Adaptación de la Escuela para atender los requerimientos de un Niño Ciego (sugerencias)

Como punto de partida, hay que destacar la importante misión de los padres para favorecer la incorporación del deficiente visual a la escuela, partiendo desde el mismo ambiente familiar y de su colaboración con los profesores. Cuando este niño llega al establecimiento escolar se encuentra con muchos compañeros que no conoce, en un lugar con el que no está familiarizado y con un mundo de sensaciones extrañas a las que aún no se ha habituado. Por otra parte, percibirá que ha dejado de ser el centro de atención para pasar a ser uno más, sin la protección y las precauciones que los padres suelen dispensarle, las cuales casi siempre son excesivas. En sus primeros días en la escuela se va a sentir inseguro, a veces perdido, confuso y solitario, sumergido en un conjunto dinámico rico en experiencias que, de momento, no le atraen.

Evidentemente, esta situación variará en función de la gravedad de la deficiencia visual y de la edad de su inicio.
Por ejemplo

En el caso concreto de la ceguera que se presenta después del nacimiento, se podrán afrontar las dificultades, que la escuela y la educación plantean, con un bagaje de representaciones de la realidad enormemente orientadoras y facilitadoras. Es importante señalar que mientras más tarde se pierda la visión más serán las representaciones que la persona haya acumulado, por lo que se le hará más fácil adaptarse a los requerimientos que su disminución visual le plantee.
La llegada del niño deficiente visual a la escuela y la adaptación de ésta para recibirlo debe ser planificada a conciencia, de manera que, al menos, respete las siguientes pautas:

 Antes de iniciar la escolaridad es preciso informar al niño respecto a lo que implica asistir al colegio, lo que allí va a hacer y cuál será su e ntorno: conocer su espacio físico, particularmente su sala de clases, sus profesores y las personas que vayan a convivir con él.

 Ya iniciada la escolaridad, habrá que esperar un tiempo y tener paciencia, apoyando al niño en todo momento, para que se vaya adaptando a su nueva situación, permitiendo, si son muy pequeños, que su madre los acompañe y los apoye.

 La colaboración de la familia con la escuela tiene que ser constante y decidida.

 La naturalidad en el trato, especialmente en el lenguaje (expresiones como: mira, como ves, etc.), debe ser una norma que siempre se debe cumplir, así como también se le debe considerar en todo momento un niño más entre sus pares. Para ello, se sugiere realizar:

 Hay que enseñar al estudiante cuáles son sus primeras referencias espaciales en su entorno próximo: su sala, su mesa, la pizarra, etc.

 La formación de hábitos de orden y autonomía personal debe ser un objetivo irrenunciable en la educación de este alumno.

 Se debe propiciar la máxima participación de todos los canales perceptivos y la expresión de la creatividad en todas las actividades que este alumno emprenda.

 Las exposiciones por parte del profesor deben ser claras y se deben entregar todos los ejemplos que se considere necesario. Sólo hay que prestarle la ayuda cuando el caso indique que es necesario.

 Son imprescindibles la adecuada comunicación y las buenas relaciones sociales. Hay que dirigirse a él y tratarle como a cualquier otro niño de la clase.

 Debe participar activamente en todas las actividades que los demás compañeros realicen.

 Se debe Impulsar al niño a que adopte papeles y ocupe lugares de líder, tanto como sus demás compañeros.

 El niño ciego con deficiencia visual se debe regular por las mismas disposiciones disciplinarias que rigen a sus compañeros.

 Conviene estimularlo a que se mueva por la sala de clases y el colegio para obtener sus materiales y la información que considere necesaria.

 Facilitarle la información visual oportuna de manera oral cuando sea preciso, lo que quiere decir que se le debe contar cuales son los gestos, muecas, actitudes, hechos, sucesos, que están ocurriendo a su alrededor.

 Permitirle el uso de material adaptado en clase.

 Es preciso acostumbrarse a llamarle por su nombre, así como nombrar todo lo que le rodea.

 Recordar en todo momento que no hay actividad en la que él no pueda participar, con la ayuda conveniente.

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