Artículo sobre Ge´stión del Cambio en Educación por parte del Profesorado

Algunos profesores son más conscientes que otros de la importancia de su propio desarrollo profesional.
Abordan su trabajo con una actitud de cuestionamiento, intentando explorar nuevas posibilidades y
encontrar nuevas formas de enseñanza que mejoren sus prácticas habituales. Asimismo, algunas
escuelas logran crear mejor que otras una atmósfera propicia para el desarrollo profesional.
Por consiguiente, cuando se estudian los medios para transformar la práctica, las actitudes de los
individuos y la atmósfera reinante en la escuela constituyen factores importantes. En el presente
material de discusión examinaremos en detalle estas cuestiones para ayudarlos a que comprendan

mejor qué entraña el cambio personal y las consecuencias de las tentativas de innovación en
colaboración con otros colegas. Para ello, nos inspiraremos en nuestra propia experiencia para explicar
en parte la naturaleza del cambio en la educación, las condiciones que parecen impedirlo o facilitarlo y
algunas estrategias que les pueden ser útiles.
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1. LA NATURALEZA DEL CAMBIO
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Para comprender mejor la índole del cambio es conveniente reflexionar sobre la experiencia propia.
Piensen por ejemplo, en algún intento por introducir una nueva forma de trabajo en clase ¿Qué tal
resultó la experiencia? ¿Se logró el cambio? ¿Cuánto tiempo tardó? ¿Hubo aspectos mejores que otros?
Piensen después en su reacción ante un cambio propuesto (o impuesto) por otra persona. ¿Qué tal
resultó? ¿Cómo reaccionaron? ¿Cuáles fueron sus impresiones?
En nuestra reflexión sobre nuestros intentos por incorporar nuevas ideas o formas de trabajo en la
escuela, hemos identificado los siguientes conceptos:
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 El cambio es aprendizaje
 El cambio es un proceso, no un suceso
 El cambio toma tiempo
 El cambio puede provocar confusión
 El cambio puede ser doloroso.
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Examinemos estos aspectos detenidamente:
a. El cambio es aprendizaje
El cambio implica aprender nuevas formas de pensar y de actuar. Si se acepta esta premisa, se abre una
perspectiva promisoria. Significa que cuando tratamos de entender como afrontar un cambio, analizar lo
que ya sabemos sobre el aprendizaje puede aportarnos ideas provechosas.
Esto significa que las escuelas deberían ser sitios en que los profesores aprendan de la experiencia, de la
misma manera en que ellos esperan que sus alumnos aprendan de las tareas y actividades que llevan a
cabo. De hecho podemos afirmar incluso que aquellos profesores que consideran que están aprendiendo
en clase, tienen mayores posibilidades de facilitar el aprendizaje de sus alumnos. Así pues cuando se
desea mejorar algunos aspectos de la práctica docente o innovar, conviene tener presente que uno
también está aprendiendo.
Lograr crear en provecho propio, las mismas condiciones propicias para el aprendizaje que uno pretende
para sus alumnos, no sólo mejorará el propio desempeño docente, sino que producirá una gran
satisfacción personal.
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b. El cambio es un proceso, no un suceso
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Al referirnos a la introducción de cambios significativos que impliquen la adopción de nuevas maneras
de pensar y de formas diferentes de trabajar en clase, es importante observar que esto es más bien un
proceso y no un suceso. Las ideas básicas no cambian de un momento a otro, ni tampoco se aplican las
ideas nuevas en un abrir y cerrar de ojos. En realidad, los cambios se producen de modo secuencial.
Puede resultar útil, una vez más, pensar en algún cambio que hayan vivido. Podrán sin duda recordar
algún acontecimiento de ese tipo: tal vez una reunión de introducción para debatir nuevas medidas, o
bien la primera vez que intentaron utilizar nuevos materiales en clase. Sin embargo, antes de
comprender cabalmente el nuevo enfoque y dominar perfectamente su aplicación, habrán pasado por
un período de ensayo y error, de posibles confusiones, de dificultades y, de vez en cuando de júbilo.
Poco a poco, si el cambio ha resultado satisfactorio, habrán sentido una mayor confianza y aceptación
personal. Con el tiempo, la nueva práctica y sus principios acaban por formar parte de ustedes mismos,
vinculándose e integrándose con otros aspectos de su práctica y su manera de pensar.
c. El cambio toma tiempo
Aceptar que los cambios significativos en la enseñanza se producen como parte de un proceso nos lleva a
considerar otro aspecto: el cambio toma tiempo. Por consiguiente, para afrontar el cambio exitosamente
tenemos que ser concientes de la importancia del factor tiempo, principalmente en relación con:
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 La necesidad de disponer del tiempo necesario para asimilar nuevas ideas y practicar nuevas
habilidades.
 La necesidad de reconocer que la asimilación de nuevas formas de trabajo requerirá tiempo.
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En las escuelas se pide demasiado a menudo a los profesores que cambien de la noche a la mañana. Se
les anuncia de improviso, por ejemplo que “a partir del lunes se enseñará el nuevo programa de
matemáticas”. O bien que “en septiembre las clases se conformarán con alumnos de distintas edades”.
La presión ejercida por plazos demasiado breves o por desconocimiento de la innovación propuesta
puede producir tensiones, ansiedad y reacciones negativas al proyecto.
Los resultados de investigaciones de psicólogos sociales indican que en organizaciones tan complejas
como las escuelas, la plena adopción de una nueva forma de trabajo puede demorar entre tres a cinco
años, sin embargo es habitual que los plazos planteados sean más breves. Además se suele plantear más
de una iniciativa simultáneamente.
d. El cambio puede provocar confusión
Los escritos sobre la gestión escolar suelen dar la impresión de que el cambio es un asunto racional, una
serie de etapas preestablecidas que hay que seguir; hay que determinar lo que se quiere hacer, en que
forma y así sucesivamente. Todo ello resulta bastante atractivo y ciertamente algún tipo de esquema de
planificación puede ser muy útil.
Sin embargo, no se debe olvidar que ese largo proceso de aprendizaje llamado cambio, suele ser en la
práctica fuente de confusión. Cuando los individuos intentan relacionar nuevas ideas y formas de trabajo
con sus experiencias, preferencias y prejuicios personales, suelen transformarlas en algo más aceptable,
adaptando el propósito original, pudiendo convertirse en algo muy diferente al final del proceso.
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e. El cambio puede ser doloroso
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El último aspecto que queremos señalar en este análisis de la naturaleza del cambio en la escuela se
refiere a sus efectos en las personas. Por lo general, los seres humanos prefieren permanecer como
están. Cambiar exige correr riesgos, por lo tanto se prefiere evitarlo; es mucho más seguro seguir siendo
el mismo. Además adoptar algo nuevo significa a menudo desprenderse de otra cosa y esto puede ser
doloroso.
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2. OBSTÁCULOS AL CAMBIO
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¿Cuáles son entonces los obstáculos que pueden surgir cuando los profesores intentan aprender nuevas
ideas e introducir nuevas manera de trabajar? Nuestra experiencia nos ha enseñado que los cambios
pueden toparse con varios tipos de obstáculos:
a. La falta de comprensión
Para adoptar una nueva forma de trabajo es necesario comprender básicamente en que consiste, cual es
el propósito y por qué es y cómo es. Sin esa comprensión, es probable que el interés sea limitado y el
esfuerzo inexistente.
A algunos profesores les resulta difícil expresar sus dudas o admitir su falta de comprensión y, en
consecuencia el proyecto se pone en marcha sin que todos se hayan interiorizado de sus consecuencias.
Puede ser que quienes coordinen en una escuela los nuevos proyectos debido a su propio entusiasmo
empeoren este problema, imponiendo un ritmo que no es adecuado al de la mayoría de los docentes. Su
anhelo y dedicación puede volverlos insensibles a la capacidad de asimilación de sus colegas.
b. La falta de competencias necesarias
Desde luego, puede suceder que uno comprenda lo que tiene que cambiar pero considere que no posee
las competencias necesarias para hacerlo, esta suposición puede ser cierta, es muy posible que uno
carezca de las aptitudes necesarias.
Es posible además, que el ritmo de ejecución impuesto por los coordinadores, no de espacio para
adquirir las aptitudes necesarias y esto lleve a crear un clima de tensión y dificultades. Esta dificultad se
ha visto con mayor frecuencia en aquellas escuelas donde no es habitual que los profesores trabajen
concertadamente en la introducción de nuevas estrategias pedagógicas. Si bien nuestro objetivo es
fomentar que los profesores aprendan partiendo de la propia experiencia, también sabemos cuanto se
aprende observando como enseñan los demás y realizando un trabajo colaborativo con otros colegas y,
de esta forma, suplir falta de algunos conocimientos.
c. Las actitudes prevalecientes
También es necesario reconocer que a veces los principales obstáculos para la superación, son los
creados en nuestra propia mente. Algunas veces distribuimos a los participantes en un curso un dibujo
de un muro en que las piedras representan los obstáculos que les impiden alcanzar las metas
profesionales y les pedimos que rellenen las casillas. Muchas personas presentan largas listas de razones
ajenas a ellas mismas y que en particular, se refieren a las actitudes y conductas de sus colegas. Cuando
los instamos a pensar en los obstáculos que ellas mismas crean con sus propias actitudes y conductas,
muy a menudo reconocen que de ellos depende la supresión de algunas de las piedras del muro.
Un error común que suele cometerse es personalizar las dificultades, atribuyéndole a una persona o a un
grupo las resistencias que impiden un cambio. Designar a alguien como “el problema”, hace aún más
difícil conseguir su apoyo y participación, ya que caemos en manifestar involuntariamente hacia ella,
actitudes negativas, en el lenguaje o en el modo de expresión, reforzando su oposición a lo propuesto.
Aquellos colegas que oponen resistencia a los proyectos están desempeñando una función profesional
válida cuestionando y criticando su pertinencia. Es indudable que en educación han prevalecido algunas
ideas de moda y, por lo tanto, es lógico que los profesores le opongan alguna resistencia. Desde este
punto de vista se puede considerar que el colega que expresa sus reservas está ayudando a los demás a
comprender y evaluar el proyecto propuesto.
d. La insuficiencia de recursos
Desde un punto de vista más práctico, las tentativas de innovación pueden frustrarse fácilmente si no se
dispone de los recursos necesarios. Este problema puede plantearse de distintas formas.
Puede suceder, por ejemplo, que se limite la introducción de un nuevo proyecto pedagógico por no
disponer en número suficiente de los materiales necesarios y se necesite enviar a los alumnos por toda la
escuela a conseguir un ejemplar de uso común. Esto acabará por desmotivar a docentes y alumnos.
Los recursos humanos también pueden escasear. Los cambios requieren dedicar tiempo al análisis e
intercambio de opiniones, si los docentes están muy recargados en su horario, este aspecto llega a ser un
elemento disuasivo.
e. Una organización inadecuada
El problema de la organización está directamente relacionado con el uso de los recursos. En ocasiones
cuando un proyecto experimenta dificultades, estas se deben a que la organización general del
establecimiento o las modalidades de organización de algunas clases impiden la adopción de nuevas
formas de trabajo.
La lista de estos posibles cinco obstáculos al cambio puede resultar deprimente, y nos preguntamos si el
cambio es posible. Sin embargo si es posible, ya que cada uno de estos obstáculos son posibles de
salvarse, partiendo por reconocer su existencia

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