El Diagnóstico Matemático

En el contexto de la evaluación psicopedagógica, el proceso de diagnóstico juega un papel crucial, para clarificar y comprender las necesidades específicas que presenta un estudiante.

En este sentido, Gabriel Castillo Insulsa (CPEIP, 1992) explica que el diagnóstico debe ser entendido no como una obligación, sino más bien como una decisión libre del educador; no es la aplicación de una prueba determinada, sino la capacidad de emplear una variedad de medios, factibles de ser desarrollados en la interacción profesor-alumno, un diálogo entre educador y educandos que n o sólo se realiza al comienzo del año escolar, sino durante todo el año. Finalmente, no consiste básicamente en una acción sino en una actitud, no en la aplicación de una técnica sino en la disponibilidad de percibir y precisar, y atender las necesidades de los que vienen a aprender”.
Para realizar una medición en relación con los alumnos, los docentes de aula deben preguntarse:

· ¿Qué de lo que tengo que enseñar durante el período escolar a mis alumnos necesitan y pueden aprender?
· ¿Qué sabrán de eso (contenidos por pasar), ya?
· ¿Cómo lo habrán sabido?
· ¿Con qué instancias y componentes de su vida lo habrán ligado?
· ¿En qué grado dichos contenidos podrán ser aprendidos?
· ¿Con qué medios contarán?
· ¿En qué aspectos de su aprendizaje y desarrollo estarán más seguros y en cuáles más débiles?
· ¿Cuáles serán sus hábitos, sus costumbres, sus creencias y valores?
· ¿Qué idea tendrán de su vocación, de su razón de ser en el mundo?
· Etcétera.

Esto nos muestra que el diagnóstico, no se inicia necesariamente en el aula de recursos, a manos del psicopedagogo, educador diferencial u otro especialista. Todo educador debe ser parte de dicho proceso, aplicando sus conocimientos e interés en apoyar a los alumnos frente a sus distintas necesidades educativas del aprendizaje, por ello se ve obligado a hacer una nueva detección del plan de aprendizaje para establecer un diagnóstico más adecuado.
Es posible señalar que existen condiciones específicas para la realización adecuada de la evaluación diagnóstica. En este sentido, es necesario que esta actividad sea hecha con un tiempo determinado, nunca terminable, comience antes del encuentro directo con los alumnos, puesto que el educador ya puede saber más acerca de sus alumnos (edad, nivel socioeconómico, nivel cultural, posibles conocimientos previos). Luego, en el proceso educativo es factible profundizar el conocimiento de éstos por medio de una relación más estable con sus alumnos. Allí se da una interacción más cercana y natural de trabajo, y en las conversaciones dentro o fuera de la clase, empiezan a afirmarse o modificarse las observadas inicialmente. Tal vez surjan datos nuevos, o más precisos, sobre algunos alumnos, que pueden resultar muy determinantes para sus posibilidades de aprender, siendo este período el más importante porque aquí aparecen situaciones en los alumnos, tales como:

 Habilidades Específicas
 Carencias de Habilidades
 Juicios y Prejuicios
 Intereses
 Percepciones
 Hábitos

Todo esto, obliga al educador a ajustar y precisar los puntos reales de partida y los puntos posibles de llegada.
La aplicación del diagnóstico matemático es siempre provisoria, nunca toma la forma de dato definitivo; esto no sólo por el carácter tan difícilmente accesible de la intimidad de cada persona, sino también, por el hecho de que las personas experimentan cambios, ya sea por el crecimiento natural, por modificaciones surgidas por su historia y en su situación de vida por nuevas capacidades surgidas de los progresos en su aprendizaje.
Entonces, el diagnóstico en sí es una actitud de disposición permanente de alerta del maestro ante los mensajes de la realidad. En el caso de los alumnos, ante las señales que éstos envían acerca de sus capacidades y necesidades reales, mientras avanzan en su proceso de aprendizaje.
Es importante señalar que el diagnóstico que el educador hace de los alumnos, es similar a la que realiza en relación a su gestión.
Todo diagnóstico debe ser elaborado, aplicado por el educador de modo libre y natural durante todo el proceso de idear, planificar y desarrollar su programa de curso. El objeto de toda esta información, es la certeza del éxito del plan de aprendizaje que se echará a andar con el grupo de alumnos. El propósito del diagnóstico evaluativo es que el plan de aprendizaje no quede por fuera de las posibilidades de aprender de los alumnos, sino que se vincule fácilmente a ellas, que tome de ellas su forma; por lo tanto, la calidad del diagnóstico va a depender fundamentalmente de la situación que desea conocer y de la precisión que se requiere. Lo que nunca debe ser un diagnóstico es ser un conjunto de pruebas que se aplican por cumplir una norma legislativa o por el interés de conocer cómo fueron las vacaciones de los alumnos.
Finalmente, un diagnóstico no debe ser información o juicio que no lleve a un programa de trabajo en el que los alumnos puedan partir desde sí mismos, desde sus zonas vivas, desde sus fuentes propias de energía, hacia las metas que, con su profesor, acordaron pretender y conseguir.

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