Bases para la Valoración de la Comunicación (apunte)

Existen algunos aspectos específicos que nos ayudan a determinar las posibilidades comunicativas de cada niño.
Las manifestaciones comunicativas en el niño dependen de la capacidad de representar el mundo, desarrollo de la intención comunicativa, capacidad de expresión y las habilidades motoras. Esto, enmarcado por un lado en las condiciones propias del niño y por otro en la condición de salud, los factores contextuales (personales y ambientales) y por supuesto en las áreas en que el niño se desempeña.

Capacidad de representación del mundo
En la medida que el niño crece va relacionándose con los elementos cercanos del entorno. Inicialmente es posible lograr el reconocimiento de personas cercanas, el niño se calma con sus padres o cuidadores principales. Los identifica a través de sus sentidos, visión, audición: el patrón de la voz, tacto: forma en cómo se acercan a él, como lo toman, olfato: aroma y gusto: se asocia al cuidador principal a través de la alimentación. Identifica los ambientes familiares, esto sucede también a través de los sentidos y por la emoción y protección que siente en este contexto.
Luego se produce el reconocimiento de objetos cotidianos. El niño es capaz de identificar objetos independientemente de su color o tamaño, los reconoce a través de su uso, nombre y forma. Ya luego del año les es posible identificar símbolos gráficos (dibujos simples), lo que se va complejizando hasta el desarrollo de la lecto – escritura, alrededor de los 6 a 7 años.
Los niños que presentan alguna limitación en la capacidad sensorial, deben ser apoyados para desarrollar estrategias para representar el mundo, el uso de sistemas sensoriales alternos parece ser una buena estrategia. La familia también debe ser instruida en como facilitar este aprendizaje para favorecer el desarrollo cognitivo y de la comunicación.

Intención comunicativa
La intencionalidad de la comunicación se consigue cuando el niño desarrolla la capacidad de darse cuenta que su comportamiento puede controlar las acciones de otra persona. Existe una búsqueda deliberada de un objetivo, la conducta es intencional, cuando existe representación mental o consciente del objetivo (objeto o necesidad) que se requiere, así como de los medios para conseguirlo. La intención comunicativa entonces está relacionada con el uso que tiene la conducta o lenguaje que el niño realice. La Matriz de Comunicación (C. Rowland, 2013) reconoce cuatro razones para comunicarse:

REHUSAR cosas que no queremos OBTENER cosas que sí queremos Entrar en relación SOCIAL
Un niño en situación de discapacidad puede ubicarse en cualquiera de estos niveles, sin embargo, se debe tener en cuenta que es adecuado motivar a la familia a reforzar los intentos comunicativos del niño, dándole una respuesta atingente el requerimiento, aunque este se base sólo en una interpretación.

Nivel / Desarrollo de la expresión
El niño realiza distintos tipos de emisiones y sonidos, dependiendo de la edad, del desarrollo motor y cognitivo que el niño tenga.
Tradicionalmente se distingue la etapa pre – lingüística y la lingüística. La etapa pre – lingüística se entiende como una etapa de preparación a la utilización efectiva del lenguaje oral. Cuando el niño es capaz de realizar la primera palabra con significado avanza a la etapa lingüística. Esto normalmente se produce alrededor de los 12 meses.
Durante la etapa pre – lingüística se produce una serie procesos que son fundamentales para el desarrollo del lenguaje oral, entre otras:

Realización de emisiones diversas
Percepción auditiva de las propias emisiones, de las de los otros y del entorno Respuesta a los estímulos del entorno

Reconocimiento e incorporación de gestos convencionales Formas de comportamiento comunicativo

El desarrollo de las emisiones en esta etapa contempla un avance evolutivo (C. Arconada, 2012):
Vocalizaciones reflejas y gorjeo (0 a 2 meses): el bebé realiza llanto principalmente para comunicar alguna necesidad (hambre, sueño, etc.) con el tiempo este va siendo diferenciado en la forma en que lo realiza. Se observan emisiones realizadas con resonancia posterior (gutural o “con la garganta”). Reconoce a quienes lo cuidan por la voz y los rostros, responde con sonrisa, emisiones y movimientos globales del cuerpo y expresión facial.

Juego vocal (3 – 6 meses): en esta etapa es posible reconocer el balbuceo, hay combinación de sonidos guturales, labiales y vocálicos. Inicialmente estos sonidos son exploratorios para luego realizarlos en forma voluntaria. En esta etapa el niño grita con diferentes patrones de acuerdo a sus necesidades, se manifiesta claramente con gestos e intenta imitar los del entorno. Se interesa por otros y por compartir juegos con ellos. En esta etapa el niño comienza a entender que sus acciones pueden tener un impacto en los otros, estableciendo relaciones entre lo que hace y el efecto que produce alrededor.

Balbuceo reduplicativo (6 – 9 meses): en esta etapa el niño realiza vocalizaciones y combinaciones variadas. Se inicia la reduplicación de series de sonidos consonante vocal se realiza /tatata/, /mamama/, etc.

Balbuceo no reduplicativo (9 – 18 meses): se produce sonidos variados, se observa claramente mayor control e intencionalidad de las emisiones que el niño realiza, con frecuencia acompañadas de gestos. Se producen combinaciones de patrones diversos formados por consonantes y vocales. Se inician las primeras palabras que aparecen en forma ocasional para luego hacerse cada vez más estables.

La Etapa Lingüística se inicia en forma progresiva y superpuesta con la anterior. Se caracteriza por el incremento paulatino del número de palabras que el niño va realizando, la preferencia del uso del lenguaje oral por sobre los gestos. Alrededor de los 18 a 24 meses se producen las primeras combinaciones de dos palabras, con apoyo del contexto. Desde este momento el niño experimenta un incremento paulatino en la complejidad de la estructura de su lenguaje y los elementos que le es posible comprender, debido al desarrollo cognitivo que experimenta.

Un niño en situación de discapacidad, puede presentar un desfase importante en el desarrollo de la expresión oral. Se debe destacar, principalmente en relación a la preocupación que manifiesta la familia, que existen otras formas, distintas al lenguaje oral, en las que el niño puede manifestar en forma autónoma sus necesidades.
De este modo, hay distintas formas de expresión (no verbal) que pueden ser desarrolladas, para manifestar alguna necesidad, las que pasan a ser conductas comunicativas cuando se asocian a la situación en forma consistente. Entre éstas podemos observar (C. Rowland, 2013):

Movimientos corporales globales Emisiones diversas

Expresiones Faciales Visual

Gestos Simples

Gestos convencionales

Símbolos concretos: Objetos que representan mensajes específicos, fotografías o dibujos

Símbolos abstractos: Seña manual, palabras escritas, palabras en Braille, símbolos abstractos tridimensionales y bidimensionales
Combinaciones de los tipos de símbolos

Si el niño utiliza alguna de estas expresiones es adecuado evaluar la posibilidad de promover la implementación y uso de Sistemas de Comunicación Aumentativo o Alternativo (SCAA), según sea la necesidad del niño parece ser lo más pertinente. Este sistema debe ser práctico, fácil de usar y entregar la eficiencia comunicativa requerida (rapidez) (S. Torres, 2001).

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