Artículo sobre un Enfoque Homogeneizador en la Educación a un Enfoque basado en la Diversidad

La diversidad de culturas y de individuos es una realidad incuestionable. Uno de los avances más importantes de las últimas décadas, es el mayor reconocimiento de realidades sociales multiculturales. Sin embargo, la educación tiende a funcionar con esquemas homogenizadores2 , a pesar de la constante evidencia de la heterogeneidad de los alumnos, sus familias, los docentes y los contextos en los que tiene lugar el hecho educativo, con lo cual difícilmente se logrará el objetivo de educar para insertarse en una sociedad diversa y en un mundo cada vez más globalizado.
La diversidad de los alumnos es la consecuencia de su origen social y cultural y de sus características individuales en cuánto a su historia personal y educativa, capacidades, intereses, motivaciones y estilos de aprendizaje.

Esta multiplicidad de factores hace que no haya dos alumnos idénticos.
La ampliación de la educación obligatoria y el gran aumento logrado en la cobertura, ha hecho que una mayor diversidad de alumnos accedan a una educación que, durante mucho tiempo, ha estado diseñada para un “supuesto alumno medio” en cuanto a origen social y cultural y en cuanto a capacidades. La incapacidad de los sistemas educativos, en muchos casos, para dar respuesta a la diversidad, explica, en parte, los altos índices de repetición y deserción y los bajos niveles de aprendizaje en muchos países. La homogeneidad de la oferta educativa y de los procesos de enseñanza es una de las barreras que es preciso superar, para que todos los alumnos, sin excepción, aprendan y participen plenamente.
En la educación común, los alumnos suelen agruparse en función de distintos criterios de semejanza, como la edad cronológica o similares niveles de competencia, estableciendo unos mismos contenidos de aprendizaje y estrategias de enseñanza para todos. Bajo esta “supuesta homogeneidad” se presuponía que los alumnos podrían aprender mejor, sin embargo, diversos estudios han mostrado que la heterogeneidad en los agrupamientos de los alumnos es un factor que influye en el éxito del aprendizaje3
Precisamente, este fuerte carácter homogeneizador de la educación ha sido uno de los factores que han dado lugar a la Educación Especial y otros programas educativos diferenciados. No obstante, en la medida que la educación común sea más sensible a la diversidad del alumnado y establezca medidas para que todos participen y aprendan, los límites entre la educación común y especial serán menos nítidos.

  1. La comisión hace referencia al enfoque homogeneizador que ha caracterizado a la Educación, genéricamente, como sistema de organización social, y no necesariamente a determinados sistemas educativos.
  2. UNESCO. Primer Estudio Internacional Comparativo de Lenguaje y Matemática y Factores Asociados en 13 Países de América Latina. Primer Informe. 1997.

Recientemente, se ha empezado a hablar con fuerza de la importancia de la diversidad en la educación en términos tales como “atención a la diversidad”,
“educación para la diversidad”, “educación en la diversidad”, entre otros. Las concepciones que están detrás de estos términos son, a su vez, “diversas” y están aún más en el ámbito del discurso, que en la práctica de los establecimientos educativos y de las aulas.
Etimológicamente “diversidad” significa variedad, desemejanza o gran variedad de cosas distintas, mientras que diferencia alude a la variedad entre cosas de una misma especie4. Como especie humana, todos compartimos una serie de características comunes que nos asemejan y todos tenemos, al mismo tiempo, cualidades distintas, que nos hacen ser únicos e irrepetibles. Sin embargo, existe una tendencia a considerar la diferencia como aquello que se distancia o desvía de la “mayoría”, de lo “normal” o “frecuente”, es decir, desde criterios normativos. Las diferencias son una condición de la naturaleza humana, pero su valoración, positiva o negativa, es algo externo a la persona.
La educación puede ser un factor de cohesión y de igualdad si respeta la diversidad de las personas y de los grupos humanos, valorando a cada persona por lo que es y proporcionando a cada uno lo que necesita para desarrollar al máximo sus capacidades y construir su propia identidad. La desigualdad se produce cuando las diferencias se invisibilizan o valoran negativamente y cuando se establecen jerarquías entre las personas en función de distintos criterios como, por ejemplo, el origen social o cultural, o el nivel de competencias.
La educación tiene el imperativo ético de asegurar la igualdad sin que ello signifique uniformidad, para no reproducir las desigualdades presentes en la sociedad. En este sentido, la inclusión de cualquier grupo minoritario pasa por una igualdad de derechos y por el respeto de sus libertades.
La diversidad también implica participar en los valores democráticos y cultivar la solidaridad. La educación en la diversidad es un medio esencial para desarrollar la comprensión mutua, el respeto y la tolerancia, que son los fundamentos del pluralismo, la convivencia y la democracia. Como se señala en el informe Delors “La educación tiene una doble misión: enseñar la diversidad de la especie humana y contribuir a una toma de conciencia de las semejanzas y la interdependencia entre todos los seres humanos. La enseñanza del pluralismo no sólo es una protección contra las violencias, sino también un principio activo de enriquecimiento cultural y cívico de las sociedades contemporáneas. La finalidad de la educación debe consistir en lograr que las distintas minorías puedan asumir su propio destino”.
Por ello, uno de los pilares de la educación del siglo XXI es el de aprender a vivir juntos, desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las formas de interdependencia, respetando los valores del pluralismo, la comprensión mutua y la paz. La Comisión considera que la mejor forma de lograr esto, es que las personas tengan la oportunidad de aprenderlo y vivenciarlo en una instancia de socialización tan importante como es la escuela. Por ello, es preciso avanzar hacia escuelas más inclusivas que eduquen en la diversidad y el respeto y valoración de las diferencias.
El enfoque homogenizador de la educación, centrado en las semejanzas, y la percepción de las diferencias desde criterios normativos, ha conducido a que muchos alumnos y alumnas, que no se ajustan a los estándares establecidos como “normales”, sean considerados con dificultades, objeto de programas o servicios diferenciados, o simplemente excluidos. Por ello, no es casual que cada vez se diseñen más programas en función de diferentes colectivos; para alumnos de contextos socioeconómicos desfavorecidos, programas de educación intercultural, programas para niños de la calle, y para niños con discapacidad o con problemas de aprendizaje, entre otros. Dichos programas han sido necesarios para enfrentar la situación de desventaja que experimentan determinados grupos, debido a la homogeneidad de la educación, sin embargo, es posible observar que en algunos casos han descuidado las diferencias individuales en el aprendizaje que se dan al interior de ellos.
Esta situación puede conducir a pensar que existen varias educaciones según las múltiples diferencias que presentan los alumnos. Por el contrario, actualmente se considera que la educación es sólo una, y que ésta ha de proporcionar diferentes recursos y ayudas pedagógicas en función de las distintas características y necesidades. No hay educaciones diferentes, lo diferente han de ser los recursos y ayudas que se brindan para que todos los alumnos, por distintas vías, alcancen los fines de la educación.
Como se ha señalado, la educación tiene la doble función de socialización e individuación, sin embargo, el énfasis ha estado tradicionalmente más en lo primero que en lo segundo. Si la educación ha de ayudar a la construcción de la persona como sujeto, con su propia identidad y proyecto de vida, podríamos decir que ésta tiene una deuda pendiente con las personas que quiere educar. El olvido de la dimensión de la individuación es otra razón por la cual, desde nuestro punto de vista, muchos alumnos y alumnas experimentan dificultades de aprendizaje y de participación en una escuela en la que las exigencias son las mismas para todos y no se consideran los múltiples talentos, intereses y capacidades de las personas.
Por todo lo señalado, cada vez más se escuchan voces que abogan por una educación que tenga como fundamento la diversidad, de forma que cumpla realmente con la finalidad de lograr el máximo desarrollo de cada individuo como sujeto con su propia identidad. Desde esta perspectiva, hay que avanzar hacia una educación que valore y respete las diferencias, viéndolas como una oportunidad para optimizar el desarrollo personal y social y no como un obstáculo a evitar en el proceso de enseñanza y aprendizaje. A través de la educación se puede contribuir a superar los estereotipos y prejuicios que son los que conducen a la discriminación.
El punto clave entonces es ¿cómo lograr una educación común para todos los alumnos y alumnas que respete el principio de igualdad, pero que sea sensible al mismo tiempo a la diversidad, sin caer en la desigualdad? Para lograr el equilibrio entre una educación que asegure unos aprendizajes básicos para todos dando respuesta, al mismo tiempo, a las necesidades de cada uno, la educación común ha de ser más diversificada; es decir hacer diverso y múltiple lo único y uniforme. Así lo entendieron los ministros de educación de América Latina y el Caribe, reunidos en la Habana, 2002, al expresar lo siguiente:
“Es urgente proporcionar diferentes opciones, caminos y modalidades, equivalentes en calidad, para atender la diversidad de necesidades de las personas y de los contextos en los que tienen lugar los procesos de enseñanza y aprendizaje. La diversificación de la oferta educativa debe acompañarse de mecanismos y estrategias que contribuyan a fortalecer la demanda por una educación de calidad de aquellas personas que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad”.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: