Detección y Evaluación de los Problemas de Lenguaje

Gran parte de los niños toman contacto con la educación formal a partir de los tres años, convirtiéndose la escuela en un contexto en el que se manifiestan muchos de los problemas de lenguaje de los estudiantes.

En ocasiones, es el propio profesor el que detecta las necesidades de sus alumnos y solicita una evaluación más exhaustiva por parte de otros profesionales. En este caso una buena evaluación proporciona una descripción lo más completa posible de las características del lenguaje del sujeto poniendo especial énfasis en sus puntos fuertes y débiles orientando respecto a los posibles caminos que debe seguir la intervención, también contribuye a determinar una explicación del trastorno y un diagnóstico proporcionando un elemento de comparación para posteriores evaluaciones de forma que se puedan medir los cambios que se realizan.
Aunque la evaluación en esta área siempre apunta a cumplir con el objetivo de conocer el funcionamiento comunicativo lingüístico del sujeto y las condiciones que favorecen su desarrollo, las características concretas de la evaluación serán diferentes según el momento en que ésta se realice. Se puede decir que un proceso completo de evaluación debería comprender tres momentos diferentes, denominados: evaluación inicial, evaluación formativa o de proceso y evaluación sumativa.
En la evaluación inicial se deberá establecer el punto de partida, por lo q ue tendrá que ser muy exhaustiva, es por ello que, a menudo, además de evaluar la competencia en la comunicación y la lingüística del sujeto, se realizan evaluaciones complementarias que permiten conocer las características del funcionamiento motor, sensorial, neurológico y cognitivo de la persona evaluada y las posibles relaciones con el problema comunicativo lingüístico que presenta el alumno.
La evaluación formativa ayuda a analizar los progresos realizados y a modificar o ajustar el modo de intervención que se está llevando a cabo. En este momento evaluativo no se busca solamente evaluar los logros o dificultades del alumno, sino también incorporar reflexiones respecto a la adecuación de las estrategias que se están poniendo en marcha, la validez de los recursos y los tiempos, entre otros datos.
Al finalizar una unidad conviene realizar una evaluación final que dé cuenta de los avances observados. En este momento se trata claramente de observar los cambios producidos respecto al punto de partida y, por tanto, el grado de consecución de los objetivos propuestos al inicio del proceso de intervención.
Las personas que intervienen en la evaluación pueden ser muy diversas. Además del especialista del lenguaje, otros profesionales, a través de evaluaciones complementarias de tipo médico, audiológico, psicológico, educativo etc., pueden contribuir a la comprensión de la problemática que presenta el sujeto. Por otra pa rte, suele resultar de particular importancia la contribución de personas del ámbito familiar y educativo ya que padres y maestros pueden proporcionar numerosos datos a partir de la observación de las conductas comunicativo-lingüísticas del sujeto evaluado en condiciones de uso natural.

Evaluación del Sujeto:
Los aspectos a evaluar dependen lógicamente de los problemas que el sujeto presente. Cuando se trata de dificultades leves del habla, la evaluación se centrará en los aspectos fonéticos y fonológicos, por lo que no será necesario realizar un análisis detallado de las intenciones comunicativas o de los aspectos semánticos del lenguaje. Por el contrario, cuando se trata de evaluar a un niño cuyo lenguaje es muy limitado en relación a su edad cronológica, la evaluación deberá ser más global y atender a los diferentes códigos. En algunos casos, las personas evaluadas son niños o jóvenes que emplean en su comunicación sistemas aumentativos o alternativos a la lengua oral.
Por ejemplo: Algunos niños sordos utilizan de manera preferente la lengua de signos como sistema de interacción con su entorno social, por razones como haber nacido en el seno de familias sordas, o haber sido educados a través de esta lengua; otros se pueden comunicar en forma bimodal (hablando y signando simultáneamente) o a través de la palabra complementada, etc.

Evaluación del Contexto:
Cuando se trata de evaluar el uso del lenguaje en situaciones de comunicación, se tiene, necesariamente, que hacer referencia a un proceso de interacción entre dos o más interlocutores en una situación dada. Una evaluación exclusivamente centrada en el sujeto no dará cuenta de las condiciones y personas que fa vorecen o dificultan su desarrollo. Por ello, siempre que sea posible, conviene evaluar también algunas características del contexto, en especial las características de los interlocutores.
Resulta muy útil observar las interacciones que se establecen entre los niños o jóvenes evaluados y algunas personas de su ámbito f amiliar (padres, hermanos) y escolar (profesores y compañeros). En particular, interesa analizar en los interlocutores la cantidad y calidad de los mensajes que dirigen; cuándo y para qué establecen las interacciones; el grado de control que ejercen sobre la interacción; el tipo de preguntas que realizan; las características de sus respuestas ante las iniciativas del niño; la claridad de sus mensajes y las adaptaciones comunicativas que ponen en marcha.

Evaluación a través de muestras de Lenguaje espontáneo:
La evaluación del lenguaje a partir de muestras de lenguaje espontáneo exige una mayor dedicación en tiempo. Sin embargo, resulta muy enriquecedora, ya que aporta numerosos datos acerca de las características comunicativo-lingüísticas de los niños.

Una evaluación de estas características implica, en primer lugar, obtener una muestra de las producciones del niño que sea representativa de su competencia comunicativa-lingüística, por lo que es importante determinar dónde y con qué interlocutores se obtiene la muestra. A menudo, lo más conveniente es contar con personas del entorno familiar del niño en contextos naturales (casa/escuela). La principal ventaja de estas situaciones es que resultan más naturales y permiten obtener datos ace rca del estilo y la calidad de los intercambios que habitualmente establecen con el niño los interlocutores que le rodean.
Antes de comenzar una evaluación de este tipo es importante decidir qué sistema de registro (visual, auditivo y/o gráfico) será emplea do. Cuando se trata de evaluar sujetos con dificultades comunicativas o con importantes limitaciones lingüísticas, el vídeo resulta especialmente indicado ya que permite registrar toda aquella información gestual que se produce.
Para favorecer la recogida y análisis de las muestr as de lenguaje espontáneo y de entrevistas, se han desarrollado algunos instrumentos que pueden ser muy útiles, como el protocolo de Evaluación de la Comunicación (ECO) y el conjunto de protocolos (A-RE-L). El primero de ellos (ECO) permite recoger información acerca de las funciones comunicativas, la respuesta a la comunicación, la participación en situaciones de conversación y las características más relevantes del contexto. Por su parte, el A-RE-L permite elaborar un perfil del lenguaje del sujeto que recoge aspectos léxicos, morfológicos y sintácticos.

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