Dificultades de Aprendizajes por Retrasos Madurativos

Antes de hablar de retrasos madurativos lo más conveniente será determinar qué se entiende por maduración. Se puede decir que el concepto de maduración se asocia a la adquisición de disposiciones o habilidades que darían lugar al desarrollo de ciertas capacidades; dichas adquisiciones se lograrán, principalmente, por medio de cambios fisiológicos o procesos internos, pero con una importantísima participación de factores externos a la persona, como la experiencia y el aprendizaje.

Algunos teóricos consideran que la maduración está asociada netamente a los factores biológicos (desarrollo neurológico), mientras que otros aseguran que los factores psicológicos tienen un rol fundamental en el desarrollo de ésta. Pese a esta disparidad de opiniones es posible encontrar en todas ellas una relativa coincidencia básica: la presencia más o menos importante del aprendizaje en el desarrollo, y la edad cronológica como un referente obligado.
Si se utiliza el criterio que acepta la influencia de factores genéticos y del entorno se podría definir a la madurez como “una condición dinámica que depende de las características neurológicas, neuropsicológicas y psicológicas de la persona y, en menor medida pero de forma importante, también depende del entorno (familiar, escolar) en el que el desarrollo tiene lugar”.
Al relacionar la madurez con el aprendizaje, específicamente con el aprendizaje escolar, se entenderá el concepto como “el momento en el que tanto el escolar como la propia escuela están en condiciones de llevar a cabo el proceso de enseñanza y aprendizaje con facilidad, eficacia, y sin tensiones emocionales”. Ello significa, por un lado, que el alumno ha alcanzado cierto nivel de desarrollo y dispone del caudal de conocimientos, habilidades e intereses que, en conjunto, propician el aprendizaje; y por otro, que la escuela dispone de los recursos humanos, materiales y metodológicos, para llevar a cabo la enseñanza. Sólo si se dan estas dos variables se podrá asumir que existe la madurez necesaria para lograr desarrollar el proceso de enseñanza aprendizaje en forma óptima.
Existe una corriente de pensamiento entre algunos profesionales de la educación y principalmente entre algunos padres que participan del sistema educativo en que se considera que la edad cronológica es el indicador fundamental, y con frecuencia el único, para determinar el grado de maduración alcanzado por los alumnos, por lo que se convierte en el principal criterio de discriminación para determinar si es el momento de iniciar un aprendizaje o se debe esperar para ello
Por ejemplo

Con frecuencia estos padres y también los profesionales afirman que existe una edad óptima para iniciar el proceso de enseñanza aprendizaje de la lectura y la escritura, antes de la cual todos los intentos no sólo conducirán a fracasos la mayoría de las veces, sino que pueden tener efectos secundarios perjudiciales para el alumno como consecuencia de la presión que acarrea iniciar un aprendizaje para el que aún no se está maduro.
El someter a un alumno al aprendizaje de un determinado conocimiento tanto en forma prematura como tardía acarrea complicaciones, ya que si el aprendizaje se empieza después de la edad indicada se estarán perdiendo las valiosas capacidades con las que cuenta el alumno en un determinado momento de su desarrollo.
Por ejemplo

Generalmente el aprender a leer y escribir en edad adulta implica un mayor esfuerzo para las personas que el hacerlo durante la infancia, ya que factores como el desarrollo psicomotriz y las habilidades cognitivas requieren del tratamiento en una edad específica y cuando se deja pasar este momento sencillamente no maduran en forma óptima. Si una persona no tuvo una buena ejercitación de su motricidad fina durante la infancia, aunque practique mucho su caligrafía difícilmente mejorará su letra.
Los escolares con dificultades del aprendizaje por inmadurez se situarían al margen del grupo más numeroso de compañeros que puede iniciar sus aprendizajes a la edad convenida, lo cual les significa ser objetivo de posibles perjuicios, que les afectan tanto en el ámbito personal (desadaptación social, afectiva) como en el aspecto socio-familiar (apoyos extraordinarios, disponibilidad de recursos, etc.).
Existe otra corriente de pensamiento en la que lo educadores consideran que si bien la edad cronológica juega un papel importante para afrontar y tomar decisiones durante el proceso de enseñanza aprendizaje, su relevancia se reduce notoriamente al entender a la maduración como una disposición más que como desenvolvimiento biológico. La razón de que la edad cronológica y los factores biológicos vean disminuida su relevancia se debe a que adquieren gran importancia en el proceso las condiciones ambientales o del entorno. Esta nueva forma de ver la maduración permite que los períodos en los cuales deben realizarse los aprendizajes se amplíen, a veces hasta límites en los que la edad prácticamente deja de ser importante.
En el caso de la educación de niños con dificultades de aprendizaje esta última forma de ver la maduración se puede considerar que es la más efectiva, ya que permite al estudiante avanzar a su propio ritmo, sin sentir la presión de que debe alcanzar ciertos aprendizajes en un tiempo determinado.
Por ejemplo

Si un niño no logra aprender a sumar pequeñas cantidades a los cinco o seis años como lo hace la mayoría de los alumnos, el profesor que adhiere al pensamiento de que la madurez es un proceso que depende netamente de la edad cronológica considerará que el alumno necesita un tratamiento especial, ya que no cumple con los requerimiento que debiese alcanzar a su edad; mientras que un educador que considera que la edad cronológica es un factor importante, pero que también lo son otros como el entorno sociocultural que rodea al niño o los aspectos psicológicos que le influyen, determinará que sólo se le debe esperar un poco para que alcance los objetivos planteados y en ningún caso estimará que el alumno padece algún tipo de trastorno.
La manera en que el profesor percibe la madurez es muy importante, tanto para la forma en que desarrolla el proceso de enseñanza aprendizaje como para la orientación que entrega a los padres respecto a los avances académicos y cognitivos de los niños.

Orden y Secuencialidad del Desarrollo

Los niños que presentan dificultades en el aprendizaje como consecuencia de un retraso madurativo tienen una evolución que sigue el mismo orden y secuencia en el desarrollo que las personas sin retraso evolutivo, la única diferencia consiste en que su ritmo de evolución es considerado más lento, lo que le dificulta, y en casos más severos impide, el poder realizar los aprendizajes en el mismo período escolar que el resto de sus compañeros. En ocasiones parece como si se hubieran quedado estancados en un estadio o etapa del desarrollo.
Se estima que como promedio los escolares con retraso evolutivo presentan una diferencia de maduración de entre dos y cuatro años respecto a la de los compañeros que no presentan dicha dificultad. Las diferencias varían según la gravedad del retraso neuropsicológico, el aspecto del desarrollo y/o la conducta de que se trate y las edades de los niños, ya que a medida que son mayores, las diferencias tienden a reducirse progresivamente, llegando a ser inapreciables en la adolescencia.
Es frecuente observar que en las escuelas los alumnos con retraso evolutivo prefieran relacionarse y jugar con niños sin retraso evolutivo de cursos inferiores al suyo y de menor edad cronológica.

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