Desarrollo Psicológico del Niño Ciego (apunte)

Después de analizar los resultados de muchos estudios sobre ciegos de diferentes edades, se ha podido comprobar que sus pautas evolutivas están sometidas a las mismas leyes de desarrollo que las de aquellos que no tienen afectada su visión; aunque, eso sí, modificando sustancialmente su ritmo y sus características en función de su problemática específica.
Desde el mismo inicio de la vida, en el bebé ciego se da un especial desequilibrio en su relación afectivo-materna que le lleva a mantener un menor contacto y deteriora el clima relacional, genera diálogos más pobres y desnatural izados, además de continuas frustraciones por no poder controlar lo que le rodea. El aprendizaje por imitación le resulta bastante difícil, igual que anticiparse a una situación.

En el proceso de adquisición del lenguaje, presenta serias dificultades ya que no puede comprender con exactitud el significado de palabras o sonidos que pronuncia sin tener la posibilidad de ver los objetos o situaciones a las que representa. En cuanto al proceso de pensamiento, por los motivos expuestos anteriormente, en la conceptualización (generalización y discriminación) le cuesta más generalizar que a aquellos cuya visión no presenta trastornos.
De acuerdo a lo expuesto, es fácil comprobar que la ceguera es algo más complejo que el no ver, ya que está asociada a un alto grado de restricciones afectivas, sensitivas, perceptivas, motoras y psicomotoras, cognitivas, sociales, educativas y relacionales, que obstaculizan el desarrollo armónico e integral de la personalidad, de la autoestima y del autoconcepto. Dichas dificultades disminuyen el caudal de información, entorpecen los diferentes tipos de aprendizaje, especialmente el observacional (imitación: directa o diferida), lo que dificulta terriblemente la vida del invidente.
Resulta obvio pensar que aquellas personas con algú n tipo de deficiencia visual, dependiendo de su origen y gravedad (cuanto más tem prana y severa, peor), arrastrarán durante todo su desarrollo una serie de dificultades añadidas, que harán imprescindible e inestimable una educación de calidad que satisfaga sus necesidades educativas especiales.
Siguiendo a Piaget se pueden observar la manera en que afecta a los siguientes componentes del desarrollo de las personas:

 Funciones básicas : son aquellas que se relacionan con la parte biológica (las invariantes funcionales: organización – adaptación; asimilación- acomodación). En estas funciones se sustenta todo el desarrollo de las personas. En el caso del deficiente visual su vida podría partir con determinadas carencias que repercutirán decisivamente en su futuro, ya que es en los inicios de la vida cuando se adquieren las experiencias tempranas, las cuales son fundamentales para el óptimo desarrollo, entre ellas destaca la importancia de la afectividad y el mundo sensorial ya que determinan las posibilidades adaptativas futuras.

 Estructura: se asocia a los aspectos psicológicos (el período sensoriomotor, el período preoperacional, el de las operaciones concretas y el período de operaciones formales). Dichos períodos permiten, distribuyen y potencian las posibilidades de utilización de recursos propios a lo largo de toda la vida. aunque la persona sea capaz de soportar las deficiencias en cada uno de estos períodos, de todas formas verá frenada notablemente cada una de sus intervenciones y manifestaciones.

 Contenidos: corresponde a la dimensión de la experiencia y del aprendizaje. Estos elementos, paso a paso, no exentos de dificultades y con las pertinentes ayudas en las necesidades educativas especiales que se planteen, servirán para ir componiendo la estructura psicológica con hechos, de los que se deducirán conceptos y principios que regulan el conocimiento, para poder responder eficazmente a las demandas adaptativas futuras, con la definición de estilos de comportamientos que darán como culminación la definición de estilos cognitivos.

A continuación se detallará cómo afecta la deficiencia visual a cada uno de los estadios del desarrollo, ya que una vez que se conozcan dichos detalles será más sencillo realizar una intervención eficaz desde el punto de vista educativo.

 Período sensoriomotor (0-2 años): en su desarrollo psicomotor los bebés ciegos suelen ser más tranquilos, indiferentes y pasivos; present an una escasa curiosidad por todo lo que les rodea, debido a la falta de estimulación e interés que les despierta su mundo y el mundo exterior. Su dificultad en la orientación espacial provoca una distorsión de su imagen corporal, por lo que los niños requieren intervenciones específicamente diseñadas para que puedan manipular y desenvolverse con y entre los objetos a su alcance (conocer y dominar). Los retrasos motores se manifiestan desde sus primeros meses de vida en el mantenimiento de la cabeza, el gateo, al andar, en la habilidad manual y hasta en su tono muscular. Se recomienda estimular los demás sentidos por medio del trabajo psicomotriz, destacando el uso de actividades en las que se manipulen elementos.

 Periodo preoperacional (2-6 años): siguiendo la línea evolutiva del anterior periodo, el niño irá pasando gradualmente de conocerse y dominarse (esquema corporal, lateralidad, estructuración espacial y temporal) a conocer y dominar su hábitat natural, mejorando su movilidad, su relación y familiaridad con los objetos, diferenciando sus constantes perceptivas identificativas (forma, tamaño, peso) e iniciando el juego sim-bólico, que le llevará al manejo de imágenes mental es (representaciones mentales) y del lenguaje. En este punto, es necesario destacar la importancia que supone el dominio de los conceptos básicos, los cuales pueden verse nota blemente retardados en los niños ciegos, aunque con el estímulo adecuado pueden, alrededor de los diez años, quedar debidamente asimilados, con lo que se logrará la co nsolidación del dominio psicomotor (esquema corporal, lateralidad y estructuración espacio-temporal), los cuales consolidarán decisivamente las bases del lenguaje e scrito y posibilitarán su utilización y perfeccionamiento.

 Periodo de las operaciones concretas (6-12 años): cuando llega este momento, el predominio de las operaciones (cada vez más complej as) de la inteligencia marcan el rumbo del desarrollo, se produce el trasvase de la imitación directa a la diferida, de operar con los objetos delante a tenerlos presentes tan sólo en la mente y se dan los primeros pasos en el lenguaje escrito formal, siendo especialmente necesarios para el niño ciego los apoyos educativos especiales. Las posibilidades del procesamiento de la información no disminuyen en el caso de la ceguera total o parcial (heredada, congénita o adquirida). Se debe señalar que las limitaciones por la falta de contacto de la experiencia directa, la falta de movilidad y la falta de interrelación-interactuación con y en el medio son los condicionantes decisivos de la cognición, sin embargo con las atenciones, estimulaciones y recursos adecuados (personales, materiales y funcionales), y proporcionando los mecanismos educativos compensatorios convenientes, se pueden paliar estos déficit.

 Período de las operaciones formales (más de 12 años): aunque pudiera pensarse que en este tramo evolutivo las personas con deficiencias visuales, especialmente los ciegos, deberían tener mayores problemas que aquellos que pueden utilizar su visión sin dificultad, hay que poner de relieve que no se dan diferencias significativas entre los dos grupos; eso sí, siempre que se tengan consolidados, por ambas partes, los períodos y estadios anteriores. Es decir, en ese momento se produce una igualdad en los procesos cognitivos, lo cual resulta razonable, ya que es lógico pensar que el verdadero problema del ciego se produzca en las etapas anteriores, donde debe construir representaciones de la realidad con la falta de las imágenes que son tan necesarias; pero cuando esto ya ha ocurrido, cuando se han abierto líneas y estrategias para obtener representaciones por otros cauces sensoriales y se entra en el período más puro de abstracción, evidentemente, no sólo se produce la equiparación, sino que, a nivel de procesamiento del pensamiento, tal vez, incluso lleve ventaja el ciego.
Donde no se nota con tanta claridad esta igualdad es en los procesos sociorrelacionales, particularmente porque las personas ciegas cuentan con una cantidad inferior de posibilidades y oportunidades de desarrollo social, esta situación es más evidente en algunas sociedades, mientras que otras han trabajado, principalmente por medio de la educación, para lograr la equidad y el respeto que todas las personas merecen. A nivel de relaciones familiares también se presentan grandes dilemas, ya que las personas que componen el núcleo más cercano a los niños nunca es peran que éste presente dicha dificultad, por lo que generalmente cuando se detecta la ceguera la familia no sabe cómo reaccionar adecuadamente, normalmente por falta de información. Es común que los integrantes del núcleo familiar tiendan sobreproteg er, lo cual desarrollará en el niño dependencia a los adultos, falta de confianza en sí mismos y baja autoestima. Por otra parte nacen temores, se desencadena una falta de deseos por aprender, disminución de la competitividad, retraimientos, complejos, etc.; lo cual lleva a la incomunicación y a la falta de interés por la interacción con los demás.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: