Aprendizaje Memoria e inteligencias Múltiples (apunte)

Las memorias se almacenan en redes de neuronas que se hayan interconectadas a lo largo y ancho de su amplia distribución en el cerebro. Se estima un número aproximado de cien mil millones de neuronas, que con una media de mil conexiones por cada neurona, alcanzaría la cifra de cien billones de conexiones.
Puesto que la conectividad neuronal puede formar un número tal de asociaciones potenciales, las redes neurales son también elevadísimas. Las redes de memorias perceptivas-declarativas-explícitas son distintas de las memorias motoras-procedimentales-implícitas y se organizan jerárquicamente a partir de las cortezas sensoriales y motoras primarias, fundamentos de la memoria filética. La dicotomía entre memorias declarativas y no declarativas ha sido especialmente estudiada por L. Squire, D. Schacter, D. Tulving y E. Kandel.

La memoria explícita o declarativa es la que tradicionalmente se denominaba memoria consciente y comprende los recuerdos conscientes acerca de personas, lugares, objetos, hechos y acontecimientos. La memoria implícita o procedimental, es la que antes se llamaba memoria inconsciente que comprende desde la sensibilización hasta las destrezas cognitivas. La memoria no declarativa o procedimental (a su vez son múltiples memorias) es considerada como un conjunto heterogéneo de capacidades cognitivas, aprendizajes y memorias, que se expresan a través de la acción y que no presentan acceso consciente.
Las memorias procedimentales incluyen aprendizaje de estrategias cognitivas, aprendizaje de habilidades motoras, aprendizaje de hábitos, aprendizaje emocional, condicionamiento clásico y operante, aprendizajes preasociativos, habituación y sensibilización (Schacter y Tulving, 1994; Schacter, 1999; Squire y Kandel, 1999; Tulving y Craik, 2000; Kandel, 2006).
La memoria implícita no es un único sistema sino un conjunto de procesos en los que intervienen sistemas cerebrales diferentes. Por ejemplo, en la asociación de sentimientos de temor o felicidad con determinados sucesos interviene una estructura que es la amígdala. La formación de nuevos hábitos motores o estrategias cognitivas implica la estructura denominada cuerpo estriado. La coordinación de habilidades motoras depende del cerebelo. En los animales más simples, incluidos los invertebrados, la memoria implícita de habituación o sensibilización y de condicionamiento clásico se almacena en las propias vías nerviosas reflejas. Sabemos que las memorias implícitas relativas a destrezas, hábitos y condicionamientos se almacenan en el cerebelo, ganglios basales, cuerpo estriado, amígdala (Ruiz-Vargas, 2002).
La memoria implícita tiene carácter automático y se recuerda directamente al desarrollar la acción, sin atención consciente. Aunque las experiencias y aprendizajes modifican las capacidades perceptivas y motoras, son virtualmente inaccesibles al recuerdo consciente. Por ejemplo, una vez que hemos aprendido a andar en bicicleta, lo hacemos sin pensarlo, más aún si procuramos estar atentos a los complicadísimos movimientos que realizamos probablemente nos vayamos al suelo. Cuando aprendemos a conducir ponemos toda nuestra atención y recursos conscientes, pero cuando sabemos ya y somos conductores expertos conducimos en piloto automático y vamos pensando en nuestras cosas, solamente cuando ocurre algo inesperado o especialmente llamativo volvemos a estados conscientes de lo que estamos haciendo. Cuando hablamos no tenemos que pensar en qué lugar de la oración va el sustantivo, el verbo: lo hacemos de manera inconsciente, si tuviéramos que prestar atención sería imposible pensar en lo que queremos decir. Pero hay aprendizajes que exigen la concurrencia de la memoria implícita y explicita y por medio de la repetición podemos transformar la memoria explicita e implícita y dejar así los sistemas neurales libres para seguir aprendiendo.
Cuando aprendí a andar en bicicleta, a manejar el ordenador con el que estoy escribiendo ponía toda la atención, pero al cabo del tiempo y de la práctica la tarea se convierte en automática e inconsciente, por eso puedo andar en bicicleta mientras escucho música o escribir sobre lo que estoy pensando.
Las memorias declarativas se caracterizan como capacidad para adquirir, retener y recuperar, consciente e intencionadamente acontecimientos y hechos, incluyen la memoria episódica y semántica. La memoria semántica es el sistema de adquisición, retención y utilización de conocimientos sobre el mundo natural y social. Gracias a este sistema podemos representar objetos, personas, estados, relaciones sin que estén presentes físicamente. La representaciones semánticas constituyen el conocimiento general de los individuos. Pero a diferencia de la memoria episódica, la memoria semántica no representa información relativa al contexto espacio-temporal en el que se ha dado tal adquisición. La organización neuronal de la memoria semántica en el cerebro es muy compleja lo que dificulta su análisis. A corto plazo la memoria explícita relativa a personas, objetos, hechos, lugares y acontecimientos se almacena en la corteza prefrontal.
Estos recuerdos se convierten en recuerdos a largo plazo en el hipocampo, para almacenarse después en las distintas zonas correspondientes a los sentidos involucrados originalmente.
La memoria episódica es la memoria de los sucesos vividos personalmente. Es la que nos permite tener consciencia de quienes somos y recuperar conscientemente lo acontecido en nuestra vida, los sucesos y acontecimientos que nos ocurrieron en un momento y lugar específico. Gracias a la memoria episódica o autobiográfica podemos viajar mentalmente hacia atrás en el tiempo vivido y anticipar también mentalmente nuestro futuro con sus proyectos personales. La investigación reciente está mostrando la estrecha vinculación entre la ontogénesis de la memoria autobiográfica y el desarrollo de la Teoría de la Mente. La conquista de la memoria personal posibilita la continuidad, coherencia y cohesión de las experiencias vividas, refiriéndolas al mundo personal, la mente propia y la conciencia de sí mismo. Los sistemas de memoria episódica y semántica también están estrechamente relacionados. Probablemente la episódica es una conquista evolutiva, filogenética y ontogenéticamente, posterior a la semántica. La reciente investigación con tecnologías de neuroimagen están proporcionando sorprendente información sobre las áreas neurales implicadas específicamente en la memoria episódica, entre otras, el cortex prefrontal izquierdo y derecho, lóbulo temporal medio y diencéfalo.
La capacidad de operar con las memorias para resolver problemas es lo que caracteriza a la inteligencia. En correspondencia con la pluralidad de memorias también tenemos múltiples inteligencias. H. Gardner (1991, 1993, 1999) considera la mente humana como un conjunto de capacidades necesarias para resolver problemas o elaborar productos valiosos en un contexto cultural o en una comunidad determinada. Las capacidades comprenden un amplio espectro, desde la lógica a los deportes, pasando por la música, la danza, etc. Los productos también pueden ser muy diversos, como las teorías científicas, las obras artísticas, los diseños tecnológicos. La teoría se estructura a partir de los orígenes biológicos de cada capacidad para resolver problemas. Sólo se tienen en cuenta las capacidades que son universales a la especie humana.
La teoría de las Inteligencias Múltiples es una teoría modular de la mente fundamentada en la Neuropsicología. La teoría se basa en evidencias procedentes de fuentes distintas: conocimiento del desarrollo normal y de personas superdotadas; información acerca del deterioro de las capacidades cognitivas como consecuencia de lesión cerebral; estudios de poblaciones excepcionales, incluyendo niños prodigio; idiots savants y niños autistas; datos sobre la evolución de la cognición desde una perspectiva filogenética; estimación de la cognición a través de las culturas; estudios psicométricos y análisis de correlaciones; estudios de aprendizajes, transferencias y generalización entre tareas. Las actividades inteligentes que satisfacen todos, o la mayoría de los criterios, se consideran inteligencias.
Una inteligencia también debe ser susceptible de codificarse en un sistema simbólico: un sistema de significado, producto de la cultura, que codifica, almacena y organiza tipos importantes de información. El lenguaje, la música, la pintura, las matemáticas, son sistemas de símbolos, prácticamente mundiales, que se han mostrado necesarios para la supervivencia y desarrollo de la humanidad. La relación entre una inteligencia y un sistema simbólico humano no es casual. De hecho, la existencia de una capacidad computacional nuclear anticipa la existencia de un sistema simbólico que aproveche esta capacidad.
Aunque es posible que una inteligencia funcione sin un sistema simbólico, su tendencia a una formalización de este tipo constituye una de sus características principales.
Las distintas capacidades tienen también un ciclo evolutivo diferente. Así las matemáticas y la música se caracterizan por la temprana aparición de niños dotados; en cambio la inteligencia personal requiere edades más maduras. Además el talento en un tipo de inteligencia no implica dotación en las demás.
Aunque es habitual vincular creatividad y arte, se puede ser creativo en cualquiera de los campos de acción y contextos de la vida. Una persona puede ser creativa en unos campos y normal o hasta limitada en otras áreas. Más aún, la multidimensionalidad y modularidad de la mente hace prácticamente imposible la superdotación en todos los campos.
Las competencias básicas o lo que podríamos denominar “inteligencia en potencia” se van modelando, conformando y desarrollando en el proceso de socialización durante la primera infancia. Los niños van adquiriendo los conocimientos y destrezas en las diversas inteligencias, asimilando los sistemas simbólicos disponibles en la cultura. Así se adquiere el lenguaje en la comunicación con los otros, la música con ritmos y canciones, la capacidad espacial mediante dibujos, la inteligencia cinético-corporal a través de la expresión, danza, juego, etc. En la etapa de escolarización formal, el alumno avanza en la asimilación de los sistemas simbólicos valiéndose de sistemas notacionales. Las matemáticas, la lectura y escritura, la notación musical, los sistemas simbólicos más elaborados presentes en el currículo educativo que el estudiante ha de asimilar. Durante la adolescencia y la edad adulta las inteligencias se expresan en las vocaciones, intereses y profesiones. Mediante la educación, la aculturación, alcanzamos modelos de realidad, distintas epistemes de mundos: científicos, tecnológicos, artísticos, religiosos, etc.
Las personas, según sean las exigencias y disponibilidades del medio sociocultural, y a partir de su dotación genética, desarrollan unas capacidades u otras, se plantean determinados problemas, consiguen unos resultados. Gardner diferencia ocho inteligencias: La inteligencia lingüística, lógico-matemática, naturalista, espacial, musical, cinético-corporal, intrapersonal e interpersonal. Si bien las inteligencias son relativamente independientes, prácticamente cualquier rol y contexto sociocultural requiere varias inteligencias para responder eficazmente a sus demandas. Incluso admitiendo un número relativamente limitado de inteligencias, se puede generar una extraordinaria diversidad de perfiles humanos. Una persona puede no ser particularmente dotada en ninguna inteligencia y, sin embargo, la especial y única combinación de sus capacidades le permite una identidad irrepetible.

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