Calidad y Equidad en la educación (artículo)

Hoy se ha generalizado en las políticas educativas de las últimas décadas la expresión anotada y criticada por la fallecida Relatora de las Naciones Unidas para el Derecho a la Educación, Katarina Tomasevski: “acceso a una educación de calidad”.

Como si fuera posible un acuerdo social en torno a la idea de una educación que no sea de calidad o que sea de mala calidad. Por eso vale la pena que nos detengamos un poco a examinar de dónde sale este planteamiento, ¿Por qué se insiste tanto hoy en el tema de la calidad de la educación? Dejando claro, sin embargo, que entendemos el tema de la calidad de educación como un atributo del derecho a la educación.
Este énfasis constituye un aspecto decisivo porque, tal vez, lo más importante del neoliberalismo tiene que ver con que se presentó como una estrategia de ajuste del capitalismo que logró consolidar un nuevo tipo de fundamento ideológico, una doctrina que sirvió para dar cohesión y organicidad a los ajustes requeridos por la crisis que hizo presencia con fuerza hacia la década de los setenta del siglo pasado y para unificar la acción de todos los defensores del capitalismo llegando a afectar inclusive a los partidos social demócratas. De allí que para designarlo también se han utilizado indistintamente las denominaciones de “nueva derecha” y “neo conservadurismo”. Esta dimensión ideológica del neoliberalismo hace de la educación un instrumento central para su estrategia de ajuste del capitalismo.
Algunos de los factores que explican la importancia cobrada por estos temas de gestión y eficiencia tienen que ver con la necesidad de mejorar la gestión económica y administrativa de las instituciones estatales, y con el hecho de que la rápida expansión del sistema educativo no produjo los mismos efectos acelerados de mejoramiento en el tipo de educación que se impartía en los establecimientos: En el caso colombiano, por ejemplo, no se mejoraron los contenidos de la educación; se incrementó el número de estudiantes por profesor en el aula, aumentando la carga de trabajo de los docentes sin cambios significativos en las otras condiciones de trabajo; se incrementó rápidamente el número de colegios, la mayoría de ellos privados, sin que satisficieran plenamente las condiciones de calidad requeridas para impartir una buena educación; se desmejoraron las condiciones laborales de maestros y maestras y se produjo la adopción de un doble estatuto docente que cercenó conquistas laborales y profesionales a los nuevos maestros, para citar algunos hechos que ilustran lo que ocurrió entonces. La conclusión más o menos aceptada como consenso general fue que el rápido crecimiento de la matrícula, indicador principal del aumento de cobertura, estuvo acompañado de una sensible pérdida de la calidad de la educación tanto en el sector público como en el privado pero, sobre todo, en el público. Llegaba entonces la hora de hacer énfasis en la calidad para recuperar lo que se había perdido por atender prioritariamente los aumentos de cobertura.
Lo interesante es que ese proceso coincidió con otros hechos relacionados con las grandes transformaciones que se venían dando en el campo internacional, a raíz del cambio en la estructura del modelo de producción capitalita que hizo obsoletas las formas de producción que permitieron la expansión del capitalismo a partir de la segunda Guerra Mundial y durante el período de la llamada Guerra Fría. Para situarla en algún momento, esta expansión terminaba con la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –URSS- y los realineamientos geo-políticos y tecno-económicos que alteraron sustancialmente las relaciones internacionales en el marco de la denominada “globalización”. Este escenario se consolidó con la aparición y puesta en marcha de las reformas de corte “neoliberal”, la irrupción del los llamados “Tigres Asiáticos”, el proceso de integración de la Comunidad Europea, las guerras étnicas y la radical reestructuración del mercado, como concepto y como realidad, todo ello como producto del afianzamiento de la hegemonía de los Estados Unidos como única gran potencia.
Sin embargo la Calidad de la educación se basa en la contratación de buenos maestros con una formación “humanista” para atender no sólo a niños sino también a apoderados y al entorno.
La calidad de la educación está en contra de aquellos alcaldes que nombran a los directivos por pertenecer a partidos dentro de coaliciones, porque esto atenta contra la calidad de la educación que los niños tienen derecho. Esto trae consigo al maestro la inestabilidad laboral, ya que dependen del pensamiento del alcalde de turno. Este malestar del maestro se traspasa a los alumnos, lo que hace que la educación no sea óptima.
La calidad de la educación cuida de los educadores y educandos en su alimentación y distancias del trabajo o donde se estudia. Un maestro que tiene todos los días de hacer un recorrido extenso llega al colegio ya estresado, lo mismo sucede con los alumnos, por lo tanto no pueden dar el rendimiento óptimo para su aprendizaje. La calidad de la educación está relacionada por la cantidad de alumnos por curso, debe ser personalizada, esto da más conocimiento del maestro por sus alumnos y a la vez la preocupación que se merece. La calidad de la educación está muy ligada a la aplicación de la Reforma Educacional, ya que ésta está basada en cuatro pilares fundamentales, que no es el caso de analizar aquí.
En cuanto a la equidad de la educación no se está logrando por varias causas, una de ellas es la socioeconómica, que da como resultado la autorización por parte del Ministerio de Educación para que se creen distintas categorías de colegios. Me explico: existen colegios para los que tiene mucho dinero, para los que tienen menos, los que tienen lo suficiente y los que no tienen nada. Y para equiparar un poco se hace los cursos de adultos rápidos. Así está dividida la sociedad educacional.

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