Educación y Socialización del Sordo en Chile (apunte)

La educación de los sordos, es un área relevante dentro de los contextos educativo, familiar, social y cultural, y por lo tanto, es importante, abrir un espacio de reflexión significativa que tienda al análisis de una reestru cturación curricular, cultural e ideológica.
Parece, en cierto modo, que las reestructuraciones mencionadas son vistas como procesos de cambio, e incluso como terminologías, alejadas del universo cotidiano de esa temática.

Sin embargo, resulta difícil, proponer una nueva reflexión, si ésta no sugiere una salida del limitado contexto de análisis actual, es decir, el de las reestructuraciones curriculares, culturales e ideológicas ya estereotipadas.
Supone una apropiación de referencias, de discursos y de contenidos pertenecientes a otras líneas de estudio en educación y contenidos que tal vez hablen de sujetos diferentes a los sordos. Otros sujetos que, por cierto, también fueron y están siendo excluidos de un proceso de educación en virtud de sus diferencias.
Se genera a partir de esto, una hipótesis que va a orientar el rumbo en la educación de los sordos.

Gran parte de la educación denominada especial, ha centrado la discusión en personas con déficit mental, negando y desconociendo, al mismo tiempo, la existencia de las múltiples identidades sociales y culturales que ellos poseen.
La falsa oposición entre sujeto normal versus sujeto con déficit mental, impidió durante mucho tiempo, a la educación de los sordos en particular, una comprensión de teorías y políticas educacionales más vastas que po sibilitaran, a su vez, la descripción de la naturaleza compleja, fragmentaria y plural, que sin duda caracteriza al mundo actual donde también viven los sordos.
La educación de los sordos al parecer, ha permanecido desatendida a una discusión más amplia en torno a una reestructuración curricular, cultural e ideológica, lo que la ha llevado a aislarse voluntaria o involuntariamente del tema de la globalización.
En primer lugar, es importante reflexionar en torno a las discusiones y las bibliografías habituales acerca de la educación de los sordos, las que responden más bien a la creencia de que la educación de los sordos es un problema.
Es posible que no exista ninguna otra área en la e ducación que demuestre tanta intolerancia en la reconstrucción de su pasado, tanta incomprensión en la percepción de su actualidad y tantas divergencias en la perspectiva de su vida futura.
La discusión sobre el currículum, las culturas y la ideología dentro de las escuelas de sordos, ha sido durante largo tiempo, un tanto asistemática, y encapsulada en su propia realidad.
Los profesores oyentes para sordos experimentan a diario, la curiosa sensación de ser trasmisoras de un currículum para unos alumnos sordos que no pueden muchas veces reflejarse en él.
Para los sordos, ese currículum es la materialización de una pedagogía centrada en el imperativo del ser como los otros, es decir, de no ser ellos mismos.
La bibliografía y la producción científica de estas últimas décadas, continúan reproduciendo y produciendo, en mayor o menor grado, una discusión acerca de la reestructuración curricular, cultural e ideológicaen la educación de los sordos.
En esa discusión se denotan tres perfiles de análisis sólo parcialmente diferenciados: el primero de ellos, se refiere a la sobre – metodologización curricular de la enseñanza, que consiste en una búsqueda de recursos, sistemas y técnicas que se orienten a resolver los hipotéticos problemas de los sordos para comprender el currículum.
Este perfil enfatiza la necesidad de reelaborar viejas secuencias de objetivos para generar didácticas más adecuadas, dentro de program as educativos supuestamente renovadores.
Pocas veces se discute sobre la existencia misma de la secuencia y la didáctica, y mucho menos se contempla la reconstrucción que los propios sordos hacen de su educación. Así, se tiende a mantener el «status quo» (estado de pasividad, sin cambios) de los oyentes que trabajan insertos en la educación de los sordos, proponiendo metodologías que, en el mejor de los casos, sólo se limitan a aceptar la lengua de señas de los sordos, a permitir que sea usada entre ellos, pero nunca como instrumento mediador -semiótico y cultural- en la construccióndel proceso educativo.
El segundo, de carácter estrictamente curricular- cientificista, se detiene en el cómo hacer que los sordos accedan a la ciencia o, mejor dicho, al texto curricular de la ciencia.
Por último, existe un perfil escolar – conservador de discusión curricular, que produce una tendencia a conservar los problemas tal como son, aún posponiéndolos para otro momento de la vida educacional de los sordos y presentándolos en otro orden que el habitual.
Esto se observa por ejemplo cuando se invierte el papel excluyente de la oralidad en la educación de los sordos, pero se mantiene su existencia inevitable dentro del proyecto educacional.
A pesar de su apariencia novedosa, tales trabajos, que aciertan con claridad en el diagnóstico de la crisis curricular e ideológica actual, no terminan de despegarse de la cuestión de las lenguas – lengua oral versus lengua de señas – cuestión definida como el prerrequisito ineludible para, recién entonces, dar paso a un currículum apropiado.
Se genera así, una continua y falsa identificación entre modalidades de lenguaje y formas de educación.
Por otra parte, cuando se menciona “sordos”, parece desencadenarse, por hábito en la práctica pedagógica, una narrativa obligatoria, que se debate entre los conceptos tales como: sordos/ deficientes auditivos / otros deficientes / escuela especial / reeducación / integración / normalización.
En forma paralela, surgen también un conjunto de diferenciaciones conceptuales contrastantes que se dan en este espacio educativo, ellos son: normalidad / anormalidad o patología o deficiencia, oyente / sordo, mayoría oyente /minoría sorda, oralidad o lengua oral / gestualidad o lengua de señas.
Las ideas dominantes durante un largo lapso han sido un claro testimonio de un consenso, según el cual los sordos corresponden y s e adaptan con naturalidad a un modelo clínico – terapéutico, el cual ha sido una versión de la pedagogía correctiva de principios del siglo XX, la cual aún se encuentra v igente.
El hecho más relevante en el proceso de transforma ción que se ha ido experimentando en los últimos años, puede ser el que la educación de los sordos comenzó a dejar de ser simplemente la reeducación de los deficientes auditivos.
En los últimos años a nivel mundial se han ido dando las bases para que la educación de los sordos comience a ser una educación donde éstos tengan una participación más activa. Una de las ideas en torno a esta mirada, es no definir a la sordera como una deficiencia sino como una construcción histórica, comunitaria, lingüística y cultural.

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