Características Emocionales y Relacionales del Niño con Trastorno de Déficit Atencional

Dentro de las características descritas como comunes a los niños con TDA, algunos de los rasgos que serían más distintivos son el egocentrismo, la impulsividad al actuar, la dificultad para postergar la gratificación,

la insaciabilidad y la labilidad emocional.
La persona que interacciona con ellos – en este caso el profesor – puede sentir que son mañosos, «mal criados», «regalones», «que les gusta siempre salirse con la suya», «que se dan cuenta de lo que hacen, pero lo hacen para aprovecharse de la situación». A veces generan más rabia que deseos de ayudarlos, porque s e ven muy poco empáticos con los otros. Como hemos citado en módulos anteriores todos estos rasgos se expresan en una variedad de conductas que muchas veces resultan desadaptativas:

• Hablan excesivamente.
• Organizan y comunican información desorganizada y poco atingente al momento.
• Prestan poca atención a los detalles.
• Fallan en modular sus comunicaciones.
• A veces no responden preguntas o interacciones de sus pares, porque a menudo no parecen escuchar.
• Presentan dificultades para seguir instrucciones.
• Frecuentemente pierden cosas necesarias para realizar sus tareas.
• Son desordenados.
• Son olvidadizos.

Como son inquietos, incapaces de respetar turnos, se frustran fácilmente, aparecen como descuidados e irresponsables, lo que entorpece su relación con los pares, pudiendo llegar al rechazo y aislamiento social.
Por su comportamiento, muy frecuentemente son objeto de críticas por parte de profesores y familiares, con el consiguiente riesgo para su autoestima.
Como se puede apreciar el niño con un TDA no sólo se encuentra en riesgo en su área cognitiva, sino también en su desarrollo afectivo – social, ya que las características del Síndrome afectan la imagen de sí mismo y su relación con los demás. En el primer capítulo se desarrolló las posibles complicaciones afectivas secundarias a este trastorno, producidas por un manejo inadecuado.
La tarea de la escuela es proporcionar a cada niño las herramientas que le permitan una actividad autónoma del yo, que haga progresar sus competencias, amor propio y creatividad, considerando los dominios afectivos y conductuales, y no sólo los cognitivos, con el objetivo de contribuir a la autorrealización y potencialización de las habilidades y recursos individuales de cada estudiante.
En otras palabras, esto alude a la responsabilidad de cumplir los objetivos transversales en el proceso educativo.
A continuación se presentan algunas áreas en las que es necesario intervenir y actuar para un mejor manejo emocional y relacional del niño que presenta un SDA.

• Manejo del estrés.
• Desarrollo de habilidades sociales.
• Imagen personal y autoestima.
• Reconocimiento de fortalezas y actividades motivadoras para niños con déficit atencional.

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