Desarrollo Cognitivo en las Personas Ciegas (apunte)

El desarrollo es fruto de la interacción del niño con el entorno. El niño percibe los estímulos, los selecciona, organiza y asimila. Con

la vista analiza lo que ocurre a su alrededor, se comunica con las personas que le rodean y anticipa lo que va a ocurrir. Pero la ceguera limita la interpretación de los estímulos del entorno porque llegan al niño de forma incompleta. Por ello, tiene que compensar la restricción de acceso a la información visual con los demás sistemas sensoriales.

El niño ciego va a tener un desarrollo cognitivo más lento y cualitativamente diferente al de un niño que ve. Esto es consecuencia de la falta de información visual acerca de las características de las personas, los objetos y el entorno, que hace que la percepción sea más lenta y más limitado el conocimiento de las cosas y las personas. Además, hay que añadir que no siempre el entorno es accesible (ni la casa, ni la escuela y mucho menos la calle). Las relaciones afectivas también juegan un papel fundamental en todo el proceso de desarrollo del niño, por lo que la ansiedad y la falta de ajuste a la discapacidad por parte de la familia influyen de forma negativa.
Las experiencias perceptivas determinan el desarrollo intelectual, pero al reducirse el número y variedad de estas experiencias el desarrollo cognitivo será más lento. Los objetos que el niño percibe y que llaman su atención son menos numerosos que los visuales, por lo que va a tener menos oportunidades de desarrollar algunas habilidades que, a su vez, pueden condicionar aspectos de su desarrollo y evolución.
No obstante, podemos afirmar que el problema no está en la capacidad de razonamiento lógico sino en la modalidad sensorial en que se presenta la información. Ante estímulos táctiles el niño percibe la información fragmentada, la tiene que organizar y eso conlleva tiempo.

Vamos a resumir brevemente cómo es el desarrollo evolutivo del niño con discapacidad visual:

1º Etapa: Desde el nacimiento hasta los 6 meses
En las primeras semanas de vida predominan los procesos fisiológicos cuyo fin es facilitar el crecimiento y el equilibrio. A partir del segundo mes, el niño y la madre funcionan como una unidad, aunque empieza a diferenciar los estímulos internos de los externos. La madre «adivina» las necesidades del niño y responde a ellas, gracias al proceso de identificación (Winnicott)

El niño con discapacidad visual realiza algunas adaptaciones de los reflejos para que le sean útiles. Leonhardt (1992) ha estudiado cómo las primeras respuestas del bebé al sonido consisten en volver la cabeza y dirigir la cara a la fuente del sonido (por ejemplo, la voz de la madre). Pero al cabo de unas semanas, el bebé se queda quieto, su cabeza ya no se gira buscando el sonido con la mirada. Esta inmovilidad suele durar sólo unos 15 días. A partir de aquí, el niño comienza a realizar su primera adaptación: ante un sonido, el niño girará la cabeza en sentido inverso a la fuente sonora, para que su oído quede justo frente al sonido, como si el oído «mirara» el sonido. Esta conducta puede ser mal interpretada por parte de los padres, que piensan que son rechazados por el niño cuando le hablan, ya que vuelve la cara en sentido contrario. Es muy importante advertir esto antes de que suceda, para que sigan interaccionando y estimulando al niño lo más posible.
Para crecer, el niño tiene que buscar otros caminos para adaptarse y son los padres los que le deben ayudar a encontrarlos para conseguir un desarrollo armónico. Precisamente nuestra intervención en esta etapa consiste en ayudar al niño y a la familia en esa dirección, desde un trabajo preventivo de las alteraciones que pueden surgir a causa de la ceguera.

La discapacidad visual limita la interpretación correcta de los estímulos y condiciona la relación del niño con su familia. Esta limitación ocasiona algunos retrasos en las adquisiciones, por ejemplo, en la adquisición de la permanencia del objeto, en la comprensión de las relaciones de causa-efecto, en la interiorización del esquema corporal, relaciones espaciales y temporales, en el control del entorno, en el desarrollo de la simbolización, en la imitación y el juego simbólico.
Los niños y niñas deben aprender a comunicarse cuando necesita algo, debe aprender a llamar la atención y calmarse cuando se la prestamos. También es conveniente que, a veces, no respondamos inmediatamente a sus necesidades para que pueda experimentar algunas frustraciones y le demos tiempo a entender que hay alguien distinto a él que las satisface.

2º Etapa: Entre los 6 y 12 meses
El niño alcanza cierta madurez neurofisiológica. Se inicia ahora la coordinación visomotora, la manipulación de objetos bajo el control visual y el interés por el mundo exterior. Comienzan los primeros intentos de separación de la madre y el miedo a los extraños. Comienza a explorar visual, manual y táctilmente. La confianza y seguridad proporcionada hasta ahora, permiten al niño abrirse al mundo exterior y tener un papel más activo. Expresa de forma espontánea lo que quiere y es conveniente que reciba alguna respuesta a esas demandas.

3º Etapa: Entre los 12 y los 18 meses

Este período viene determinado por la posibilidad que tiene el niño de separarse físicamente de la madre gracias al gateo y la marcha, y un mayor interés por los objetos. En el niño con discapacidad visual va a haber un retraso en el inicio del gateo y la marcha (a veces, ni siquiera hay gateo). El gateo suele ocurrir entre los 12 y 13 meses, coincidiendo con el momento en que pueden localizar objetos mediante el sonido. Comienza a extender la mano hacia el estímulo sonoro. Aprende a buscar objetos escondidos y tiene mayor destreza manual: aprende a tapar y destapar botes, ensartar anillas en un palo, meter y sacar objetos en un bote (que irá teniendo la boca más estrecha para obligarle a volcarlo si quiere sacar los objetos), insertar chinchetas en un clavijero…. Es importante insistir en que haga la «pinza» con los dedos pulgar, índice y corazón para controlar la orientación y dejar la otra mano libre para ubicar la chincheta en su lugar.
Hacia el año el niño empieza a masticar, a beber solo de un vaso (las tazas con asas no son aconsejables porque se pierde la referencia de inclinación al beber), a comer con cuchara. También es necesario ir enseñándole a colaborar en las tareas de vestido y de aseo personal.

4º Etapa: Entre los 18 y los 2 años

A partir de los 18 meses el niño puede imitar acciones cotidianas fuera de su contexto habitual: juega a que come con platos de juguetes, sin comida, etc. La marcha independiente suele ocurrir también a esta edad (suele coincidir con la conciencia de la permanencia de los objetos –el niño comprende que los objetos existen independientemente de si son o no son percibidos, visual, táctil o auditivamente-). Esto le provoca la motivación suficiente como para desplazarse hacia el objeto o la fuente de sonido.
En esta edad el niño ya debe haber comenzado la alimentación sólida. La masticación es imprescindible para una correcta nutrición y favorece una correcta articulación.
En esta etapa se debe comenzar la alimentación sólida. La masticación es imprescindible para una correcta nutrición y favorece una adecuada articulación.
Existirá retraso en la adquisición del pronombre de autorreferencia («yo» y «mí») y en la dificultad para representarse a sí mismo en el juego simbólico. Esto ocurre a causa de que no pueden observar su imagen en un espejo, y tienen que elaborar su imagen a partir de la propiocepción y el reconocimiento de su voz.

A esta edad, debemos comenzar a hacer consciente al niño de las sensaciones relacionadas con el control de esfínteres.
Con el desarrollo del lenguaje el niño puede nombrar los objetos, y puede controlar el ambiente. Se consolida la individuación y se configura la identidad personal. Comienza a desarrollar el juego simbólico.

Es interesante seguir favoreciendo las destrezas manipulativas y la coordinación bimanual, control tónico muscular, independencia de dedos y manos, coordinación de movimientos, etc. (manejo de plastilina, hacer torres con cubos, introducir objetos en botellas con la boca cada vez más estrecha, enroscar y desenroscar, ensartar cuentas, ensartar bolas en un cordel, meter monedas en una hucha…Es importante enseñar que debe hacer la pinza con los dedos pulgar, índice y corazón y a utilizar ambas manos de forma coordinada.
En esta etapa se debe favorecer las destrezas manipula. En esta etapa se debe

favorecer las destrezas manipulativas y enseñarles a utilizar ambas manos.

4º Etapa: Entre los 18 y los 2 años
Existe retraso en aquellos aspectos en los que es necesaria la representación y manipulación con objetos tridimensionales (seriaciones, clasificaciones, operaciones lógicas, conservación de la sustancia, etc.) Sin embargo, en todo lo relacionado con el lenguaje, los niños ciegos obtienen resultados similares a los videntes.

7º Etapa: A partir de los 11-12 años

Es una etapa en la que los cambios físicos y psicológicos afectan a todos los adolescentes. Para los ciegos, puede ser especialmente difícil ya que descubren el alcance de sus limitaciones y puede generar baja autoestima y problemas de integración social.

8º Etapa: Alrededor de los 14-15 años

A partir de esta edad se superan los retrasos de los períodos anteriores, es decir, para organizar la información, la visión es sustituida por otros procesos sensoriales y lingüísticos.

Estimadas y estimados visitantes te invitamos a dejarnos un comentario

A %d blogueros les gusta esto: