CARACTERÍSTICAS DEL DESARROLLO DE LA EDAD ADULTA INICIAL (DE 20 A 45 AÑOS)

La etapa “adulta” supone la presunción de que existe capacidad plena en el individuo para tomar decisiones y actuar en consecuencia. Por

lo tanto, supone el incremento de sus posibilidades de actuación sin ayuda de sus padres o tutores para realizar actos que antes tenía prohibidos por razón de su minoría de edad (por ejemplo, conducir vehículos automóviles o, en algunos países, trabajar). La adultez inicial, ocurre entre los 20 a 45 años, y sus principales características serán analizadas a continuación.

Transición a la Vida Adulta:
La adolescencia es un período de transición que no posee límites muy definidos Existen autores como Coleman (1974) que se refieren a otro periodo de desarrollo entre el final de la adolescencia y el comienzo de la vida adulta al cual han llamado “juventud”, que va desde los 14 a los 24 años.
La etapa adulta inicial comprende los años entre el final de la adolescencia y aproximadamente los 40 ó 45 años, que dan inicio a la etapa adulta media.
Este periodo se entiende mejor en términos de los cambios físicos, intelectuales y sociales, los que se pueden comprenden a través de las tareas del desarrollo, los cuales son hitos secuenciales que marcan la adquisición de una nueva competencia importante o la incidencia de algún acontecimiento social con consecuencias psicológicas trascendentes. Algunas tareas proceden de la maduración física, otras se relacionan más con las exigencias y expectativas sociales.
¿Cuándo se convierte un niño en adulto? No existe una respuesta exacta, en general el comienzo de la vida adulta inicial comienza con la independencia económica y emocional de la familia. Por lo mismo, las manifestaciones más comunes de independencia son encontrar los medios económicos para establecer un nuevo hogar, algunas veces solos, con amigos o con una pareja. Sherrod (1996 en Lefrancois 2001) manifiesta que cuando las relaciones entre padres y adolescentes son más cordiales y positivas a los jóvenes se les hace más fácil dejar el hogar, a diferencia de relaciones tensas entre padres e hijos, donde se hace más difícil partir, debido a que los jóvenes sienten que no han concluído algún asunto del que debieran ocuparse.
En la actualidad, crecer no siempre entraña una prolongación de la adolescencia. Muchos ingresan a la fuerza de trabajo desde la adolescencia, los cuales serán adultos en muchos ámbitos de su vida en relación a otros de la misma edad.

Desarrollo Físico:
Los cambios en los adultos son menos radicales y más uniformes que en los niños. Se piensa que la etapa adulta es una meseta, un estadio de reposo que sigue al desarrollo y precede al ocaso. Es importante señalar que en los modelos contemporáneos del desarrollo vital aceptan que hay cambios durante toda la vida.
La etapa adulta inicial es la cumbre del desarrollo físico en cuanto a velocidad, fuerza, coordinación y resistencia, así como en términos de salud general.
Entre los veinte y los treinta años es el periodo de rendimiento físico máximo, periodo en que existe mayor logro en los deportes que exigen fuerza, vigor y coordinación.
El ritmo de desarrollo normal de la fuerza física declina luego de los años óptimos. Esta declinación no se hace notar hasta los cuarenta años y se hace más notable en la fuerza de la espalda y las piernas. Además existe una notable pérdida de vigor, producto de un deterioro en el funcionamiento aeróbico (eficiencia de pulmones y corazón).

Los Sentidos:
Durante esta etapa no existen cambios radicales en el funcionamiento de los sentidos. Todos operan al final del periodo más o menos como al principio.
Sin embargo, existen modificaciones más sutiles cuyos efectos se producen en forma gradual, donde rara vez se advierten mientras suceden. Un estudio hecho por Morioka y colaboradores 1 , arrojó resultados que permiten observar que tanto la acomodación visual como la audición disminuyeron sistemáticamente con la edad, pero con mucha lentitud. Se observó además, que el cristalino del ojo está sujeto a los efectos del envejecimiento casi desde el nacimiento, esto provoca que las personas se vuelvan miopes con la edad.
El oído y la vista cambian ligeramente en la etapa adulta inicial, pero en promedio comienza a declinar en los treinta años y se acentúa después de la etapa adulta media. Las perdidas de audición en esta etapa son generalmente consecuencia de factores ambientales, como exposición prolongada a entornos ruidosos, más que a efectos del envejecimiento.
Los cambios en la sensibilidad del tacto, lo mismo que del gusto y el olfato, no son evidentes durante la etapa adulta inicial.

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