Antecedentes Históricos del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (tdah).

El TDAH, es un trastorno en que intervienen diversos factores tanto ambientales y genéticos, se manifiesta en la infancia y en algunos casos este se diagnostica de manera precoz, se ha descrito desde el siglo XVII y ha quedado reflejado en documentos y escritos literarios.
Lo que hoy en día conocemos como TDAH tuvo sus inicios ya casi al finalizar el siglo XVII a manos del escoses Sir Alexander Crichton (1763-1856) junto al Francés Phillippe Pinel (1745-1826) “Considerados como los padres de la “psicopatología moderna”, quienes en sus primeros registros escritos (“Una investigación sobre la naturaleza y el origen de una enajenación mental”)

describieron algunas de las características de lo que hoy en día se conoce como TDAH.
El escritor norteamericano Mark Twain (1835-1910) describió a través de su narrativa, las características de un niño con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). En 1876 escribió Las aventuras de Tom Sawyer en donde leemos las quejas de la tía Poli acerca de su sobrino Tom:

“¡Diablo de chico! ¡Cuándo acabaré de aprender sus mañas! ¡Cuántas jugarretas como ésta no me habrá hecho, y aun le hago caso! Tiene el diablo en el cuerpo, pero ¡qué le voy a hacer!… Aborrece el trabajo más que ninguna otra cosa”.

Años más tarde el médico psiquiatra Heinrich Hoffmann, escritor e ilustrador de cuentos, publicó un libro de poemas infantiles en el que describía dos casos de TDAH obra titulada “Der Struwwelpeter” (Pedro el Melenas), un conjunto de 10 cuentos sobre diversos problemas psiquiátricos de la infancia y la adolescencia. Destaca la historia que habla de las dificultades de atención e hiperactividad de “Felipe Nervioso”, cuyos personajes parecen ser el Sr. y la Sra. Hoffman y el hijo de ambos.
El pediatra Británico George Still describió a un grupo de 20 niños que hoy se diagnosticarían como TDAH, este artículo fue publicado en la revista “The Lanset” (1902), en el cual describía a niños que no dejaban de moverse constantemente y lo tocaban todo, este consideró que estos manifestaban una gran falta de atención y parecían carecer de control sobre su conducta, denominó esta conducta como un efecto de control moral, suponiendo que esta especie de desviación social era una enfermedad neurológica y que no se debía a una mala crianza o una bajeza moral, determinando que dicha conducta era producto de una herencia biológica o una lesión en el momento del nacimiento.
Hasta los años 50 el TDAH era considerado como el resultado de un daño cerebral, después de observar que los niños que sobrevivieron a la epidemia de encefalitis letárgica de los años 1917 y 1918 o que sufrían una lesión cerebral, presentaban un cuadro clínico de alteraciones conductuales y cognitivas similar al descrito por Still años atrás (problemas de memoria, atencionales, impulsividad y dificultad para regular el comportamiento), sintomatología que pasó a denominarse “Daño cerebral”. Sin embargo, las investigaciones indicaban que estos síntomas también se manifestaban en niños que no tenían una clara evidencia de haber sufrido algún daño en el cerebro, por lo que se pensó que el trastorno estaba causado por un daño cerebral muy leve y apenas perceptible o, más bien, una disfunción en general, por lo que el TDAH pasó a denominarse Daño Cerebral Mínimo para después obtener su denominación Disfunción Cerebral Mínima (DCM).
La hiperactividad tuvo su apogeo entre la década del 50´y 70´ esta se convirtió en el síntoma primario, en deterioro del déficit de atención y cambió su nombre por el de “Síndrome Hipercinético”.
Fue por mano de Stella Chess que se separó el síntoma de la hiperactividad de la noción de la lesión cerebral y fue esta en conjunto con otros investigadores quienes defendieron “El Síndrome del Niño Hiperactivo”.
Es en 1968, que siguiendo esta tendencia, el TDAH aparece por primera vez en el DSM II o Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (segunda edición), con el nombre de “Reacción Hiperkinética de la infancia”. Los DSM, publicados por la Asociación Americana de Psiquiatría, contienen una clasificación de los trastornos mentales y sus criterios diagnósticos.
Sin duda el nombre de la investigadora Virginia Douglas es uno de los más importantes en la historia del síndrome Trastorno por Déficit de atención con o sin Hiperactividad (TDAH), ya que a sus trabajos hizo hincapié en el aspecto atencional e impulsividad, modificando en 1970 la revisión del DSM III (Tercera edición del Manual diagnóstico y estadístico de los desórdenes mentales, 1980).
En 1987 se dio un paso atrás al modificar el término por el de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, ignorando el concepto de TDA sin hiperactividad, los estudios e investigaciones consideraron que la impulsividad y la hiperactividad estaban relacionadas equiparando en importancia a la atención.
La Organización Mundial de la Salud Pública, publicó la Clasificación internacional de enfermedades (CIE-10) dándole una clasificación en el F9: trastorno del comportamiento y de las emociones de comienzo habitual en la infancia y adolescencia.
En la actualidad el trastorno se denomina TDAH (DSM IV-TR), en donde se consideran los tres subtipos (predominantemente inatento, predominantemente hiperactivo-impulsivo y combinado), donde se incluyen los trastornos de inicio de infancia y adolescencia, en el grupo de Trastornos por Déficit de Atención y Comportamiento Perturbador, en conjunto con el trastorno disocial y el trastorno de negatividad desafiante.
El catedrático Neurólogo y Psiquiatra Barkley, evidencia que el TDAH va más allá de las características de inatención hiperactividad e impulsividad, thomas Brown, comparte con Barkley, que para realizar cualquier proceso, es necesario poner en marcha una serie de funciones que se denominan “Funciones Ejecutivas”.
En la actualidad los enfoques defienden que el TDAH es un constructo diagnostico que refiere al funcionamiento y desarrollo inadecuado de estas funciones, las personas que presentan TDAH tiene una incapacidad de activar y sostener funciones responsables de la autorregulación de la conducta.

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