientes como el ámbito psicológico, el sociológico, el cognitivo, el cultural, etc.
Así pues, desde nuestro planteamiento psicomotricista sólo estaremos interesados en lo que aquí denominamos «acción»; sin embargo, para su mejor comprensión, no pueden olvidarse otros aspectos. En muchas ocasiones, esta circunstancia, es decir, la acción, impone que quienes se interesan por la alternativa psicomotricista, deduzcan un panorama limitado y pierdan la perspectiva global de un fenómeno tan complejo como el de la conducta humana.
El concepto de actividad orientada hacia la consecución de un objetivo define los comportamientos, aunque en cualquier caso es una noción biológica original. Según sus objetivos se pueden distinguir las acciones en los siguientes tipos:

El aumento de la cantidad de información procedente del medio: son los comportamientos de exploración (el receptor puede movilizarse con este fin, como ocurre a la mano para captar la sensación hepática o al ojo para la vista).

La modificación de los comportamientos de otro ser vivo: se trata de comportamientos de comunicación y consisten en emitir informaciones.

La amplia difusión y la versátil aplicación de los planteamientos psicomotricistas, en ocasiones, favorecen esta circunstancia. Sin embargo, lo que en el mejor de los casos no es definitivamente perjudicial en ámbitos como el de ciertas terapias o en el universo de la expresión corporal, sí lo puede ser en el del entendimiento de la Psicomotricidad desde los intereses, métodos y campos propios de la Educación Física y, en consecuencia, para la aplicación en la consecución de sus fines y objetivos.

Por esta razón analizaremos la conducta motriz desde las distintas claves que expliquen, aunque sea parcialmente, las causas y factores determinantes de todas sus manifestaciones. Asumiendo como base un modelo adaptativo en la explicación de la conducta humana, creemos que la respuesta (R) será la consecuencia de un gran número de factores que intervienen desde la aparición del estímulo al que debe adaptarse el individuo, hasta el resultado de su acción sobre el medio.
En este proceso podría distinguirse, al menos, cuatro momentos distintos en los que, dependiendo de las variables que intervienen, podría variar el resultado:

La asunción y aferencia de los datos sensoriales (sensación). Esta información es aprehendida a través de los receptores sensoriales tanto externos (ojo, olfato, oído, etc.) como internos (kinestésico, propioceptivo, etc.).

El análisis, la selección y la ordenación de estos datos o información referida al estímulo (S), a través de un proceso perceptivo que configura una particular y subjetiva reconstrucción del mundo (percepción): la percepción del tiempo o del espacio, por ejemplo.

Esta reconstrucción, que no tiene por qué coincidir con la realidad, se rige por los condicionantes que imponen cuantos factores emocionales, afectivos, cognitivos, culturales, etc. derivan del ámbito psicoafectivo del individuo (inteligencia, libre albedrío, voluntad, memoria, etc.). De ellos depende la significación del estímulo y será este «nuevo estímulo», reconstruido subjetivamente, al que finalmente se responderá, a través del diseño o de la elección de una determinada estrategia conductual, elegida de entre todas las posibles.

Dependerá del estado, circunstancias, características, y rendimiento del órgano efector de la conducta, para que la respuesta (R) elaborada se ajuste en mayor o menor medida al modelo o formato decidido previamente. Puede decidirse una estrategia de desplazamiento mediante el vuelo, por efecto de la acción de agitar los brazos, lo que en cualquier caso será ineficaz; sin embargo, una huida mediante el salto de un obstáculo de metro y medio puede ser eficaz para un adulto de 26 años, pero no para un niño de 3 años.

Finalmente, mediante un mecanismo de control de la acción, el organismo recibiría información sobre los efectos de su acción de forma que completaría la percepción inicial y decidiría la modificación o readaptación de su respuesta. Esta "función de ajuste", como la denominaría Le Boulch, no sólo implica la modificación de la respuesta según cual fuere la efectividad de la acción, sino que también, esta información de retorno permite un más perfecto conocimiento del estímulo y del medio. Esta experiencia permitirá en ocasiones, no sólo la previsión de los resultados de una determinada conducta, sino también, la previsión o el conocimiento de un estímulo sin proceder al análisis de sus cualidades físicas (tocar los objetos para explorarlos y más tarde, concluir sus cualidades tan sólo por la información visual).
  1. Bases de la acción:
    De este modelo se deduce fácilmente que si procedemos a una clasificación de las numerosas variables intermedias que condicionan una respuesta, se podrían agrupar de la siguiente manera:

a) Significación biológica del movimiento:
Cualquier manifestación vital del hombre, integra un componente motriz que, al menos, proporciona la certeza de la presencia de vida en cualquier organismo.
Le Boulch, entiende el movimiento como una actividad que puede ser fundamentalmente de dos tipos:

  1. Actividad de tipo adaptativo:
    La principal y más vital exigencia del hombre o de cualquier organismo, desde su nacimiento, es la necesidad de adaptarse al medio donde se ubica, de manera tal, que se establezca una interrelación dialéctica entre Organismo y Medio, lo que se resuelve mediante conductas adaptativas, las cuales, en mayor o menor medida, se componen de acciones motrices.
    En esta relación, Organismo y Medio, exigirán del otro, ciertas cualidades que garanticen un equilibrio en función de las continuas variaciones que, en ambos, se producen constantemente: crecimiento del organismo, adquisición de nuevas aptitudes y capacidades, intervención de nuevas motivaciones de conducta, variaciones climáticas, circunstancias ambientales de todo tipo, etc. El hombre intentará alcanzar una relación homeostática con su medio a través de conductas en las que lo motriz, (el movimiento), será uno de los elementos más importantes y, en ocasiones, el fundamental. La capacidad plástica del hombre para diseñar diferentes patrones de conducta o para aumentar sus capacidades y aptitudes, permitirán que pueda superar al medio, amenazando incluso la misma existencia del planeta.
  2. Actividad exploratoria no específica:
    Parece que muchos organismos, y también el hombre, necesitan moverse. Esta necesidad, generalmente se traduce en acciones transitivas, hacia el exterior (hacia el medio), y en su dirección, a través del movimiento. El Psicoanálisis ha estudiado el valor simbólico del movimiento, identificándolo con la vida.
    Posee así el movimiento, un valor de autoestudio o de autocerteza de la ubicación del actor, de su situación en el medio, adquiriendo el movimiento, sea cual fuere el tipo de actividad a que se refiera, un trasfondo orgánico.
    Le Boulch clasifica estas reacciones motrices (en función de las necesidades orgánicas que parecen satisfacer), en:

    Actividad de tipo adaptativo:
    Son aquellas relacionadas con la defensa y la protección. Se caracterizan por poseer una estructura secuencial, como ocurre en las reacciones primarias o en las reacciones globales que afectan a la totalidad del organismo y que, frecuentemente, no son fruto de una elaboración intencional, ni dependen en su regulación de un acto volitivo, sino que son simples respuestas a un estímulo (reflejos defensivos, segmentarios o aquellos que afectan a todo el cuerpo, reacciones de sobresalto, etc.); o reacciones secundarias que se producen después de otra primaria y que se organizan de forma más específica (reacciones de huida, de agresión, etc.), en relación con un objeto que permita la satisfacción de una necesidad más específica, a través de un esquema que se desarrolla mediante la búsqueda del objeto mismo (conducta intermedia) y, en segundo lugar, mediante la apropiación del objeto (conducta final).

    Actividades de exploración no específica:
    Son las que generan movimientos no específicos que sirven como traducción de la necesidad del movimiento o que, según cual sea el nivel de vigilancia, sirven como información (movimientos que facilitan el juego de los sentidos: escucha, palpación, etc.), y como estimulación a través de desplazamientos de todo el cuerpo (el baile rítmico, por ejemplo).

    Otras:
    No suelen estar ligadas a un fin biológico. Estas reacciones motrices estarán en función de los objetos exteriores o de un fin expresivo.

b) Bases Psicofisiológicas de la motricidad:
No podemos pretender exponer aquí todos los fenómenos que intervienen en un acto motor desde la perspectiva psicofisiológica. Estas cuestiones son objeto de estudio para otras materias curriculares que completan y auxilian a la teoría de la psicomotricidad. Aquí tan sólo interesa ofertar una explicación global y genérica que permita la comprensión esquemática del funcionamiento motor del cuerpo considerado como una unidad funcional. Posteriormente, el lector deberá abordar con detenimiento estos aspectos, utilizando las monografías especializadas en anatomía, miología, fisiología, neurología del cuerpo humano, etc. Será pues nuestra intención, exclusivamente señalar los procesos generales y la conexión existente entre ellos.
Si seguimos el orden funcional establecido en el Gráfico 1, podemos apreciar que el primer sistema interviniente, desde el punto de vista psicofisiológico, es el sensorial.
La función sensorial o receptora, es aquella capaz de recibir una estimulación o información (endógena o exógena al organismo), que permita la puesta en acción de un influjo nervioso. Generalmente, cada uno de estos órganos está especializado en un tipo determinado de información (ondas energéticas, cromáticas, gaseosas, luminosas, caloríficas, vibraciones, etc.).
Aunque generalmente existe un órgano preponderante o una cualidad de información prioritaria desde la cual, reconstruir el estímulo, casi siempre la información referida a este estímulo es asumida por el organismo a través de varias vías u órganos receptores, complementándose entre sí, para conseguir una aprehensión del estímulo más completa.
Estos estímulos son remitidos desde el órgano receptor (ojo, oído, nariz, sistema laberíntico del oído interno, sistema plantar, piel, etc.) a través de las vías nerviosas, hasta la médula, y desde aquí, hasta la corteza cerebral o, en otros casos, al cerebelo, dependiendo del tipo de información (sensibilidad propioceptiva inconsciente).

El material informativo, en cualquier caso, no es la exacta y objetiva descripción del estímulo; dependerá de la variabilidad cuantitativa o cualitativa que el propio mecanismo receptor permita (dioptrías del ojo, longitud de onda del estímulo sonoro, grado de luminosidad existente, etc.). Cada órgano receptor posee cualidades funcionales que le permiten su eficaz funcionamiento entre unos límites máximos y mínimos (umbrales). Estos límites del umbral, varían en función de múltiples circunstancias tales como la edad, el sexo, la alimentación, el entrenamiento, la atención, la motivación, etc. Así pues, la educación sensorial será uno de los objetivos que la persona que lleve a cabo la psicomotricidad, deberá incorporar en su estrategia educativa.

c) Bases neurofisiológicas del movimiento:
Será la base del movimiento del sistema nervioso, en cuya descripción detallada no entraremos, merced a las posibilidades que brinden los elementos de su estructura, desde las neuronas a la corteza cerebral, abordando los fenómenos motores y sus sistemas de control más importantes.
Bernstein, afirma que cualquier control ha de tener un criterio de referencia, que determina la efectividad de la secuencia (intencionalidad). El punto crucial en la regulación de la acción intencional, es tener la oportunidad de comparar lo que se intenta hacer con lo que se ha hecho, utilizando esto como factor de corrección, siendo necesario para este proceso, varios elementos, los que en palabras del propio Bernstein, serían:

Actividad efectora (motora), que se regula a lo largo del parámetro de acción.

Elemento de control, que informa al sistema sobre el valor requerido del parámetro que regula.

Receptor, que da cuenta del estado actual del valor del parámetro y que transmite esta información al mecanismo comparador.

Mecanismo comparador, que percibe si hay discrepancia entre el valor actual y el valor requerido, su magnitud y su signo.

Aparato, o dispositivo que codifica los datos proporcionados por el comparador en forma de impulsos correctores, que se transmiten mediante modelos de retroalimentación.

Regulador, que controla la función del ejecutor.

Las tres formas más primitivas de los constituyentes de la acción hábil y de los entes componentes de un movimiento, que se integran en un patrón motor más amplio, proceden de las siguientes fuentes:

El repertorio innato de patrones de acción que se evocan interaccionando con el medio (cambiar de mano un objeto, utilizar el dedo índice para explorar). Se presenta inicialmente de forma completa aunque apuntados con torpeza.

La diferenciación de actos.

La procedencia de los actos constituyentes (inicialmente muy globales) de segmentos que tienen un valor adaptativo mayor y que, después, pasarán por ser elementos componentes de la estructura espacio - temporal de nuevas tareas. Estos segmentos se independizarán de su contexto original y estarán disponibles para su inclusión en nuevas secuencias.

Bernstein considera que la adquisición de un control, conlleva una reducción (o dominio mayor) de los grados de libertad del sistema de acción que se regula. El dominio de cada tarea requiere la restricción de un gradiente de libertad. Es un proceso por el que se hace más automático y menos variable, adquiriendo, además, una forma espacio – temporal predecible. Este proceso de «Modularización» (organización del acto) permitirá, posteriormente, la incorporación de patrones seriales nuevos, más complejos y más incluyentes. En este nuevo contexto, la acción se vuelve a entorpecer.
La modularización es esencial como prerrequisito de la inclusión de un acto en una rutina más extensa y más compleja y, en gran parte, su eficacia y rapidez en el proceso estará determinado por la capacidad de atención del niño. En la medida en que el objetivo de la acción se va consiguiendo, según sea más o menos eficaz el patrón elaborado, se dedica menor atención, menor gasto energético y menos tiempo para conseguir su total automatización.
Se destacarán así, dos grandes sistemas rectores de los fenómenos motores:

  1. Mecanismos de control: Un movimiento (exceptuando el resultado por azar) puede alcanzar un punto preciso del espacio gracias a dos mecanismos: que se regule de acuerdo con el objetivo previamente inscrito en el sistema nervioso o feedforward (activación directa); o que se modifique su trayectoria poco a poco en función de su posición efectiva y la que tiene que alcanzar o feed back (retroalimentación). Los modelos de control se presentan bajo dos esquemas fundamentales.

    En primer lugar, la organización previa del movimiento o la anticipación del efecto. La respuesta (R) es inseparable del efecto teniendo como resultado final, en general, la modificación de las relaciones del medio con el organismo. En el mecanismo de control por proacción (feedforward), existe control cuando el efecto de salida no influye en el efecto de entrada.

    En el mecanismo de control por retroacción (feed-back), se alcanza el objetivo porque los resultados son comparados a los que debieran seguirse de la ejecución perfecta del objetivo que se había previsto al principio y, en consecuencia, la trayectoria se corrige o no. Cuando el objetivo a alcanzar y el efecto realizado coinciden, entonces se detiene.

  • Mecanismos de anticipación: La teoría ideo – motriz, sostenía que la actualización (o imagen anticipada) en la conciencia, de las consecuencias sensoriales de un movimiento, bastaba para desencadenar un acto motor; un ejemplo de esto, lo constituye el simple hecho de andar, para lo cual, solamente bastaría con pensar en hacerlo. Luria, actualmente demuestra como un sujeto aumenta su ritmo cardíaco imaginando que corre o es capaz de modificar la temperatura de sus manos (en 3,5º C) sólo al imaginar el contacto con hielo o con agua caliente.

  • Schmidt (1975), ha propuesto tener en cuenta dos mecanismos que determinan los aprendizajes motrices y la ejecución de los movimientos. El primero controla los movimientos a partir de las consecuencias sensoriales almacenadas en la memoria («esquema de reconocimiento»). El segundo desencadena los movimientos a partir de parámetros motrices («esquemas de recuerdo»).
    Los movimientos efectuados son clasificados según sus propiedades generales («esquemas») y así, la memoria motriz almacena esquemas y no acontecimientos, hechos o anécdotas motrices.
    El «esquema de reconocimiento» resulta de una abstracción hecha igualmente, a partir de las condiciones iniciales y del resultado efectivo, pero a las que se añadirán, en esta ocasión, las consecuencias sensoriales efectivas del movimiento («re-aferencias»).
    El «esquema de recuerdo», contiene tres informaciones principales: las condiciones iniciales (la postura por ejemplo), el resultado efectivo o característica objetiva del movimiento y los parámetros o caracteres específicos de la respuesta.
    Después de la ejecución de un movimiento, el «esquema de recuerdo» correspondiente será actualizado y el sistema nervioso central, generará nuevos parámetros singulares.
    Todos estos factores, no obstante, deben ser referidos al factor tiempo a través de la magnitud denominada «tiempo de reacción» o tiempo necesario para realizar un movimiento.

    d) Bases evolutivas del movimiento:
    Una característica propia del ser humano, es la constante modificación de aptitudes y de posibilidades de acción que en los períodos precoces de su existencia es más acusada, debido a la prolongada infancia que necesita para su definitiva maduración como individuo de su especie. A lo largo de toda su vida, su naturaleza va experimentando un cambio constante, tanto cuantitativa como cualitativamente. Por esta razón, una conducta específica, aun habiendo sido eficaz en un determinado momento, pierde su utilidad ya sea por imposibilidad actual de ejecución o porque el individuo posee la capacidad de diseñar una acción distinta, más económica y mucho más adaptada al fin.
    El itinerario recorrido por el individuo, desde el primer proceso de organización de dos células, como entidad orgánica independiente, hasta la finalización del proceso continuo de cambio en un período de permanencia limitado, al que denominaremos vida, se conduce a través de distintas etapas, ajustándose a ritmos diversos, condicionados por unas leyes generales y diferenciado de otros procesos por características y circunstancias, en gran parte, impuestas desde instancias ajenas al propio organismo.
    En este proceso complejo y multidireccional, de manera genérica, se podrían distinguir dos fenómenos que permiten enmarcar, comprender y, en términos relativos, prever cuáles serán los resultados que en cada momento se concluirían para cada individuo.
    Desde la más simple distinción, la composición final será la resultante de unas características o cualidades, es decir, del genotipo (o herencia) y de unas adquisiciones o influencias que podrían agruparse bajo la denominación genérica de fenotipo (lo adquirido).
    El genotipo estará constituido por la carga genéticamente codificada, específica para cada individuo y fruto de las aportaciones que por herencia son transmitidas por los progenitores. El fenotipo está constituido por el resultado de la interacción del individuo con su medio y se integra en cada personalidad por la única vía de la adquisición: experiencias, educación, influencia o imposiciones medioambientales, presiones sociales, fórmulas culturales, creencias religiosas, etc.
    Ambos factores, definen a lo largo del proceso evolutivo, los aspectos que cualitativa y cuantitativamente le caracterizan, como son los conceptos de maduración y desarrollo.
    La maduración es un proceso merced al cual, aparecen cuantas cualidades y aptitudes se encuentran en potencia en el organismo, como consecuencia del carácter inacabado o incompleto del ser humano en el momento de su nacimiento. Estas sucesivas apariciones se ajustan a un ritmo individualizado y específicamente genético, de difícil alteración exógena y poco receptivo a la acción educativa. En consecuencia, la maduración está referida, fundamentalmente, a los caracteres incluidos en el genotipo.
    El desarrollo sí puede ser producto de una intencionalidad ajena al propio organismo y, por tanto, acepta una cuantificación o una cualificación como consecuencia de esta influencia. Ésta se proyecta sobre caracteres o aptitudes ya presentes como consecuencia de la maduración. Así, la alimentación, la educación o el entrenamiento deportivo, por ejemplo, van influyendo también en el organismo y en sus cambios y, al mismo tiempo, permiten que se manifieste en el grado o calidad más cercana a su máxima potencialidad.
    De forma particular, desde principios del siglo XX, la génesis del movimiento ha interesado a diversas ramas del pensamiento y de la ciencia . Se fueron evidenciando sutiles dependencias entre aquellos elementos que condicionan y determinan el movimiento, hasta permitir finalmente, el establecimiento de relaciones entre ellos y aquellos otros factores que desde siempre interesaron, de forma específica, a los contenidos de ciencias tales como la Psicología, la Pedagogía, la Biología y cuantas otras ramas de la ciencia se ocupaban, desde distintas perspectivas, de los aspectos evolutivos del individuo.
    Myrtha Hebe Chokler, desarrolla la teoría de los organizadores del desarrollo psicomotor infantil; entiende por organizador: «ordenador, promotor, planificador. Que tiene especial aptitud para instruir, estructurar, construir, instaurar, establecer, reformar una cosa, sujetando a reglas el número, orden, armonía y dependencias de las partes que la componen».
    Para esta autora, el desarrollo «constituye, el camino de la revolución progresiva de sus necesidades, que parte de la dependencia absoluta y va constituyendo su autonomía relativa». Este desarrollo puede, por tanto, definirse como la serie de sucesivas transformaciones que le permiten, al hombre, satisfacer progresivamente sus diferentes, múltiples y renovadas necesidades, en un proceso de adaptación al medio.
    Este itinerario de consecuencias que permite al individuo una más variada y versátil disponibilidad, lo concreta en los siguientes organizadores:

    a) El apego:
    Muchos autores han coincidido en señalar este fenómeno, si bien cada uno de ellos le ha asignado una denominación distinta, intentando definirlo desde diversas perspectivas.
    Según la teoría desarrollada por Bowlby (1986), los seres humanos tienden a vincularse afectivamente con determinadas personas. Es con los padres y/o cuidadores con quienes primero se vincula el niño, por lo que dicha experiencia adquiere gran importancia en la capacidad que posteriormente, desarrolle el sujeto para establecer relaciones afectivas. De esta forma, los padres y/o cuidadores deben estar disponibles para contener y/o proteger al niño cuando éste lo requiera, proporcionando una base segura, que facilite la exploración del entorno y con ello estimule el desarrollo cognitivo y psicomotriz del individuo. Estas ideas coinciden con los conceptos de «maintenace o maternaje» de J. De Ajuriaguerra o el de «haldling o holding» de Winnicott. También el término de «molde» de Didier Anzieu, entendiendo como modelo corporal al contacto piel a piel, que va conformando su triple función en la formación del «Yo», como envoltura externa y continente, como superficie de separación entre lo interno y lo externo, como asiento de una sensibilidad que permitiendo la comunicación une el adentro y el afuera. El español Rof Carballo analiza este fenómeno y lo entiende como el primer condicionante que estará presente durante toda la construcción del edificio afectivo. Su concepto de «urdimbre primigenia» lo desarrolla perfectamente, en su obra «Violencia y Ternura».

    b) Exploración:
    Es un mecanismo que desde el inicio de la vida, determina un conjunto de conductas con un fin específico, que ligan al niño al mundo exterior.
    Estas conductas explorativas permiten al niño conocer, aprender y conectarse con las características del mundo externo, internalizarlas y operar con ellas. De la calidad de esta exploración, dependen los aprendizajes y el progresivo dominio del medio real. Así, el adulto, la madre primero, será para el niño el primer objeto de exploración, y de él surgirá el tercer organizador, es decir, el diálogo tónico.

    c) El diálogo tónico:
    Este es el primer lenguaje, del que el niño dispone, para compartir mensajes de contenido afectivo y emocional. Dicho carácter ya no lo perderá nunca y será su arma fundamental en las conductas relativas al «mundo de los demás». Este aspecto lo trataremos con mayor profundidad en el capítulo especialmente dedicado, al análisis de la base corporal de la afectividad.

    d) El equilibrio:
    Podemos considerar la posición de equilibrio como estable, cuando ésta permite distintos movimientos complejos de manera armónica y cuando puede modificar las posturas sin quebrar la organización cinética. El equilibrio ha de ser la síntesis, producto en cada instante, de la dialéctica de las fuerzas que operan entre el sujeto y el medio. Para P. Vayer «el equilibrio tónico postural es, en todos los casos, el resultado de las interacciones vividas por el sujeto. Este equilibrio corporal constituye entonces, en sí mismo, un comportamiento y este comportamiento interiorizado, condiciona todas las conductas, todas las comunicaciones con el medio y su calidad».

    e) Psicología de la conducta motriz: La pulsión del movimiento.
    El esquema relacional entre el organismo y el medio (O-M), posee una traducción al ámbito psicológico, puesto que también, requiere una adaptación entre el «Yo» (principio de realidad) y el «Mundo» (el medio). Algunos denominan plasticidad a la característica mediante la cual, el hombre mismo posibilita diferentes soluciones de equilibrio, entre ambos elementos.

    Gracias a su capacidad plástica, el hombre es la especie que mejor se adapta a un más amplio campo de circunstancias, de manera que se podría argumentar que el hombre es un animal plástico porque carece de predisposiciones en su conducta excesivamente determinadas o, dicho de otra manera, porque es el animal menos especializado en sus recursos conductuales. El hombre es por tanto, en principio, un proyecto que admite diversas conclusiones. El «Mowgli» de R. Kipling, Tarzan o Rómulo y Remo, por ejemplo, no serían sino mitos imposibles. Los llamados «niños salvajes», desarrollados sin contacto con otros hombres, nunca se comportarían como hombres, sino como el animal que los acogió (Tarzan como un mono y Mowgli como un lobo).
    Lo anterior, se puede explicar debido a la capacidad de plasticidad y su proyecto de humanización, se soluciona con pautas desprendidas de otra especie, al no poseer él mismo, excesivas imposiciones hereditarias. Por el contrario, un animal, un perro, nacido entre hombres, sin contacto con otros individuos de su especie, no se humaniza y su conducta, en poco difiere de la de otros perros.

    La plasticidad, como rasgo general del movimiento humano, al ser una manifestación conductual, se caracteriza porque:

    Asegura la coordinación y la duración de la actividad neuromotriz en función de la información sensorial.
    
    Contiene patrones de conducta que se desencadenan en función de estímulos particulares.
    
    Es capaz de analizar, filtrar e integrar las informaciones sensoriales para construir una determinada representación del mundo, que se adapte a las capacidades y aptitudes específicas del organismo del que se trata.
    

    En el ámbito de la Psicomotricidad y sobre todo en la corriente relacional, se detecta una gran influencia del psicoanálisis, a través de la gran importancia que Lapierre y Aucouturier, conceden a la repercusión inconsciente del movimiento.
    La identificación simbólica del movimiento con la vida, contribuye a que el organismo consiga la autocerteza de su existencia. Posteriormente se diferenciarán, sin perder nunca la estrecha y constante subordinación y funcionamiento recíproco (la función vegetativa de la llamada relación).
    Entre las justificaciones biológicas del movimiento, estos autores señalan como fundamental el «placer del movimiento, el placer de actuar». Este placer del movimiento, por sí mismo y en sí mismo, es decir, el gesto vivenciado no estereotipado ni intelectualizado, tiene un contenido sexual difuso y primitivo a nivel del placer de ser, de existir en la movilidad de su cuerpo. Afirman estos autores que «toda modulación tónica (es decir, el contenido emocional del gesto), por estar en relación con las estructuras más arcaicas del cerebro (rinencéfalo, hipotálamo, etc.) despierta sensaciones de placer de las más primitivas y profundas, en relación con la pulsión vital del movimiento biológico».

    Cómo preservar el deseo de movimiento del niño, es decir, permitirle el acceso o su creación y luego, orientarlo hacia las formas más simbólicas de la acción, como la expresión plástica, verbal o matemática, (que son los movimientos del pensamiento), debería ser el objetivo constante de la educación.

    Sociología del movimiento:
    El carácter social del movimiento podría resumirse en dos rasgos definitorios y fundamentales:

    Expresividad. Cuando el hombre nace, el único medio de comunicación que posee y del que la naturaleza le dota es de carácter corporal, el cual, en su forma más primitiva podría identificarse con el "diálogo tónico" descrito por H. Wallon.
    

    Paulatinamente y en la medida en que incide en el ser humano el proceso de aculturación al que lo somete la educación, éste irá adaptando otras formas de expresión y de comunicación con su medio que, en todo caso, serán lenguajes artificiales y convenidos (el lenguaje oral, por ejemplo). Sin embargo, durante toda su vida, mantendrá esa capacidad expresiva (de regulación más o menos inconsciente) de tipo corporal, unas veces, para apoyar otras formas de lenguaje y otras, con un contenido temático propio, específico y autónomo, como ocurre en el caso de la afectividad.

    Transitividad. El hombre se vale del movimiento, para modificar o adaptar el medio a sus conveniencias o a sus posibilidades. Para Vayer, este proceso abarca tres planos distintos: en opinión de Vayer:
    
    Él mismo, su propio cuerpo y su situación en el espacio con relación al resto de los elementos y objetos que lo componen.
    
    El mundo de los objetos.
    
    El mundo de los demás.
    

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