Conceptos Fundamentales de psicomotricidad (apunte)

Elaborar el desarrollo conceptual del cuerpo abarcaría áreas de conocimientos, datos y procesos muy amplios, que inducirían a la adopción de una sola perspectiva; al igual que el ámbito de la motricidad en el que nos desenvolvemos,

la situaría, aún más, en un ángulo muy concreto. Por esto, se hace necesario para la primera parte de un manual de psicomotricidad, intentar producir la rotura de «clichés» o presupuestos que, sin duda, sitúan al estudiante en esa determinada perspectiva a la que hacíamos referencia.
Empecemos pues, por advertir que la significación que del cuerpo aceptemos, deberá reunir características muy determinadas y, en todo caso, resultantes en dos premisas previas las que son, en primer lugar, el entendimiento de que la naturaleza humana responde a un modelo global y unitario, evitando la dicotomía que pudiera establecerse entre el cuerpo y la psique, ya que esto, convertiría al cuerpo en exclusiva materia de interés para la Educación Física. No siendo así, en nuestra definición habrán de ser incluidas ambas dimensiones de la naturaleza humana. En segundo lugar, caracterizaría a la Psicomotricidad el intento de fundamentar metodológicamente aquellos recursos capaces de dar una respuesta constructiva, a la totalidad de la entidad, a través del movimiento.
La Psicomotricidad habrá de situarse en una posición reflexiva que entienda la naturaleza humana de forma totalitaria, al tiempo que deberán fijarse unos objetivos acordes con este planteamiento. En consecuencia, las ciencias en las que se apoyará, serán jerarquizadas y recurridas de manera distinta a como lo hacía la Educación Física tradicional o a como las técnicas deportivas acostumbran.

Aspecto corporal:
Hasta ahora, los distintos postulados sobre el cuerpo, reflejan una corriente altamente intelectualizada y tecnológica que divide al individuo en dos tipos de funcionamientos, los cuales, en opinión de Contant y Calza, serían:
Un funcionamiento muy elaborado, en el que la máquina mueve al cuerpo prolongando lo psíquico.

Un funcionamiento puramente corporal, tendiente a satisfacer y a aprender ese "apéndice orgánico", que aspira a disociarse del intelecto "para dejar de pensar". Podría verse en esto, la consumación del dualismo cartesiano, psique-soma.

La psicomotricidad tampoco escapa totalmente de esta separación, pues como afirman estos autores, proporciona, a la vez, «ortopedistas del cuerpo» y «psicoanalistas del cuerpo».
Sin embargo, desde el punto de vista de estos autores, el cuerpo es indefinible como tal. No puede prescindirse, en su definición, del lenguaje verbal por una parte y de la somatización por otra, y tampoco, de la emoción como vínculo de las dos facetas. Esta concepción implica al cuerpo en una zona ambigua, situada entre lo real y lo imaginario, unidos entre sí, mediante una oposición, también imaginaria.
Asume así la Psicología, un papel protagonista en esta nueva corriente psicomotriz, por lo que convendría recordar que, en su seno, han existido distintas teorías o posiciones que explican el concepto psicológico del cuerpo. Estas posiciones, en cierto grado, aún están presentes. En este caso, nos inclinaremos en mayor medida por la tercera, como más adecuada a la intencionalidad constructiva de la psicomotricidad, de sus métodos y de sus técnicas. Estas posiciones son:

Constitucionalista: El cuerpo como instrumento o como una forma prevista de propiedades dinámicas y espaciales particulares. Están influidos por la corriente tipológica según la cual, la cara o el cuerpo son el reflejo del alma o de las características psicológicas (lo que primero fue denominado temperamento y, más tarde, personalidad).

Psicosocial: La interacción y el confeccionamiento de las características físicas y psíquicas individuales, ya no está referido a unos determinantes de orden constitucional, sino de orden sociocultural.

La primera y segunda posición poseen en común, una serie de características, tales como, el considerar al individuo producto del modelado de unos determinantes externos (biológicos, socioculturales, etc.) y, también, el aprender un cuerpo objetivado por una mirada exterior.

Constructivista: Esta posición se desarrolla desde los planteamientos que de la imagen del cuerpo formula Schilder, con una mirada interiorizada, dando al cuerpo una consideración subjetiva (un cuerpo para sí).

Significación de lo corporal
Michel Bernard, inicia la introducción de su obra «El Cuerpo», afirmando lo siguiente: «a priori es inútil justificar una reflexión sobre el cuerpo: la vida por cierto, nos lo impone cotidianamente, ya que en él, y por él sentimos, deseamos, obramos, nos expresamos y creamos…» En este sentido, vivir es poseer la certeza de nuestra condición carnal, asumir un organismo por cuyas posibilidades, facultades o mecanismos accedemos al mundo, iniciamos la relación con nuestro medio y con los demás. Será forzoso por tanto, que para «vivir mejor» experimentemos más intensamente, más completamente nuestra corporeidad, a fin de conseguir una más eficaz adaptación al mundo y una más satisfactoria integración en la sociedad.
Como ya vimos con anterioridad, la temática corporal aparece con más frecuencia de la mano de la Psicología y de su desarrollo conceptual: la influencia freudiana; la psicología infantil, merced a las investigaciones de Wallon sobre la conciencia del propio cuerpo; las aportaciones de Piaget; la Psicomotricidad y su propuesta de empleo de técnicas de relajación o sus teorías sobre el aprendizaje motor.
En la esfera de la sociología, hay que señalar el interés que manifestó Maus por el estudio de las «técnicas del cuerpo», las monografías etnológicas sobre las prácticas corporales en las llamadas sociedades primitivas. Así también, la lingüística, o más exactamente, la semiológica, ha descifrado el lenguaje corporal y el valor significante de la expresión corporal y de la acción gestual.
Además de esta explotación sistemática y teórica del cuerpo, debe destacarse la importancia que le concede la actividad artística contemporánea, no sólo la pintura y la escultura, sino también el teatro, (las aportaciones de Marceau entre otros) la danza, la literatura, e incluso, la publicidad y la utilización que de la imagen corporal efectúan constantemente diversas esferas de la actividad humana. Finalmente, debe destacarse la excesiva importancia que ha cobrado la imagen corporal merced al cambio de costumbres, y al nacimiento de nuevas ideologías, algunas de ellas impensables tan sólo hace muy pocos años (el nudismo, el ecologismo o la exhibición de una imagen como señal de identidad grupal o social: hippies, etc.).
En el trabajo se produce una sublimación, en la medida en que el cuerpo deja de ser considerado como fuente, capaz del placer autónomo, para convertirse en instrumento de producción. Esta búsqueda casi exclusiva de la productividad corporal, propicia una racionalización del cuerpo, y su transformación en máquina cibernética y en un sistema de operaciones automatizadas, gobernado por la recepción y la emisión de mensajes.

Queda así el cuerpo «deserotizado», alienado y, en opinión de Bernard, al servicio de los intereses capitalistas y también de los intereses deportivos, lo que para otros sería exactamente lo mismo, denunciando en todo caso la función alienante del deporte, tal y como se entiende y practica en la actualidad. Ciertos sociólogos resumen este cúmulo de circunstancias, identificando al cuerpo con uno de los fetiches sociales, por lo que cobra un valor e importancia desorbitadas que se traduciría en fenómenos cada vez más frecuentes, como podría ser, por ejemplo, el aumento de anorexia entre las adolescentes.
Bernard resume estas circunstancias que han determinado el actual tratamiento del cuerpo (que a la vez justifican la aparición de la Psicomotricidad), en los siguientes factores:
La ambivalencia del cuerpo, que implica una vivencia corporal de fuerza y de debilidad simultánea, de posibilidad y de impotencia en su actuación ante el medio (la fuerza ante las posibilidades de trabajo y la debilidad ante una enfermedad).
Una apología del cuerpo, en la cultura contemporánea (físico-culturismo).
La acelerada transformación de las costumbres, ej. La comida chatarra que afecta la salud del organismo).
La alienación del cuerpo por el trabajo y el deporte (se somete al cuerpo a situaciones extremas en algunos deportes).

Pedro Lían Entralgo define cuatro significaciones básicas en las funciones y en la valoración del cuerpo:

El cuerpo como auto-experiencia. Según la cual, sentir el cuerpo equivale a sentir la existencia, siendo la experiencia el origen de la autoidentificación. Este "sentir el cuerpo" se lograría con la síntesis de las informaciones aportadas por los sentidos internos y externos (el cinestésico, vestibular, propioceptivo, la vista, el oído, el táctil-kinestésico, etc.).

El cuerpo como instrumento de conducta. La conducta siempre estará originada por unas pulsiones que dinamizan los procesos. Cualquier conducta posee dos naturalezas:

Instintiva, caracterizada por su origen hereditario, genético y específico, por ser secuencial, ser respuesta a un estímulo y por poseer un carácter adaptativo y endógeno;
Específicamente humana, la cual, además, poseería otros caracteres específicos como la invención de símbolos, la comunicación interindividual mediante símbolos, el libre albedrío y el rasgo de inconclusión de las acciones.

El cuerpo como preceptor de sí mismo. La "percepción corporal" o lo que G. Marcel denomina "posesión del cuerpo", se describe mediante una relación de carácter poseedor-poseído, y como consecuencia se deducirá el reconocimiento del poseedor como tal. Desde este planteamiento el cuerpo no puede ser considerado como un instrumento, puesto que no estaría nunca interpuesto entre el "yo" y el objeto, sino que se constituiría en la "encarnación" del mismo "yo".

El cuerpo como proyecto. Una conducta humana se configura desde una serie de premisas, tales como la conciencia, la posibilidad de elegir entre diferentes alternativas o soluciones, la libertad, la decisión, la ejecución, la inconclusión de las acciones. Estas premisas no son condicionantes insoslayables, sino que se constituyen como agentes enriquecedores de la posibilidad de variación de la acción, defendiendo así, las principales características de la conducta humana.

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