Diversidad y Dialogismo en la Convivencia Humana (apunte)

El siguiente artículo aborda el concepto de Diversidad desde un punto de vista de la convivencia humana.
Según Hanna Arendt, la condición humana más fundamental es la pluralidad. No existe “el” hombre sino que existen “los” hombres. Pero esta pluralidad es tal precisamente porque supone un máximo de diversidad individual (cada individuo es, y ya desde su dimensión genética, un ser único). En este sentido, la especie humana posee la complejidad de una “pluralidad de seres únicos”, lo cual la obliga a regular sus modos de convivencia social y, entre otras cosas, a jugar a la política. En este sentido, para los miembros de la especie humana es crucial resolver adecuadamente las problemáticas de la heterogeneidad y de lo dialógico, como parte del juego interhumano en que inevitablemente se construye lo humano.

En relación a la primera problemática, la argumentación moderna ha venido crecientemente enfatizando el carácter enriquecedor que la heterogeneidad puede tener para el desarrollo de lo propio. Este es un argumento que según sugiere Tsvetan Todorov habría comenzado con Goethe, quien habría inaugurado la idea de que “la fuerza de una lengua no se manifiesta por el hecho de que ella rechace lo que le es extraño, sino en que ella se lo incorpore” (Todorov 1991).
Con ello Goethe sugiere que una cultura es y se hace fuerte en la medida de que es capaz de asimilar lo heterogéneo. De hecho, uno de los atributos de la heterogeneidad es la de posibilitar la génesis de procesos de hibridación, sobre la base de la fusión lateral de elementos heterogéneos, tal como sucedió en el caso histórico del desarrollo de la música afroamericana creada por la comunidad negra esclava en lo que hoy son los Estados Unidos (USA) y que se plasmó en las formas musicales más poderosas de la cultura popular contemporánea (desde los negro spirituals para adelante).
En relación a la problemática de lo dialógico, ésta ha dado lugar a algunos de los argumentos más interesantes de las ciencias humanas contemporáneas.
Quizás las ideas más importantes sean en este respecto aquellas desarrolladas por Mikhael Bakhtin, quien llegó incluso a definir la vida humana como un “diálogo inconcluso”, concepto que converge con aquél de Peirce sobre el carácter ilimitado de la semiosis.
Construir vida humana implicaría fundar la convivencia inter-humana sobre la base de relaciones propiamente dialógicas. Y las relaciones humanas son propiamente dialógicas cuando entre los sujetos que así se relacionan se establece una ‘mutua exotopía’, es decir, cuando ellos se encuentran y permanecen en una posición de irreductible exterioridad los unos respecto de los otros. Y ello solo se da cuando los sujetos se relacionan entre sí como sujetos iguales y diferentes a la vez. Lo dialógico implica por tanto la simultaneidad de igualdad y diferencia en la relación humana, lo cual es de hecho la base de la convivencia social democrática.
Esta discusión es importante respecto de nuestra concepción de las relaciones pedagógicas, dada la tradicional tendencia a pensar, por ejemplo, la relación profesor/alumno como una simple relación entre diferentes (uno sabe, el otro no sabe; uno enseña, el otro aprende) asociada a la tradicional y dominante concepción transmisiva de la educación (como la mera transmisión de un saber desde alguien que sabe a alguien que no sabe).
En este sentido, es un aporte extraordinario el que nos brinda C. S. Peirce con su famosa definición de universidad. Pierce nos otorga con ello la rara posibilidad de pensar lo pedagógico (y la institución escolar) como un ámbito de relaciones verdaderamente dialógicas, es decir, sustentado en la exotopía y en el perspectivismo de la simultaneidad entre igualdad y diferencia.

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